Díaz-Canel asume el encargo de reformar Cuba desde la continuidad

La vieja guardia que participó en la revolución también se jubila con Raúl Castro

Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba y secretario general de PCC
Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba y secretario general de PCC

No ha habido sorpresas. Raúl Castro cumplió el pasado fin de semana el compromiso, ya anunciado en el VII congreso (2016), de dejar sus responsabilidades como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), heredadas de su hermano Fidel. Con él se han ido los últimos representantes de la vieja guardia de sierra Maestra: José Ramón Machado, que hasta el pasado viernes ocupaba el puesto de segundo secretario del PCC, y los comandantes Ramiro Valdés y Guillermo García, todos ellos nonagenarios. El nuevo mandamás tendrá así las manos libres para salvar a la isla del naufragio sin traicionar los compromisos adquiridos con sus promotores. 

Buró Político

Al nuevo buró político, elegido formalmente por un centenar de miembros del comité central del PCC entre los 300 delegados del congreso y formado por 14 miembros, se incorporan el primer ministro, Manuel Marrero, hombre de confianza de Díaz-Canel, y Luis Alberto López Rodríguez Callejas, exyerno de Raúl Castro y principal responsable de GAESA, la corporación militar que concentra prácticamente todos los negocios controlados por el Estado, que van desde el sector hotelero a las importaciones, pasando por los puertos y el comercio minorista de divisas.

También formarán parte del buró político, el núcleo duro del partido único, Salvador Valdés Mesa, uno de los vicepresidentes; Bruno Rodríguez, ministro de Asuntos Exteriores; Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional y del Consejo de Estado; Álvaro López Mira, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; Lázaro Álvarez Casas, ministro del Interior, Roberto Morales Ojeda, dirigente del partido, y tres mujeres: Teresa Amerelle, Marta Ayala y Gladys Martínez. 

Ineficiencia

La tarea ardua encomendada por el abuelo Raúl a Díaz-Canel, al que viene preparando desde hace años como sucesor, es la de sacar a la isla de la crisis económica crónica que arrastra desde que se acabó la Unión Soviética. Ya hubo antes conatos de reformas sin que se hayan registrado avances significativos frente a la ineficiencia y los males estructurales que arrastra el sistema.

Esta crisis crónica en los últimos años se reactivó con la debacle venezolana, que obligó a Nicolás Maduro a cerrar el grifo del petróleo subsidiado con el que cubrían las necesidades internas y obtenían divisas en la reventa.

Las sanciones impuestas por la Administración de Trump y la pandemia, que impiden la llegada de turistas, sumadas a los efectos de la reforma monetaria, que hasta la fecha solo se ha traducido en pérdida de poder adquisitivo para los ciudadanos y en desabastecimiento, han supuesto una caída del 11 % del PIB del pasado año, algo sin precedentes.

El problema no es coyuntural. En el año 1958 Cuba producía el 72 % de lo que consumía e importaba el 28 % restante. 62 años después importa el 80 %, lo que con la actual insolvencia financiera provoca el desabastecimiento generalizado

Reformas o ruptura

¿Serán capaces Díaz-Canel y su equipo de compaginar las reformas urgentes que necesita el país con el compromiso de dar continuidad al proyecto socialista encarnado en los hermanos Castro y la vieja guardia que se acaba de jubilar?

Para la oposición, «de esta nueva generación de burócratas» no cabe esperar un cambio político en el país. Analistas independientes, buenos conocedores de la realidad cubana, coinciden en que la evolución del régimen, desde dentro, no se presenta fácil pero no es imposible. 

El modelo vietnamita

El primer ejemplo que citan es el de Vietnam. El economista Omar Everleny, profesor titular de la Universidad de La Habana, considera que la economía es la asignatura pendiente de la revolución. Como estudioso del tema apunta que «el modelo de Vietnam sería muy beneficioso para Cuba». «Es cierto -precisa- que hay grandes diferencias pero también muchas similitudes». «Ellos aplicaron el Doi Moi, un programa de reforma integral, en casi los mismos años que Cuba comenzó su Período Especial. Con la reforma profunda que implementaron han crecido a más de un 7 % anual en casi 30 años. Hoy son una de las economías más dinámicas del Sudeste Asiático, dirigida por un Partido Comunista en el poder y mantienen buenas relaciones con EE.UU. Desde el inicio de su reforma fueron muy precisos al proponerse un socialismo de mercado», señala Omar Everleny.

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