PP, PSOE y Podemos: de originales y copias

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

03 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Leo en el editorial de un periódico madrileño que los electores prefieren el original a la copia. Tiene razón. Mejor el Discóbolo griego, esculpido en bronce por Mirón, que no sus réplicas romanas talladas en mármol. Pero, ¡ay!, aquel no se conserva y solo a través de los duplicados conocemos su existencia. Eso para empezar. Acto seguido, el sagaz editorialista destapa sus cartas marcadas. Recomienda al PSOE que se derechice -¿aún más?-, aunque finamente disfraza su consejo de apelación a «la responsabilidad». Y considera un suicidio que el partido del puño y de la rosa «se eche al monte», porque en las brañas reina Podemos y, ya se sabe, qué le voy a decir, la gente siempre prefiere el original a la copia.

Ni siquiera el señor Arriola, el gurú mayor de Rajoy, podría dibujar mejor la estrategia de la derecha. Ninguneando al PSOE y otorgando a Podemos la jefatura de la oposición, el PP se garantiza suculentos réditos electorales. Divide a la izquierda y donde antes tenía un poderoso adversario, ahora tendrá dos, a la greña entre ellos y ambos debilitados. El prospecto apenas señala contraindicaciones. Si el PSOE se desmorona o termina sus días como insignificante apéndice de la derecha, como le sucedió al Pasok, y Podemos ocupa el espacio vacante, como hizo Syriza en Grecia, habemus PP para rato.

He ahí el drama de los socialistas, encajonados entre dos originales y al parecer obligados a elegir entre lo malo y lo peor: o bien convertirse en pálida copia de la fuerza emergente de Iglesias y echarse al monte, o bien seguir mimetizando las políticas de la derecha hasta convertirse en un clon del PP. Atroz disyuntiva que viene a agravar la letal esquizofrenia que vive el PSOE, escindido entre quienes abogan por acercarse aún más a la derecha y quienes miran, embelesados y acomplejados, cómo se multiplican los nuevos colonos en el territorio que han abandonado. Ni unos ni otros reparan en un detalle, a mi juicio, fundamental: Podemos irrumpe en el escenario y avanza a grandes zancadas porque reculan los viejos socialdemócratas. Cuando alguien arría y abandona una bandera gloriosa, siempre aparece quien la ice y enarbole de nuevo.

¿Cuándo se jodió el Perú?, se pregunta un personaje de la mejor novela de Vargas Llosa. ¿Y el PSOE? Quienes me leen ya conocen la respuesta: el día en que los españoles comprobaron, en carne propia, que las políticas económicas de conservadores y socialdemócratas se parecían como gotas de agua. Zapatero y Rajoy tocaban machaconamente la misma música, el primero a regañadientes y el segundo con entusiasmo -no en vano utiliza la partitura original, especialmente grata al oído derecho-, pero la misma. El ciudadano, con el tímpano destrozado, el culo en llaga viva y el bolsillo vacío, harto de los dos, se echó al monte en busca de nuevos intérpretes. Los encontró en la margen izquierda y ahora Pedro Sánchez no sabe qué hacer: si invitar a cenar a Pablo Iglesias en casa de Bono, si compartir unos chocos con Rajoy en Redondela, o si tratar de rescatar la bandera de la socialdemocracia que le han birlado.