Las otras elecciones americanas del 2020

Ciudadanos de siete países tienen citas pendientes con las urnas antes de fin de año

Luis Arce, candidato del partido de Evo Morales, hizo campaña el domingo en El Alto
Luis Arce, candidato del partido de Evo Morales, hizo campaña el domingo en El Alto

Los estadounidenses que sobrevivan a la pandemia que, en mayor o menor medida, azota a toda la humanidad, pero muy especialmente a América -que concentra la mitad de las muertes mundiales por el virus-, no son los únicos que tienen una cita con las urnas en lo que queda de año. El calendario electoral se hace extensivo a otros cinco países del continente: de Brasil a Belice, pasando por Bolivia, Chile, Puerto Rico y Venezuela.

Los primeros en acudir a las urnas serán los bolivianos. El próximo domingo y tras dos aplazamientos -el 3 de mayo y el 7 de septiembre- algo más de siete millones inscritos en el censo electoral de una población estimada en 11.633.371 habitantes tendrán la oportunidad de elegir al sucesor de Evo Morales, que se vio obligado a renunciar en octubre del 2019 ante las denuncias de fraude en su intento por revalidar un cuarto mandato consecutivo. También saldrán de las urnas los nombres del vicepresidente, 36 senadores y 130 diputados.

El partido de Evo, el Movimiento al Socialismo (MAS), es el favorito en todas las encuestas pero el exdirigente cocalero no es el candidato porque la fiscalía mantiene la orden de detención contra él por los presuntos delitos de terrorismo y financiación del terrorismo, después de que le retirara el cargo de sedición. Tampoco se presenta a las elecciones la senadora Jeanine Áñez Chávez, presidenta interina de Bolivia, que aunque en enero se había postulado como candidata, al final ha optado por la retirada al constatar que las encuestas la relegaban a un cuarto puesto entre las preferencias de los electores.

Los siguientes en ser convocados a los urnas son los chilenos. Tras varios aplazamientos por la pandemia, el próximo día 25 algo más de 15,5 millones de chilenos han de avalar o rechazar la propuesta de iniciar un proceso constituyente para redactar una nueva Constitución, que será la primera escrita en la historia del país y sustituirá a la heredada de la dictadura de Augusto Pinochet. Así, se hará realidad el acuerdo alcanzado hace un año por todos los partidos que puso fin a las violentas y masivas protestas registradas en todo Chile durante varias semanas, que se saldaron con 30 muertos y miles de heridos. De ganar el sí, los chilenos volverá a ser llamados a las urnas el 11 de abril para elegir a los encargados de redactar la nueva Constitución que habrá de estar lista en el plazo de un año. 

Un martes para la historia

Ninguno de esos procesos electorales concentra tanta atención a nivel mundial como las elecciones presidenciales estadounidenses previstas para el primer martes de noviembre. Aunque a la opinión pública se le vende como paradigma de la democracia, son muchos los que consideran que no es precisamente así. El sistema tiene peculiaridades tales como que el juego siempre es cosa de dos y lo más sorprendente: puede ganar, como de hecho ocurrió hace cuatro años, el aspirante menos votado de los dos.

Por otra parte, la representatividad del ganador no deja de ser relativa, ya que de los 330 millones de habitantes del país solo tienen derecho al voto 245 millones y hace cuatro años solo hicieron uso del mismo el 60 % de los inscritos.

Pero lo más preocupante de las presidenciales de EE.UU. es que, en la práctica afectan o pueden afectar a media humanidad, sin haber tenido voz y voto en las mismas.

Si el 3 de noviembre resulta reelegido el actual presidente, Donald Trump, son muchos los que piensan que puede resultar más nocivo para la humanidad que el propio coronavirus porque nunca habrá una vacuna para librarse de él

Ese mismo día también se celebran elecciones en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, que sigue aspirando a convertirse en el estado 51 de la Unión pero el Congreso de EE.UU. no acaba de darle luz verde. 

La incógnita venezolana

El año electoral, en teoría al menos, lo cerrará Venezuela. Nicolás Maduro y su Gobierno siguen empeñados en celebrar elecciones parlamentarias el día 6 de diciembre sin las mínimas garantías de que sus resultados sean reconocidos por la comunidad internacional. No acaba de estar claro si el interés responde al empeño de sacarse la espina de los resultados de hace cuatro años, que le dieron una mayoría abrumadora a una oposición que se presentó unida, o solo busca lavarse la cara ante la comunidad internacional, que cada día lo mantiene más aislado, como lo evidencia el reciente desmarque del presidente de Argentina, Alberto Fernández.

El intento de acercamiento a la Unión Europea, con una invitación formal a permitir la entrada a una misión para supervisar las elecciones, a la que todo apunta no fue ajeno su fiel escudero Rodríguez Zapatero, tropezó con un Josep Borrell que no comulga con ruedas de molino. Por si alguien tenía dudas, el talante de los actuales mandatarios venezolanos queda claro en el demoledor informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Con este panorama solo resta conocer quien será el próximo inquilino de la Casa Blanca y cómo evoluciona la salud de Raúl Castro, principal sostén del chavismo, para vislumbrar qué puede pasar en una Venezuela que se muere de hambre y que está paralizada por la falta de gasolina.

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