¿Cuánto pescado debemos consumir a la semana?

La desinformación está llevando a muchos españoles a reducir la ingesta de productos del mar por el metilmercurio que acumulan algunas especies. Dos expertas hablan negro sobre blanco de este tema y mencionan la «hipocresía» que supone tomar esta decisión


Redacción / La Voz

La sobreinformación se transforma en desinformación demasiado rápido. Por eso, a raíz del escándalo surgido en Navidad, cuando el Ministerio de Sanidad recomendó a los españoles no chupar las cabezas de las gambas durante los ágapes propios de estas fiestas, fueron muchos los que aprovecharon para clamar contra el pescado y el malísimo metilmercurio que acumulan algunas especies. Hace años ya había saltado una idéntica liebre, pues en el 2011 una guía lanzada por organismos competentes alentaba a embarazadas y niños a mantenerse alejados de ciertos pescados, precisamente por tratarse de productos que podían ser tóxicos. Cogiendo la parte por el todo puede resultar preocupante tanta advertencia, pero dos expertas en nutrición están dispuestas a tumbar mitos y recordar que «por mucha cantidad que comamos de pescado, y no lo hacemos, seguirá siendo más saludable que la bollería industrial o los procesados, y con esto nadie se echa las manos a la cabeza».

Patricia Beiro, profesora de de Higiene Alimentaria en el Centro Superior de Hostelería de Galicia (CSHG), autora de estas declaraciones, explica que la cantidad de mercurio que tenga una u otra especie «se vincula a la cadena trófica; por eso los más longevos acumulan más»; es decir: pez espada, atún rojo y marrajo. Sin embargo, recuerda la experta: «Es muy alarmista decir que hay que dejar de comer estas variedades, basta con abrir el abanico y hacer platos con pescados pequeños, blancos y azules. Es más, siempre es más saludable aumentar la ingesta de pescado en detrimento de la carne; no vale esta excusa para dejar de comer pescado, que entre sus propiedades beneficiosas se encuentran el yodo, selenio, y especialmente los pescados azules tienen grandes cantidades de ácidos grasos omega-3 que, entre otras cosas, disminuyen el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares».

Pero los datos hablan por sí solos. Y a los malos hábitos de alimentación promovidos por la cantidad de platos y productos plagados de grasas trans que se copan los supermercados, solo les faltaba esta innecesaria guinda. Así las cosas, lo cierto es que según datos de la Confederación Española de Pesca, el consumo de pescado se ha reducido en diez años en un 19 %.

Beiro menciona la recomendación de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), que pauta que un consumo razonable de pescado puede estar entre 3 o 4 raciones a la semana. La nutricionista Blanca Couce (@midietaenlamaleta), no obstante, recuerda que «en la dieta atlántica y la mediterránea tenemos un consumo más elevado de pescado, y por eso es cierto que estamos más expuestos que en otras zonas a metales perjudiciales como el cadmio o el mercurio, pero comer pescado hasta cuatro veces a la semana es seguro». ¿Cuándo podemos correr algún tipo de riesgo? «Si comemos dosis mucho más elevadas y, especialmente, nos alimentamos de marraxo o cazón, atún rojo o pez espada».

Según explica esta especialista, el problema del metilmercurio, que tiene consecuencias especialmente nocivas en las primeras etapas de la vida, «es que puede ser tóxico para el sistema neurológico, el sistema inmune o el sistema cardiovascular». Traducido, esto puede implicar  trastornos neurológicos y del comportamiento, con síntomas como temblores, insomnio, pérdida de memoria, efectos neuromusculares, cefalea o disfunciones cognitivas y motoras. El cadmio, que está más presente en crustáceos («concretamente en la parte oscura, por eso no se recomendó hace unos meses chupar las cabezas de las gambas», comenta Couce), pero también en champiñones, patés o champiñones, es un metal que la Agencia Internacional de Investigación contra el Cáncer ha catalogado como cancerígeno. Su consumo tiene efectos tóxicos, pudiendo afectar a la función renal y provocar desmineralización de los huesos. No obstante, de nuevo habría que llevar a cabo ingestas elevadísimas de los productos mencionados anteriormente para que suponga un peligro para nuestra salud.

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