Mi encuentro en Leópolis con el periodista de La Voz de Galicia

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

Una niña sentada junto a su madre cerca de la entrada de la estación de trenes de Leópolis
Una niña sentada junto a su madre cerca de la entrada de la estación de trenes de Leópolis Isaac J. Martín

El catedrático de Literatura Española en la Universidad de Mykolaiv cuenta cómo están siendo sus primeros días en Leópolis

12 mar 2022 . Actualizado a las 20:08 h.

Hemos vivido nuestro primer día en la ciudad de los leones, pero en mis pensamientos estoy en la ciudad de San Nicolás. La noticia más comentada del día anterior es el bombardeo de Ternovka, una aldea situada en las afueras de Mykolaiv. Es el sitio más pacífico que se pueda imaginar. Hace dos siglos Ternovka fue fundada por búlgaros refugiados que huyeron del Imperio turco y desde aquella época los habitantes siguen manteniendo la cultura étnica: las canciones se cantan en la lengua búlgara del siglo XIX, los objetos de artesanía, la comida, incluso los festivales folclóricos han ganado la fama de un pequeño Skansen para Ternovka. He hablado por teléfono con Olha Kolot, la jefa de la comunidad local y ella me contó, con lágrimas en la voz, que la noche del día 14 los rusos habían eliminado de la faz de la tierra la belleza Ternovka. Todo que Olha y sus compatriotas habían hecho por su querida aldea, ardía en incendios. Los misiles caían directamente en las casas y las huertas llenando a la gente de horror. Así funciona ahora «la máquina militar rusa»: el Ejército, incapaz de guerrear, consiste en soldados que están saqueando por todo el sur de Ucrania; lo único que queda a los invasores es bombardear a los civiles, destruir a ciudades, desparramar bombas de racimo. Ternovka, la perla búlgara de la ciudad de San Nicolás, es un sitio más en la lista trágica de ciudades y pueblecitos ucranianos convertidos en Guernicas.

Estoy aquí, en la ciudad de los leones, para contar esta y muchas otras historias de la guerra.  La posición geográfica de Leópolis abre más oportunidades para participar en la resistencia informativa. Leópolis es el centro, adonde llegan y de donde salen los periodistas de todos los países, y sobre todo de España. Ayer mientras estábamos hablando con mi doctoranda en un bar (ella trabaja para RTVE como fixer), conocimos a tres españoles: una mujer y dos hombres con cámaras y micrófono. Uno de ellos nos comunicó que era de La Voz de Galicia —se refiere al colaborador Pablo Medina—.  Cuando le dije que soy autor del diario íntimo de la guerra, él me miró asombrado: «¿Es usted?», me preguntó. «Sí, soy yo», le respondí, y me dirigí a otro café donde me esperaban periodistas de Radio Cataluña.

Para terminar el escrito del día 15 quiero apuntar la historia que me contó mi doctoranda. En su tesis ella estudia la representación de identidad hispana en las novelas de Isabel Allende. Cuando empezó la guerra mi doctoranda estaba en Kiev ayudando a los funcionarios de la Embajada de España y a los periodistas. Ella tuvo que huir a Leópolis con ellos sin tiempo para hacer las maletas. «A las 5 de la mañana del 24 de febrero automáticamente puse a mi mochila un poco de jamón, queso y pan, y un libro grueso rojo Largo pétalo del mar». ¡Qué simbolismo! Una mujer hispanista se va a la guerra armada con un libro sobre la guerra civil española.