Los desastres de la guerra (versión del siglo XXI)

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych CATEDRÁTICO DE LITERATURA ESPAÑOLA EN LA UNIVERSIDAD DE MYKOLAIV

INTERNACIONAL

15 may 2022 . Actualizado a las 20:09 h.

«La guerra exige un lenguaje expresivo que debe estar a la altura de la tragedia que un artista aspira a representar» — dice el espíritu de Goya que está volando sobre Ucrania—. Volodímir Stasenko y Ostap Kovalchyk son dos famosos pintores ucranianos cuyas obras serán expuestas en el centro comercial Arturo Soria Plaza, en Madrid, a partir del 16 de mayo, han aprendido bien esta lección. 

Las obras gráficas de Volodímir Stasenko reunidas en el ciclo «Agnus dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis!» (Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros), fueron creadas durante la Cuaresma, cuando Ucrania estaba repensando el misterio de las Pasiones de Jesucristo. El artista usó las imágenes de las fotografías tomadas por los periodistas y por gente anónima que con sus teléfonos móviles retrataron las calles de las ciudades y aldeas destruidas por los invasores: cadáveres de hombres y mujeres torturados, víctimas de saqueos en Irpín, Bucha, Borodianka, Mariúpol, casas destrozadas por los bombardeos en Kiev, Járkov, Odesa o Leópolis. En una de ellas, una mujer protege con su cuerpo a un niño herido, mientras en otra una mujer está amamantando a su bebé en el metro. Las imágenes hacen recordar el poema de Antonio Machado: «Duerme, hijo mío. Y la manita oprime/ la madre junto al lecho. ? ¡Oh, flor de fuego!». Exhumaciones de cuerpos, episodios horribles de evacuaciones, tanques ardiendo, iglesias en ruinas... Los desastres de la guerra están dibujados en la tela blanca de lino con la que se hacen rushnyki, toallas sagradas que acompañan a los ucranianos desde el nacimiento hasta la muerte. La paleta de colores se limita al blanco (esperanza), rojo (amor) y negro (angustia). Todo el proyecto se expondrá en el ambiente compuesto de fragmentos gráficos de libros sagrados ucranianos del siglo XVII, cuando empezó la lucha por la independencia contra los moscovitas.  

Ostap Kovalchyk llamó sus obras de pintura «Las imágenes quemadas por la guerra». El título debe interpretarse literalmente porque sus testimonios pictóricos están dibujados en fragmentos de tablas de las casas destruidas por bombardeos e incendios. Las tablas son también testigos valiosos de la guerra. Guardan su textura primaria, los núcleos de hielo que nunca se repiten. El protagonista más frecuente del artista es el árbol dañado por combates crueles que resiste a la muerte. Otras imágenes son el cosaco Mamay, cantaor melancólico que no usa armas, Jesucristo crucificado, la Virgen con el bebé Jesús, un avión militar, un cementerio, una planta bombardeada o una iglesia en llamas. Después de la victoria el artista quiere pulir las partes traseras de las tablas, donde no hay imágenes, para dibujar iconos, retratos o paisajes. De este modo, cada obra de pintura simbolizará la vuelta a la paz y al desarrollo y la curación de las heridas, por un lado, y por otro, el testimonio de la tragedia, la conservación de la memoria, la voluntad y la resiliencia.