Lugo no existe


Cuando en los programas de televisión y radio se informa del tiempo, del mal tiempo, y se anuncian alertas naranjas y rojas en la mar con temporales de fuertes oleajes y vientos que superan con creces los cien kilómetros se informa que afectarán a las provincias de Pontevedra y A Coruña así como a Asturias. Lugo no existe, desaparecen por arte de birlibirloque sus más de cien kilómetros de costa, la comarca entera de A Mariña, la calle poblada continua que transcurre entre el río Sor y el Eo, entre O Vicedo y Ribadeo, y aunque este otoño se hayan registrado los vientos más huracanados en el observatorio de Penedo do Galo, en Viveiro, la tempestad, la ventolera, solo tiene Estaca de Bares como referencia. Se han borrado del mapa las rías altas lucenses. Vicedo, Viveiro, San Cibrao, Burela, Foz, Barreiros y Ribadeo. Los hombres del tiempo y los conductores de programas de divulgación tienen otra hoja de ruta. Han encogido a Galicia, suprimiendo el litoral de Lugo.

Lo mismo sucede con los responsables de la guía Michelín que han ignorado a la provincia de Lugo, pese a tener un eslogan culinario, que asegura que «para comer Lugo». Los inspectores de Michelin, muchos gallegos -incluso de un mismo pueblo- no han querido saber nada de los 4 o 5 restaurantes que merecen ser incluidos en la famosa guía. En Lugo ciudad al menos dos son candidatos con méritos suficientes, al igual que sucede en la costa. No existe una vocación de cocina de vanguardia, pero sí de extrema calidad en el producto. La guía Michelin valora además de la excelencia en los productos, el tamaño y la decoración de la sala, los servicios de mesa, el surtido de la bodega, la amabilidad del chef y del maître, e incluso la simpatía del sommelier y el buen oficio de los camareros.

Existen al menos un par de restaurantes en A Mariña que satisfacen esas exigencias y que nunca harán alta cocina cociendo un centollo a baja temperatura en hidrogeno liquido. Ni yo me imagino comer en Nito, con toda la bahía de Viveiro adentrándose en el comedor, unos percebes King size con esferificaciones de hígado de bacalao. La guía Michelín tiene una especial incompetencia que con Lugo es muy notable. Tiene una deuda con la restauración del norte de Galicia.

 Lugo, patrimonio de la humanidad, es una de esas ciudades confortablemente entrañables, donde habitan las lluvias de los otoños; no existe más allá de las nieves por Pedrafita en los inviernos, y el silencio que duerme en Mondoñedo. No tiene costa pese al Fuciño do Porco, a su arenal infinitas y a la playa de As Catedrais. La merluza de Celeiro o Burela es un espejismo, y comiendo somos, Michelin nos tacha, algo así como trogloditas. Comedores de patacas.

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