Alternativas para hacer pan y bizcochos si se agota la levadura en el supermercado

Si nos lanzamos a hacer pan, podemos optar por una versión con bicarbonato o preparar masa madre en casa. En el mundo de la repostería la clave es incorporarle aire a los dulces con diferentes productos


Si una cosa ha quedado clara durante el confinamiento es que nadie se esperaba la euforia repostera que se ha desatado con esto de estar todo el día en casa. Queda por ver si cuando los ciudadanos puedan salir a la calle prefieren quedarse con las manos en la masa o irse de cañas. Mientras esta incógnita no se despeja, la mayoría de supermercados del país siguen desabastecidos de harina y levadura. Del primer producto publicamos hace unos días un artículo en el que se explica cómo sacarle el máximo partido, y escoger la versión correcta; en cuanto a la levadura hemos querido indagar sobre qué podemos hacer si no queremos dejar de poner a prueba nuestras dotes culinarias pero la levadura ni está, ni se le espera.

Bien. En primer lugar, y como explica el maestro en la materia Opelouro a los más de 36.000 seguidores que tiene en su cuenta de Instagram, podemos optar por hacer masa madre. «Hay muchas maneras de hacerla, pero esta es muy sencilla: mezclamos 25 gramos de harina de trigo, mejor de fuerza, con otros 25 gramos de harina integral o centeno integral. Se puede hacer con blanco solo, pero tardará más; o únicamente con centeno, pero tendrá menos fuerza. Lo mezclamos con 50 gramos de agua en un bote, lo cerramos, y a esperar a que fermente en el lugar más cálido de la casa». El toque particular que le aporta Opelouro llega con un agua de frutas fermentada. «Metemos 500 ml. de agua en un bote con una manzana con piel cortada en trozos y unas pasas. Tapamos el bote y lo mismo: a fermentar». Según comenta el experto, las frutas poseen muchos azúcares que aportan fuerza y aroma a la masa madre».

Llegados a este punto, Opelouro recomienda repetir el «refresco» de la masa madre durante 4 ó 5 días, cada 24 horas, añadiendo la misma cantidad de harinas y de agua. «Verás cómo al cabo del tiempo empiezan a formarse burbujas y tomar vida. Cuando pase ese tiempo, el agua de frutas estará fermentada, olerá a fermentación, buen aroma, nunca malo. El quinto día aproximadamente, cuando ambos botes tengan vida, mezcla 25 ml. de agua normal y 25 ml. de agua de frutas fermentada. Y al sexto día lo mismo. Parte de agua y parte del agua de frutas fermentada. Al final del proceso retira las pasas y tu masa madre estará listísima para hacer pan, y con una fuerza descomunal». Por otro lado, explica, el agua de frutas estará tan fermentada que ella misma podrá fermentar un pan sin necesidad de masa madre.

Otra opción, quizás no más sencilla pero sí más rápida, es hacer uso del bicarbonato. Con este producto podremos elaborar pan de soda irlandés. Prácticamente no requiere ni amasado, solo mezclar los ingredientes y meterlos en el horno. 

¿Y qué pasa con la repostería? Pues que el bicarbonato es, también, un gran aliado. «Si lo asocias con un ácido como unas gotas de limón es un polvo de hornear estupendo», comenta Olga Sánchez, propietaria de la escuela de repostería Taller de sobremesa, en A Coruña. Otra opción, explica esta experta, es incorporar aire a la elaboración para que suba. «Un bizcocho genovés, base de muchísimas tartas, se hace, por un lado, batiendo con varillas (mejor eléctricas) las yemas de huevo con el azúcar hasta que duplican su tamaño; y por otro, batiendo las claras a punto de nieve. Se incorpora todo con mucho cuidado, se le añade la harina tamizada, se hornea y ¡listo! Ya tienes un bizcocho estupendo para hacer tartas». Esto mismo, añade Sánchez, se puede aplicar a unas magdalenas o a un brazo de gitano; así que ya no hay excusa. Y, bueno, luego están aquellos dulces que no requieren ni levadura ni sucedáneos. Como sería el caso de un riquísimo brownie.

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