Supedita el fin de las visitas de los inspectores a Atenas, que los griegos consideran humillantes, al compromiso del Gobierno heleno de respetar los acuerdos con la UE
El centro palpita como cualquier ciudad europea, pero a pocos metros las callejuelas están abandonadas, los inmigrantes y los griegos hacen colas para recoger comida, y la vida parece que solo quiere pasar de largo