Moisés

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

Kateryna Shelikhova, viuda del asesinado a tiros por un soldado ruso que fue condenado a cadena perpetua,  visita la tumba de su esposo.
Kateryna Shelikhova, viuda del asesinado a tiros por un soldado ruso que fue condenado a cadena perpetua, visita la tumba de su esposo. IVAN ALVARADO |Reuters

25 may 2022 . Actualizado a las 17:36 h.

El poema Moisés de Iván Frankó es una obra esencial para comprender Ucrania y esta guerra. El poeta relata los últimos días del camino vital del legendario profeta. En la Biblia está escrito que Moisés solo pudo ver la tierra prometida desde el monte Nebo antes de morir, porque Dios le había vedado la entrada. La ira de Dios fue causada por un acto de desobediencia: Moisés hizo surgir un manantial de agua de una roca en Meribá. Enfadado, Jehová dijo a Moisés y a su hermano Aarón: «Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado» (números 20:12). 

En el poema de Frankó, Moisés es el líder nacional agotado por un largo viaje de cuarenta años, desesperado por la incapacidad de su pueblo por liberarse del espíritu de la esclavitud, fastidiado por las intrigas de políticos populistas que manipulaban a los israelitas y torturado por los discursos de seducción de Azazel. En el final de la obra, la gente horrorizada ve al profeta desaparecer para siempre en la cumbre del monte durante una noche de tormenta. El Moisés de Frankó no entra en la tierra prometida porque duda de su misión de salvador del pueblo. Josué, el nuevo líder, «el príncipe de caballeros», llama a los aletargados israelitas a marchar y vengarse de los populistas.

Este poema es sobre nosotros: sobre pensadores solitarios, como Iván Frankó, que sacrifican sus vidas para servir a su pueblo y mueren ignorados por las élites corruptas que intercambian los intereses nacionales por las ventajas que les ofrecen los amos colonizadores, y sobre el pueblo ucraniano —el pueblo al que se dirige Frankó en el prólogo de su poema con las siguientes palabras: «¡Oh, pueblo mío, doliente y extenuado, como en la encrucijada el caminante inválido que es por todas las gentes despreciado!»—. En el original, «el caminante inválido» suena más duro: es un paralítico, un discapacitado, un ser sin voluntad de vivir libre.