Muere Brigitte Bardot a los 91 años

Antonio Torres del Cerro PARÍS / EFE

SOCIEDAD

Europa Press

La fundación de la actriz francesa, mito erótico de los cincuenta y sesenta, informó de su fallecimiento

28 dic 2025 . Actualizado a las 13:21 h.

«Dios creó a la mujer... pero el diablo inventó a BB». Brigitte Bardot, icono sexual en su juventud y activista animalista y seguidora de la líder de la extrema derecha Marine Le Pen en su madurez, estaría siempre marcada por ese eslogan de promoción de la película que la lanzó al estrellato en 1956: «Y Dios creó a la mujer».

Fallecida a los 91 años, Bardot ha sido considerada por muchos la mujer más sensual del siglo XX, con permiso de la estadounidense Marilyn Monroe, otra célebre rubia de rotundas formas.

Actriz, cantante, símbolo de la emancipación sexual femenina, la musa francesa fue un personaje omnipresente a la que la controversia siempre acompañó.

Así lo demostró desde que irrumpiera a mediados del siglo XX en Y Dios creó a la mujer, bajo la dirección del primero de sus cuatro maridos, Roger Vadim, hasta bien entrado este siglo, cuando, ya retirada del cine desde hace décadas, hizo de la causa animal su principal credo.

En sus últimos años de vida, siguió alimentando los titulares de la prensa, apoyando a la ultraderecha francesa, negándose a vacunarse contra el covid o relativizando las denuncias de acoso sexual en el mundo del cine.

«Je t'aime, moi non plus»

Las imágenes de la actriz bailando descalza sobre una mesa en su cinta de debut, o desnuda sobre la cama en El desprecio (1963), de Jean-Luc Godard, quedaron grabadas en la retina de generaciones como algunas de las escenas cinematográficas más sensuales de todos los tiempos y que la encumbraron como un mito.

Bardot, nacida el 28 de septiembre de 1934 en el seno de una familia parisina acomodada, no sólo dejó una huella a través de la pantalla, sino también como cantante.

En 1967 le pediría al entonces chico malo de la canción francesa, Serge Gainsbourg, con quien mantuvo un corto pero apasionado romance, «la canción de amor más bella que pudiese imaginar».

En una sola noche, Gainsbourg escribió la erótica Je t'aime... moi non plus (Te quiero... yo tampoco) que grabaron en dúo.

Bardot estaba casada entonces con el alemán Gunter Sachs y, tras una primera difusión en la radio que lo enfureció, la canción se quedó en el cajón hasta que fue publicada en 1986. Los gemidos con los que la actriz interpreta la canción fueron tachados de «obscenos» por el Vaticano.

Por ello, la versión más conocida sería la que Gainsbourg hizo con Jane Birkin en 1968. El músico, no obstante, prosiguió con su colaboración con Bardot con el álbum titulado con su apodo, «BB», del que salieron temas emblemáticos como Bonnie & Clyde o Comic Strip.

La huella de Bardot inspiró también a la intelectualidad francesa. Simone de Beauvoir, una de las pioneras del movimiento feminista, dijo de la actriz que caminaba «lascivamente y un santo vendería su alma al diablo por verla bailar», en su libro Brigitte Bardot y el síndrome Lolita (1959).

Icono también de la moda, precursora de las bailarinas y los vaqueros remangados, su influencia se mantiene hoy intacta y parecerse un poco a ella es todavía una garantía de éxito.

Admiración por Marine Le Pen

Con casi 50 películas y 24 vinilos en su haber, Bardot abandonaría todo por la causa animal en 1973.

Las fotografías hechas en 1977 en las tierras heladas de Terranova, en Canadá, abrazando un bebé foca dieron la vuelta al mundo y contribuyeron a que los gobiernos fuesen prohibiendo su caza.

En paralelo a su lucha en favor de los animales, los pocos comentarios que hacía públicos levantaban polvareda, tanto que le valieron cinco condenas por incitación al odio.

Su segundo marido, el actor Jacques Charrier, y su único hijo, Nicolas, la denunciaron en 1996 por haber sido tachado en una autobiografía de «violento, machista, impresentable y borracho», el primero; y de indeseado «tumor que se nutría de ella» durante su embarazo, el segundo.

En las últimas décadas, su militancia a ultranza y una colección de comentarios homófobos, xenófobos y racistas, hicieron, en cierta forma, sombra a su legendaria carrera en el celuloide y a sus logros en defensa de los animales.

Llegó a etiquetar a la líder de la ultraderecha francesa y tres veces candidata presidencial Marine Le Pen como la «Juana de Arco del siglo XXI». Durante la pandemia de covid (2020-2022), ya octogenaria avanzada, se negó a vacunarse, alegando que era «alérgica a todos los productos químicos».

Tampoco se libró el movimiento «Me too», nacido en 2018 por varias denuncias de acoso sexual contra mujeres por parte de hombres poderosos del mundo del cine. Para Bardot, varias de esas acusaciones eran «hipócritas», pues muchas artistas «calientan a los productores para conseguir un papel».

Después de haber sobrevivido a varios intentos de suicidio y abortado voluntariamente dos veces —en una de ellas estuvo al borde de la muerte—, Bardot mantenía dos luchas animalistas muy vivas: prohibir que se coma carne de caballo en Francia y que se sacrifique sedados a los animales en los mataderos del país.

Su último combate —que data de 2025 y para el que usó a BFMTV para una entrevista, la primera que daba en 11 años a un canal de televisión— gravitó en torno a la prohibición de la caza de montería en Francia, que consideraba extremadamente cruel contra los animales.

Retirada de la vida pública repartida entre sus dos mansiones de Saint-Tropez (Costa Azul), su inusual vida podría explicarse en una sola frase, según Marie-Dominique Lelièvre, una de sus biógrafas: «Bardot siempre ha sido y será una niña».

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, destacó este domingo que la actriz y cantante encarnaba «una vida de libertad» que aportó «un brillo universal a Francia».

«Sus películas, su voz, su gloria deslumbrante, sus iniciales, sus penas, su generosa pasión por los animales, su rostro convertido en Marianne; Brigitte Bardot encarnaba una vida de libertad. Existencia francesa, brillo universal. Ella nos conmovía. Lloramos a una leyenda del siglo», dijo Macron, en un mensaje en 'X'.

BB, según Brigitte Bardot

El libro «BBcedario», publicado el pasado 1 de octubre, es un original testamento de vida

Catalina Guerrero

«La libertad es ser uno mismo, incluso cuando resulta incómodo», proclamaba Brigitte Bardot en el epígrafe de Mon BBcédaire (Mi BBcedario), publicado el pasado 1 de octubre de su puño y letra redondeada en tinta azul y con tachones, como un último manifiesto de un ícono del siglo XX que dice adiós a los 91 años.

«Muerte. Única certeza de una cita próxima o lejana que no perdona a nadie y nos condena a todos», escribía la cantante, actriz y activista en defensa de los animales francesa en su original testamento sobre su vida, pensamientos y personas que la habitaron.

De la A de abandono a la Z de zoológico, la mítica intérprete de películas como Le Mépris (El desprecio, de Jean-Luc Godard, 1963) se expresa sin filtros sobre múltiples aspectos de su larga e intensa vida.

«Edad. Invención humana impuesta por la naturaleza, ya que todo tiene un principio y un fin», reflexionaba poco antes de su fallecimiento.

Mito erótico desde finales de los años cincuenta del pasado siglo, la protagonista de Et Dieu... créa la femme (Y Dios.... creó a la mujer, 1956, de Roger Vadim, su primer marido), que la lanzó a la fama, define el erotismo como «juegos amorosos donde todo vale, con imaginación, perversidad perturbadora y travesuras amorosas».

La mujer para la que el amor era «un darse absoluto a un ser, un animal o una pasión»; el deseo, «una pulsión erótica por alguien, que puede ir hasta la muerte»; hacer el amor, «una alianza entre dos seres que se encuentran en la absoluta necesidad de mezclarse intercambiando sus labios» y gozar, «disfrutar a fondo de todos los placeres, en particular de los de la carne», siempre expresó una profunda fobia hacia el embarazo y la maternidad.

Para Bardot, que tuvo un hijo y abortó en varias ocasiones, el embarazo era «un castigo degradante impuesto a los cuerpos de las mujeres después de haberse entregado a un hombre» y la maternidad «no vale la pena».

De Belmondo a Delon pasando por Gainsbourg y otros

Sin pelos en la lengua, BB recordaba en su BBcédario a múltiples celebridades. Así, describía al actor francés Jean-Paul Belmondo como un «gran tipo, un actor brillante, divertido y valiente», mientras que de Alain Delon decía que llevaba «dentro de sí lo mejor y lo peor».

En cuanto al italiano Marcello Mastroianni, aunque «encantador», era, según ella, solo «un buen actor sin genio ni personalidad verdaderamente inolvidable», frente al «monumental» Vittorio De Sica, de quien loó su «elegancia, talento, humor, seducción e inteligencia», así como del realizador Luchino Visconti, «campeón de la elegancia», autor de un cine «intelectual y suntuoso».

Expresaba igualmente su adoración por el cantante francés Georges Brassens, «un hombre único, sencillo, auténtico, pleno de talentos y tan tímido», así como su atracción hacia Serge Gainsbourg, cuyo «talento rozaba el genio» y ostentaba «una curiosa mezcla de nobleza y vulgaridad», y con el que mantuvo un fugaz e intenso romance, del que nació la mítica canción Je t´aime, moi non plus.

Fiel a su imagen de indomable y libre, Brigitte Bardot se definía como «salvaje» y mostraba su simpatía por otras mujeres con las que se identificaba como la escritora Françoise Sagan, autora de Bonjour tristesse; la actriz Jeanne Moureau, con quien coprotagonizó Viva Maria (1965, dirigida por Louis Malle), así como por la reina Isabel de Inglaterra o la «única para siempre» Édith Piaf.

El paraíso perdido y el mundo actual

Pero es cuando habla de Saint-Tropez, su refugio en el sur de Francia durante décadas, donde BB mostraba más nostalgia.

La propietaria de la celebre casa asomada al mar La Madrague se lamentaba de que lo que era «un pueblecito pesquero tan bonito» cuando ella se instaló en los años sesenta, se ha convertido en «una ciudad de multimillonarios donde ya no se reconoce nada de lo que la hacía tan encantadora».

Fiel a sus controvertidas posturas, la activista por los derechos de los animales («los ángeles de esta tierra» y los únicos de los que puedes esperar «fidelidad») pintaba un retrato sombrío de la Francia actual, que consideraba «aburrida, triste, sumisa, enferma, dañada, devastada, ordinaria, vulgar...»

BB, que mostró su cercanía a Marine Le Pen, creía que la derecha constituye el «único remedio urgente para la agonía de Francia».

De la Unión Europa decía que es «un matrimonio forzado, ridículo, que terminará mal, pero que tiene que terminar». Y del presidente estadounidense, Donald Trump, decía: «me da igual».

Oda a la vida y a la locura

«La vida es un misterio precioso y frágil», decía, y pedía cuotas para evitar la superpoblación mundial, «que siembra la muerte a su paso».

Y frente al «naufragio» de la vejez, recomendaba dar gracias a los años «ganados a la vida» y mantener siempre dosis de locura. «¡Es necesario! ¡Lo razonable mata y molesta! ¡Viva la locura y la exuberancia! Salir de los caminos conocidos, amar con locura, vivir locamente, fuera de la manada», aconsejaba BB.