Las historias de los muñecos

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

Un oso de peluche en un columpio de una zona residencial destruida por las tropas rusas, en Járkov (Ucrania)
Un oso de peluche en un columpio de una zona residencial destruida por las tropas rusas, en Járkov (Ucrania) RICARDO MORAES | REUTERS

31 jul 2022 . Actualizado a las 16:34 h.

La primera historia es sobre el muñeco o, más exactamente, el títere de don Quijote que los prisioneros de Auschwitz hicieron de la basura metálica durante la Segunda Guerra Mundial. El Caballero de la Triste Figura les salió un héroe trágico con la cara de Jesucristo. Las lágrimas corrían por sus mejillas cuando él veía las torturas de la gente que le dio vida en el campo de concentración. Él se rebeló contra la injusticia y atacó la esvástica, en que se había convertido el molino de viento. Los enfurecidos guardianes nazis intentaron buscar al soñador rebelde y lo capturaron a pesar de que los prisioneros trataban de salvar al muñeco pasándolo de unas manos a otras. El Quijote de Auschwitz fue fusilado como miles y miles de víctimas del fascismo. Es la trama de una película de dibujos animados que he estudiado en uno de mis proyectos de investigación. Y es una historia verdadera: el títere está en el museo de Auschwitz y es venerado como un soldado caído en la guerra.

La historia sobre el segundo muñeco me la contó Rafael J. Alcaide, el fundador del proyecto Amoami y el lector de mis textos en La Voz de Galicia. La idea del proyecto es genial y es muy simple, como todo lo genial: con la ayuda de Rafael las mujeres refugiadas ucranianas en España, Francia y Suiza a través de una técnica de ganchillo japonesa llamada amigurumi han creado el muñeco de un osito simpático de peluche vestido con una bufanda con un típico bordado ucraniano. «No se trata de vender un osito de peluche maravilloso, sino de realizar algo bello y darle un sentido, un propósito —me explicó Rafael—. Es este propósito el que se adueña de la tejedora, haciendo suya la aventura y luchando de esta forma contra la invasión de Ucrania. En la cotidianidad del ganchillo reside el valor de este proyecto, con el que se crean lazos de amistad y se intenta concienciar sobre la importancia de apoyar a Ucrania meses después del inicio de la guerra». En estos momentos la red de tejedoras cuenta con más de 50 mujeres y los creadores del proyecto están trabajando actualmente para expandir el proyecto a otros países más cercanos y limítrofes con Ucrania. Incluso a la propia Ucrania.

Los muñecos de don Quijote y el osito son hermanos. Los dos nacieron en la guerra como un juego, un acto creativo y una herramienta para construir una comunidad: así hacían las mujeres ucranianas en Gulgag cuando bordaban servilletas con flores o imágenes de la Virgen usando huesos de peces en vez agujas para regalarlas a sus compañeras de la prisión. Los dos son protagonistas de la resistencia creativa. Otro rasgo que une a estos muñecos es el hecho que son luchadores contra el fascismo: el nazi alemán y el ruso. Ellos nos demuestran que la imaginación es siempre más fuerte que la muerte. Quiero creer que también pertenezco al gremio de tejedores antifascistas.