Folklore de la guerra

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

VALENTYN OGIRENKO | REUTERS

El espíritu de lucha de los ucranianos se transmite en forma de cuento a través de los teléfonos móviles

09 abr 2022 . Actualizado a las 10:07 h.

La guerra y el folklore son inseparables. La gente se divierte con historias, canta canciones, compone poesías para animarse cuando la muerte espera a cada paso. No existe mejor método para conocer el espíritu del pueblo ucraniano que está luchando por su libertad que escuchar uno de los cuentos que se está difundiendo entre teléfonos móviles. Por razones de discreción no reproduzco el léxico obsceno que usa el narrador. 

«Es el mejor cuento que he leído. Solo la descripción del exterminio ruso por el Ejército ucraniano en Chernobayevka puede ser más perfecta [una aldea cerca de Jersón donde las tropas rusas fueron aniquiladas]:

“Hemos llegado a una aldea… Empezamos a construir fortificaciones defensivas… Los chicos cavan la tierra… En vez de trinchera, hacen un agujero para esconderse de los bombardeos… Cavamos unos minutos… Mis ojos salen de las órbitas porque veo a un motón de labradores en sus bicicletas, con palas atadas a los cuadros, como si fueran a sus huertas para plantar algo… Un cuadro impresionista… Casi toda la aldea ha venido en sus bicicletas… Hombres, mujeres, todos… Han parado y me miran como si dijeran: ‘¡Hijito, dinos qué hacer! ¿Dónde cavar?'… Estoy callado como un imbécil… Les miro aturdido… Ellos cogen sus palas y cavan como locos… Hago de tripas corazón y les grito: ‘¡Estamos agradecidos! ¡Cavaremos trincheras nosotros!' Nadie me escucha… Las palas continúan moviéndose sin parar… Algunos días más tarde, nos atacan tanques rusos… Mis jóvenes soldados indómitos están asustados… Miro hacia atrás y veo a los hombres que llegan corriendo de la aldea. ‘¿Hijo, dinos, qué debemos hacer para ayudarte?…' Me siento como si me hubieran tirado un cubo de agua fría… Miro a los aldeanos llorando… ‘¡Corred a vuestras casas si queréis vivir!'. No me escuchan. ‘¡Corred a casa, amigos míos!'… No me hacen caso. Con sus manos desnudas bloquean a los tanques. Un hombre de 73 años me ruega: ‘Dame una granada, hijito… Soy fontanero. Toda mi vida he trabajado en la sanidad pública y conozco bien el sistema de túneles bajo este bosque… Por los tubos llegaré al cruce, tiraré la granada y me escaparé por el tubo… Estoy enojado con esta gente…'.