Nos hicimos refugiados

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

Una mujer mayor avanza por una zona destrozada en la localidad de Irpín, en la región de Kiev
Una mujer mayor avanza por una zona destrozada en la localidad de Irpín, en la región de Kiev ROMAN PILIPEY | EFE

El curso de los acontecimientos nos confirmó que la huida había sido buena solución: la noche del día 12 y el día 13 la ciudad de san Nicolás fue golpeada severamente por misiles

11 mar 2022 . Actualizado a las 12:23 h.

El plan de Putin, además de la vertiente militar, incluye el desastre humanitario, provocado por olas de refugiados que corren del este, del centro y del sur al oeste, a la zona más alejada de las tropas rusas. Para ilustrar cómo funciona el mecanismo de esta tecnología sádica propongo mi testimonio sobre nuestra huida a Leópolis, la ciudad del león.

Por la tarde del día 12 en la ciudad de san Nicolás la atmósfera grave se intensificó hasta un punto extremo. El temor a bombardeos masivos y la amenaza de ser capturados por los orcos se hicieron insoportables. Una hora y media antes del inicio de toque de queda recibí la noticia de que el tráfico por el puente en dirección a Odesa estaba permitido: la trampa se abrió por un rato. En diez minutos, lo que nos llevó meter las cosas en el maletero del coche, nosotros (mi esposa y yo, mi hijo con su novia) ya estábamos volando por la carretera con destino a Leópolis. Detrás habíamos dejado nuestras casas, 35 años de vida en Mykolaiv, donde nacieron y crecieron nuestros hijos, la universidad en la que llevo trabajando 25 años y la facultad creada por mí mismo y mis colegas de la nada. Nos hicimos refugiados. El curso de los acontecimientos nos confirmó que la huida había sido buena solución porque por la noche del mismo día 12 y el día 13 la ciudad de san Nicolás fue golpeada severamente por misiles y atacada por tanques rusos.

La distancia entre Mykolaiv y Leópolis por la ruta más corta es de 800 kilómetros, pero la dirección hacia Kiev estaba bloqueada y, como resultado, el trayecto resultó ser de más de 1.000 kilómetros en total. Las carreteras principales estaban llenas de miles y miles de coches de otros refugiados (la prensa informa que somos 2 millones) que estaban arrasando gasolineras y se encontraban atrapados en atascos de varias decenas de kilómetros. Un día de viaje en condiciones normales podía convertirse en tres días. La gente fatigada buscaba sitios para dormir y comer, y todos aquellos lugares estaban llenos. Los conductores estaban haciendo todo lo posible para controlar sus emociones y no chocar con los coches de otros refugiados. Conducir en tales condiciones es una práctica arriesgada: nosotros vimos algunos accidentes.