Montse Carneiro

La coladera de los dos mil metros

Las normas urbanísticas apenas restringen la construcción de viviendas en el medio rural, salvo un par de exigencias sobre superficie y uso Bergondo, O Rosal y Valdoviño no tienen planeamiento urbanístico y son los municipios españoles en los que más viviendas aisladas se construyen. Podría deducirse que la falta de planes de ordenación conduce a esa mala costumbre de dispersar las casas, que tanto ha entorpecido el desarrollo de Galicia a costa de satisfacer el individualismo de sus habitantes. Pero no es así. En el ránking español de la dispersión, Tomiño y Meaño también ocupan puestos de cabeza y sí tienen planeamiento. Y es que dicen los técnicos que el problema son los 2.000 metros cuadrados que bastan para levantar una vivienda en la cima de un monte. Con PGOU o sin él.

El caos urbanístico devora el paisaje rural

La construcción está dominada por las infraestructuras desproporcionadas y las viviendas sin acabar o «remendadas» A la vista está. Quien quiera que mire. Son las estampas del feísmo rural. Feísmo de fealdad y de pérdida de oportunidades para hacerlo mejor. Dicen los expertos que su origen está en factores sociales y económicos, pero sus consecuencias, sus manifestaciones, imponen la tesis de que lo que aquí ocurre es un trastorno cultural grave. Individualismo, caciquismo y especulación endémica. Galicia se depreda a sí misma. El resultado es un territorio salvaje sin normas, sin propósitos colectivos, pautas estéticas, generosidad ni sentidiño. Lo dijo Manuel Gallego: «Esto sólo pone al desnudo la psicología del individuo». Es el espejo del país. Mírense.

La agonía del paisaje gallego

La fealdad y el despropósito se han adueñado del paisaje gallego. Actuaciones individuales y públicas lo han convertido en una especie de «far west» en el que todo está permitido bajo la excusa del crecimiento económico.

Los apuros de una gallega solidaria

Una voluntaria lucense de Médicos sin Fronteras llega a Kenia tras sufrir un ataque de la milicia en Somalia Somalia es aquel país al que llegó Audrey Hepburn flaquita como un junco para que los niños que abrazaba no extrañasen a sus madres. Somalia es el país de las trece lenguas, la sequía y el Islam. El reino de los jefes de la guerra, la tierra de Siad Barré, la nación donde se estrelló la ONU en una misión de paz que acabó a los dos años con 157 cascos azules muertos y pruebas impepinables de torturas a prisioneros por soldados italianos.

Agotada la tortilla de patatas

Una jornada parlamentaria de escaso público y brillantez llevó en masa a políticos y público a la cafetería La tortilla, la mítica tortilla del Parlamento gallego, estaba agotada. Catorce hicieron y catorce se comieron. «E iso que son das grandes, no vaia pensar, que dan para dez pinchos». «Bueno, pois xamón». Eran las seis y media de la tarde y, afuera, el estado de la autonomía era lluvioso persistente.

Galicia proclama su «alba de groria»

DÍA DE GALICIA Santiago celebra con numerosos actos la festividad del Apóstol «Non, é moito mellor evocar algo irreal, algo puramente imaxinario, algo que co seu simbolismo nos deixe ver o pasado para proveito de futuro (...). Podemos imaxinar, por exemplo, unha Santa Compaña de inmortaes galegos en interminabel procesión. Alí veremos as nobres dinidades e os fortes caraiteres que dou Galiza no decorrer da súa Hestoria. Verémolos camiñar en silenzo...». Era el 25 de julio de 1948, en Buenos Aires. Castelao superaba el dolor del exilio con un tributo grandioso a la memoria espiritual de la patria. Un cortejo presidido por Prisciliano y cerrado por infinitos «vagalumes» celebraba el Día de Galicia. Desfilaban Xelmírez, Meendiño, Rui Xordo, Sarmiento, Rosalía, Pondal... Hoy, medio siglo más tarde, la procesión pasa de nuevo con el mismo sentimiento que «agora bule no noso corazón», con Castelao. Es el «alba da groria».