Escaparse de la zona ocupada

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

Una familia procedente de Jersón, tras su llegada a un punto de evacuación de Zaporiyia
Una familia procedente de Jersón, tras su llegada a un punto de evacuación de Zaporiyia ROMAN PILIPEY | EFE

28 abr 2022 . Actualizado a las 21:51 h.

Hace algunos días escribí sobre la tragedia del sur de Ucrania. Hoy quiero desarrollar este tema triste y contarles las últimas noticias acerca de la región de Jersón.

El referendo anunciado no ha tenido lugar, sin embargo, esto no significa que los ocupantes han abandonado la idea de organizarlo en un futuro muy próximo. La situación humanitaria en la ciudad y la región es deplorable. Los civiles, asustados, están huyendo por su cuenta y riesgo en sus coches a donde sea posible. Los refugiados que han salido a la zona controlada por Ucrania cuentan que en los puestos de control los soldados rusos con la ayuda de criminales locales sacan desde mil hasta 5.000 dólares a los desdichados que tratan de salvar sus vidas y buscar la libertad. Muchos son engañados porque los «intermediarios» cogen el dinero y desaparecen sin hacer nada.

Una de mis estudiantes ha pasado por el infierno de la ocupación. Ella regresó del programa Erasmus en una universidad europea el 20 de febrero y el día 25 los rusos entraron en su pueblecito. «La ocupación de la región de Jersón no nos ha traído nada alegre, solamente el sentimiento de incertidumbre y el miedo al futuro —me escribe ella en la carta que recibí ayer—. Yo siempre solía planear mi vida, por eso los invasores, que nos imponían a mi familia y a mí su orden de las cosas, me provocaban un odio profundo.

»Mi pueblecito fue ocupado el primer día de la guerra, que anunció su llegada con explosiones. Las bombas caían en las aldeas vecinas y, como resultado, algunos sitios históricos fueron destruidos, entre ellos el Chateau del príncipe Trubetskoy. Los invasores dispararon a unas hembras de esturión en el estanque cuyo propietario se sentía muy orgulloso por su contribución al desarrollo de la industria pesquera en nuestra región.

»Vivir en la ocupación es imposible sin tener contacto con los intrusos. Muchas veces vi con mis propios ojos los equipos enemigos pintados con la letra Z. Un día me encontré en una tienda con un grupo de hombres jóvenes vestidos de civiles. Los desconocidos llamaron mi atención porque recogían del estante el último molde para hacer tartas. De su conversación comprendí que ellos en este molde iban a cocinar algo en la hoguera. La situación me pareció absurda y sospechosa. Cuando empezaron a comparar precios en grivnas y rublos quedó claro que los compradores eran ‘turistas rusos’. Vi a otros soldados rusos que pedían cigarrillos y medicamentos a mis vecinos. Tuvimos suerte de que los ocupantes no nos pararan en lugares públicos, pero siempre temblábamos de miedo cuando andaban por las calles con sus metralletas o cuando se divertían dando paseos por el pueblecito en sus tanques y vehículos blindados.

»Al enterarse de las mascares y las violaciones en Bucha y Irpín, me sentí tan asustada que decidí escaparme a toda costa».

Ahora mi alumna está en Alemania esperando con gran ansiedad las noticias de sus padres, que tratan de ser evacuados.

Anteriores entregas

27 de abril El «Guernica» de Picasso

26 de abril La resistencia al invasor, en los memes de la Pascua ortodoxa

24 de abril El Día del Libro

23 de abril La tragedia del sur de Ucrania

22 de abril El Jueves Limpio

21 de abril Una parábola sobre las burbujas

20 de abril El Martes Grande en Ucrania

19 de abril La Pascua de Resurrección y el Domingo de Palma en Leópolis

18 de abril Las noticias de Mykolaiv

15 de abril Las diosas enfurecidas

13 de abril Hobbit y Gandalf

12 de abril La primavera

11 de abril La batalla por el «borsch»

 10 abril Mi facultad en la guerra

9 de abril Folclore de la guerra

8 de abril El escándalo de una traducción

7 de abril ¿Qué es la rusofobia?

6 de abril Sigo recibiendo cartas

5 de abril El genocidio y la cultura rusa

4 de abril El destino de una familia hispano-ucraniana

3 de abril: Esperando la ofensiva rusa sobre el Dombás

2 de abril: Proyección interrumpida de películas

1 de abril: Oda al teléfono celular

31 de marzo: Llorad y rezad por Petro

30 de marzo: Cómo derrotar al enemigo muy rápido y con pocas bajas

29 de marzo: El 28 de marzo

28 de marzo: ¿Podemos repetir?

27 de marzo: Un primer balance de los 30 días de la invasión rusa

26 de marzo: Humor en la guerra

25 de marzo: Educación sentimental

24 de marzo: Una pregunta maldita

23 de marzo: Nuevos bombardeos en la ciudad de san Nicolás

22 de marzo: Las familias rotas que deja el conflicto

21 de marzo: Imbuidos del espíritu quijotesco

20 de marzo: La carta de mi estudiante

18 de marzo: Pensando en mi universidad

17 de marzo: Así intentaron silenciarme con porno ruso

15 de marzo: Golpea a los tuyos para que otros se asusten

14 de marzo: El domingo siempre es domingo

13 de marzo: Día 15. ¿Debe cerrar el Instituto Cervantes de Moscú?

12 de marzo: El papel de los hispanistas de Ucrania en la guerra con Rusia

11 de marzo: Mi encuentro en Leópolis con el periodista de La Voz de Galicia

10 de marzo: Nos hicimos refugiados

8 de marzo: Las últimas horas en la ciudad de san Nicolás

7 de marzo: Protegidos por san Nicolás

6 de marzo: La ciudad de san Nicolás

5 de marzo: Ucrania: dos referencias literarias

4 de marzo: Por qué ha fracasado la guerra relámpago

 3 de marzo: Ucrania resiste y vive

 2 de marzo: Mis peores temores

 1 de marzo: El columpio de esperanzas y temores

 28 de febrero: Tanques en Mykolaiv

 27 de febrero: Rezad por Kiev

 24 de febrero: «¡Feliz cumple, profesor!» (Sé que puede ser el último de mi vida)