David y Goliat

Oleksandr Pronkevych
OLEKSANDR PRONKEVYCH DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

Una representación de la tumba de Vladimir Putin  en un puesto de control en las afueras de Dnipro.
Una representación de la tumba de Vladimir Putin en un puesto de control en las afueras de Dnipro. JORGE SILVA | Reuters

10 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

A mí e gusta leer los Libros Sagrados no porque sea un hombre religioso, sino porque sus textos cuentan historias que hacen pensar a los lectores durante siglos: en su simbolismo, desde la perspectiva de la experiencia histórica, se refleja la realidad actual contradictoria que nos rodea. Una de estas historias es el mito bíblico sobre el combate de David y Goliat (1 Samuel 17 ? 55), muy ampliamente representado en la cultura universal. No hay sentido para relatar la trama de este. Sin embargo, lo que ocurrió entre los personajes implicados me recuerda la situación que observamos ahora en el frente.

Alguien podría pensar que Goliat es Putin y se equivocará, porque Goliat es Rusia, el país con territorio grande, con recursos humanos y materiales inagotables y con una conciencia primitiva. Putin se siente Goliat en su imaginación y se comporta y habla como el filisteo de la Biblia. Este último se dirige a David con desprecio: «Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo». En la lengua de Putin, esta frase se traduce en: «Todavía no hemos empezado la guerra». Sin embargo, no es Goliat. Es el enano que ha tomado como rehén al imperio gigante y ha entrado con la torpeza del elefante en una cacharrería…

David es el símbolo del hombre que combate con el enemigo que le supera en masa -en el tamaño del cuerpo o, en nuestro caso, en la cantidad de las armas-. Para vencer la batalla, David aprovecha el intelecto, su maestría militar y el apoyo de Dios: «Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel», responde a las palabras insolentes del gigante grosero.  Viene a ser Ucrania, o más exactamente, el Ejército ucraniano. Así es como el David de Miguel Ángel es llevado en esta guerra por Dios, por su pueblo, por su estoicismo y por la creatividad en el uso de la estrategia y la táctica en los campos de combates.