El doctor Jekyll se quita la máscara

Oleksandr Pronkevych
Oleksandr Pronkevych DIARIO ÍNTIMO DE LA GUERRA

INTERNACIONAL

28 jun 2022 . Actualizado a las 17:18 h.

«La cultura y el mundo académico deben estar por encima de la política», me escriben unos de mis colegas del gremio intelectual. No tengo nada en contra. También creo que solamente la cultura y el pensamiento crítico, que nutren la investigación, son los medios para acordarnos de nuestra raíz común. Sin embargo, algunos divulgadores de valores «estéticos» y de «ideas eternas» se hacen portavoces de muerte y destrucción cuando se ocupan de las cosas que tienen poco que ver con el espíritu humanista. Ellos se convierten en propagandistas que apoyan la agresión con el uso de la retórica patriótica. Es el caso Mijaíl Piotrovski, director del Hermitage de San Petersburgo, quien hace dos días, en su entrevista al periódico Rossiyska gazeta, expuso su postura sobre la guerra de Rusia contra Ucrania. 

Es fácil adivinar a qué argumentos ha recurrido el director del museo-escaparate del imperio de Putin. Él bendice lo que nosotros llamamos «genocidio» y lo que en Rusia se conoce como «operación especial»: «Crimea creó la situación, cuando resultó imposible actuar de otra manera y nos vimos obligados a hacer un cambio de sentido». Rusia «está realizando transformaciones grandes y globales» y «nosotros comprendemos la misión histórica de nuestro país». Decir «comprendemos» significa, en el contexto actual, que «unánimemente apoyamos las prácticas de masacres y de violaciones» que para Piotrovski son métodos para restaurar la grandeza imperial rusa. Por supuesto, el director del Hermitage está con su país, «sea cual sea». «La guerra es sangre y matanza, por un lado, pero, por otro, es autoafirmación de la gente, de la nación». Él no dice que Rusia está autoafirmándose con la aniquilación de Ucrania. El acto de fe de Mijaíl Piotrovski termina con el reconocimiento de su imperialismo cultural. Riéndose, declara que «todos somos militaristas e imperialistas. Hemos crecido todos en la tradición imperial, y no se puede olvidar que los imperios unen a muchos pueblos, a mucha gente que tiene muchas cosas en común. Es muy tentador, pero es una de las tentaciones, digamos, buenas. Aunque no debemos ceder ante esta tentación completamente, hay que aprender a controlarla».

¿Para qué sirven esta risa y esta recomendación vergonzosa de controlar el sentimiento imperialista? ¿Para presentar argumentos caducos de forma irónica o para justificar su imperialismo? Creo que el señor Piotrovski, un hombre culto, comprende bien que ha dicho una barbaridad y trata de mitigar el efecto negativo que produce su discurso en los que todavía no han perdido la conciencia y la moral. Y no solo eso. Su retórica patriótica le ayuda a justificar el uso del arte como arma: «Nuestras últimas exposiciones en el extranjero son un potente avance cultural. Es, si quieren, un tipo de ‘operación especial' que a muchos no les gusta».