La tragedia de la Mariúpol artística

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

OLEG PETRASYUK | EFE

22 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Esta semana contemplamos el acto final de la batalla de Mariúpol. No sabemos exactamente qué está pasando con los heridos más graves evacuados a la zona controlada por los ocupantes. Y mucho nos tememos que los invasores acaben matando a los prisioneros, a pesar de su promesa de no hacerlo e intercambiarlos con los presos rusos. No estamos seguros que todos nuestros combatientes hayan salido de la planta metalúrgica porque el comandante de Azov sigue dando señales desde los sótanos. Sin embargo, la defensa heroica se acabó.

Los invasores triunfantes obligan ahora a los civiles a atravesar los escombros, destruir cadáveres en crematorios móviles y enterrar a numerosos muertos. Ahora mismo el asedio de Mariúpol ya es un mito que compara a nuestros soldados con la historia legendaria de Esparta y sus 300 heroicos soldados que combatieron en la batalla de las Termópilas. No cabe duda, la hazaña de Azóv es una gran tragedia, que merece ser escrita por un dramaturgo tan talentoso como Cervantes, autor de Numancia. La destrucción completa de la ciudad es parte del genocidio ruso contra los ucranianos.

El exterminio no va dirigido solamente contra los civiles, la infraestructura urbana y las plantas y fábricas, sino también contra la cultura. Afirmo esto porque he recibido en mi correo electrónico los testimonios de tres personas del mundo artístico que vivían en la ciudad de Mariúpol y que han tenido que escapar a las regiones no ocupadas.