Artículos deJulio Á. Fariñas

Que Venezuela no tenía un régimen democrático, strictu sensu, es una realidad constatable por cualquier analista que haya seguido los avatares de este gran país en las dos últimas décadas. No reunía las premisas para ser etiquetado como una dictadura a la vieja usanza, pero desde el pasado viernes ya es un caso de libro.

Maduro no parece darse por aludido del rechazo interno y externo a su pantomima de Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que acaba de echar a andar y sigue sacando conejos de la chistera para distraer al personal. El último, la convocatoria de elecciones a gobernadores en los 23 estados federales -la versión venezolana de las autonómicas españolas- para el próximo octubre

Después de cuatro agitados meses de presión popular en las calle con un saldo de más de un centenar de víctimas mortales, varios detenidos y miles de heridos, la cruda realidad se impone. Los más realistas ya vislumbran en el horizonte una reedición del régimen cubano adaptada a los nuevos tiempos

Mientras la inmensa mayoría del pueblo venezolano se juega la vida en la calle desde hace más de 100 días, los chavistas más avispados y que más tienen que perder se apresuran a abandonar el barco

Ante el masivo respaldo de los venezolanos a la convocatoria de la oposición para tratar de abortar por la vía pacífica la deriva totalitaria de Maduro y su cohorte de cleptócratas, son muchos los que se preguntan: ¿y ahora, qué?


Leopoldo López, el preso político más emblemático de Venezuela, ha sido trasladado en la madrugada del pasado sábado desde el penal militar de Ramo Verde a su domicilio familiar en el barrio caraqueño de los Palos Grandes. De momento sigue privado de libertad, pero ya hay indicios suficientes para pensar que este puede ser el principio del fin de la pesadilla de casi 30 millones de venezolanos.

Cuba y Venezuela viven momentos decisivos para su futuro.  Los  gobiernos de ambos países se ven afectados muy de cerca por los efectos de la llegada del huracán Trump a la Casa Blanca pero no se los mide por el mismo rasero.

Setenta días de protestas cada vez más concurridas, a pesar de la brutal represión de que son objeto y que ya se ha cobrado cerca de un centenar de vidas humanas, más un millar de detenidos y más de medio país militarizado esbozan un alarmante horizonte en el que cada día se ve más lejana una salida pacífica.