La cocina de aprovechamiento, de verdad: así puedes utilizar el tronco del brócoli y las hojas de la zanahoria

La ignorancia nos lleva a tirar kilos y kilos de productos que no solo se pueden consumir, sino que tienen infinidad de beneficios


Que es irracional la cantidad de comida que se desperdicia en España pilla a pocos desprevenidos. Aunque quizás no demasiados sepan que, lo que le supone a cada bolsillo de media son 250 euros al año. Una cifra nada desdeñable. Muchas veces permitimos que los alimentos creen su propio ecosistema en la nevera para finalmente, en un estado lamentable, terminar en la basura. Sin embargo, otras tantas acabamos desechando partes de frutas, verduras o carne por ignorancia, pensando que no son aptas para el consumo cuando nada más lejos de la realidad (piensen ahora en aquellos que mandan las hojas del nabo al vertedero; esas con las que los gallegos hacemos maravillas). Sucede con el tronco del brócoli, del que el CSIC acaba de salir en defensa. Como recoge la agencia Efe, «es una parte rica en nutrientes y refuerza el sistema inmunológico. En concreto, contiene carbohidratos y proteínas, tiene mucha fibra y pocas grasas y es rico en vitaminas B1, B2, B6, C, K, A, calcio y hierro». Además, explica la científica miembro de este organismo, Cristina García-Viguera, «tiene las mismas propiedades que la cabeza, aunque en menor intensidad». Vamos, que si a uno le resulta difícil de digerir por su dureza no hay que olvidarse, al menos, de utilizarlo en cremas de verduras.

Según los expertos de +Brócoli, la asociación que promueve el consumo de esta hortaliza, este desperdicio tiene relación directa con la vulneración del derecho a la alimentación de muchas personas y «es un acto de cierta irresponsabilidad». Inmersa como está buena parte de la sociedad en una conciencia medioambiental que incluye un cambio de hábitos, es un buen momento para recordar otros alimentos con los que hacemos distinciones pese a que pueden usarse cada una de sus partes.

La parte verde del puerro es la hermana fea de esta hortaliza, tanto que lo habitual es que cuando encontramos el puerro envasado en el supermercado ya no quede ni rastro de ella. No obstante, no solo es perfectamente apta para dar sabor en caldos, sino que puede aportar un crujiente extra en nuestras recetas que le dará ese punch de originalidad a la textuta cortada en bastoncillos muy finos que posteriormente freiremos. Las hojas de las zanahorias sufren prejuicios similares, pero son perfectamente comestibles. De hecho son saludables, pues contienen fibra, magnesio potasio y vitamina K. Lo único que hay que tener en cuenta antes de decidir si vamos a utilizarlas o no es analizar su aspecto, ya que muchas veces las hojas ya están estropeadas y tienen un color marrón nada atractivo. Sin embargo, hay quien compara su sabor con el del perejil. Más amargo, no nos engañemos. Pero dispuesto en ensaladas en pequeñas dosis puede dar un toque muy interesante. Son perfectamente aptos, del mismo modo, para hacer batidos verdes, donde en pequeñas cantidades apenas percibiremos el sabor.

Las hojas y el tallo de la remolacha también pueden tener un hueco en nuestra despensa. La recomendación más extendida entre quienes siguen la cocina de aprovechamiento a pies juntillas es darles un uso similar al que le daríamos a unas acelgas, ya que es la verdura con la que guarda un parecido mayor. Pueden incluirse cocidas en un potaje con legumbres o hasta salteadas.

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