Platos demodé que nunca deberían resucitar

Hay veces que las modas, cuanto más efímeras, mejor;  la cocina no se libra de este axioma. Que se lo digan sino a la época en la que en los eventos lucían hermosos cócteles de gambas y el rey de las meriendas era el bocata de chorizo con mantequilla


Parece impensable, pero seguramente algún día las tostadas de aguacate con semillas de lino y los porridge acaben condenados al ostracismo. Aunque Instagram y los locales más cool se empeñen en vendernos estas recetas como si de la última Coca-cola del desierto se tratase, lo cierto es que todo hace pensar que acabarán corriendo la misma suerte que el cóctel de gambas, la mortadela con aceitunas, el petit suisse de fresa y plátano o las varitas de merluza. Lo poco gusta y lo mucho cansa y, en diferentes contextos y décadas, lo cierto es que todos estos productos vivieron un bum que la Generación Z, (esa que todavía viene detrás de los modernísimos millennials) no controla. Ni ganas. 

Pasados de moda, a veces por su tosca estética, y otras por incluir mezclas imposibles, aunque lo vintage esté de moda, hay clásicos que a veces es mejor dejar en el olvido, o no.

El cóctel de gambas

Es la hombrera de la gastronomía. El cardado de las cenas de Navidad. El recuerdo de una época llena de excesos en todos los sentidos. Mezclado con otro material inflamable como es la salsa rosa,y frutas antes tan exóticas como la piña, el cóctel de gambas era un indispensable de los eventos de postín de los 80. Hoy todavía hay nostálgicos que tiran de este invento para deleitar a sus comensales en cumpleaños algo rancios, pero es mejor guardar la receta para fiestas de temática casposa.

Aspic

La gelatina revolucionó la gastronomía. En algunos casos, de manera algo atroz. Sobre todo por culpa del aspic, la sustancia empleada para elaborar platos fríos de todas las verduras que quepan en nuestra imaginación, frutas o foie-gras. El futuro parecía aquello: alimentos encapsulados, creando una sensación de horror vacui indescriptible que, a continuación, habría que llevarse a la boca.

Hígado encebollado

Hubo una época en la que el hígado, y las vísceras en general, no tenían la mala fama con la que cuentan hoy en día, sobre todo entre el público infantil. En el caso de esta típica receta de la mayoría de casas españolas de hace treinta años (cuando no había leche de avena, bayas de Goji o seitán en las estanterías de nuestras cocinas), más bien fue el hartazgo lo que hizo que estos jovencitos, ya de adultos, abandonaran definitivamente esta fritanga que, como tal, además mancha lo suyo. Y en el mundo 2.0 el tiempo vale su peso en oro.

Postre pijama

Por separado, muchas de las elaboraciones de este nada minimalista plato ya son de por sí viejunas. El almíbar y la nata a borbotones tampoco ayudan en ese totum revolutum. Pero es verdad que el mix es curioso y, sobre todo, perfecto para indecisos. En la actualidad son pocos los restaurantes que aún mantienen la tradición de servir este postre (sí lo hace el restaurante donde se creó esta mezcolanza: 7 Portes, en Barcelona). Y más de uno lo lamenta.

Bocata de chorizo y mantequilla

Los niños gallegos de los noventa crecieron viendo el Xabarín Club con un bocata de chorizo en la mano. Y la mayoría de las veces, el manjar llevaba mantequilla. Eso de que hay que cortarse con los embutidos y las grasas poco saludables no era para los padres de la época, que endiñaban al niño media barra de pan y salía más hermoso que un sol. Aunque hoy parezca impensable que los más pequeños puedan crecer alimentándose de chorizo y su hermana bastarda, la mortadela con aceitunas, algunos dicen que tuvieron una infancia feliz. Dicen.

Limones rellenos de helado

Aunque aún se mantiene en pie junto a la copa Brasil en bares de carretera de todo el país, lo cierto es que la demanda de este postre ha ido cayendo a pasos agigantados en las últimas décadas. De aspecto no muy delicado y con cantidades considerables de helado en su interior, ha llevado peor el paso del tiempo que postres igual de míticos como la tarta al whiskey o las natillas.

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