Personas de todas las edades, y jóvenes marginales, se «disputan» el único parque del Agra del Orzán El balón es al parque de As Conchiñas lo que un cólico al riñón. En cuanto la pelotita se muta en pelotazo estalla la guerra generacional. Los niños quieren jugar al fútbol y los mayores se enfadan. La plaza también es un cóctel de vidas. A veces, un cóctel amargo. Mamás con sus bebés, niños, perros peligrosos sueltos, ancianos, inmigrantes, matrimonios y jóvenes marginales se reparten el breve terreno. Este ejemplo de convivencia, asústense, se da en un pequeño espacio de ocio que atiende a una población de 40.000 habitantes. Es por eso que el barrio se llena de razón para pedir un parque en los jardines del Observatorio.
ALBERTO MAHÍA