Así era España antes del «realfooding»

SABE BIEN

Empanado y refinado (no precisamente por lo delicado de su aspecto) eran los apellidos de muchos de los platos que más se consumían en España en los 80 y 90. Nos damos un paseo por las elaboraciones más «vintage» que, algunos, aún cocinan con nostalgia

21 ene 2021 . Actualizado a las 15:36 h.

Tras una época ominosa en cuestión alimentaria, es comprensible que las familias españolas buscasen color y edulcorante en sus platos. Según la FAO, en los años 60 el consumo de hortalizas, patatas y cereales gobernaba la dieta de la sociedad, y solo el 6,3 % de los menús incluían carne o pescado. Con el paso de los años y el aperturismo que también vivió nuestro país, la cocina encontró sus propias chorreras, hombreras y cardados en forma de suculentas recetas que, hoy, aún se consumen en algunas casas en un canto a la nostalgia y, también, por qué no decirlo, al sabor. Sin embargo, en plena revolución realfooder muchas de estas elaboraciones serían enviadas directamente a la hoguera. Empanado, refinado (y no precisamente por lo delicado de su aspecto) y procesado son algunos de los términos que van de la mano de los platos más consumidos de los ochenta y los noventa. Como en la moda, hay veces que ciertas prendas es mejor que hayan quedado atrás, aunque de nuestra mente (y a veces del mantel) no se hayan ido del todo.

Los macarrones con chorizo son el epítome de esta situación. Quien más, quien menos continúa disfrutando del plato de hidratos de carbono más españolizado que, por cierto, popularizó el gastrónomo y exalcalde de A Coruña Manuel María Puga, por todos conocido como Picadillo. De la mano de este económico embutido se arreglaron cenas, comidas, recenas y todo lo que uno se pueda imaginar siempre, para disgusto de los italianos, en una versión blandengue donde los macarrones casi podían convertirse en láminas de lasaña. Para la salsa, multitud de variantes: desde los que ya apuntaban maneras y se decantaban por una rica versión casera hecha con gusto a los que tiraban de la elaboración precocinada; que para algo estábamos entrando en Europa. Y éramos modernos y resueltos. 

Y para moderno aquel filete de pollo con apellido francés. La pechuga Villeroy, que requiere de una técnica y tiempo que pocos millennials están dispuestos a invertir, también se hizo un hueco en multitud de casas españolas. Aunque eso sí, en muchos hogares se hacía, a falta de una aclaración de Google, con bechamel; y lo cierto es que la salsa villeroy (léase vileruá) es una de las hijas de esta salsa. Pero no es lo mismo. La que aquí es menester, para cumplir a rajatabla, debe llevar también clara de huevo y algún queso, por lo general Gruyère.