Un adelanto electoral forzado por un error estratégico de Pedro Sánchez

El líder socialista se equivocó al presentar las cuentas públicas, pero ahora aprovecha la foto de las tres derechas y la crisis de Podemos

Imagen de los ministros tomada por Meritxell Batet mientras observaban la comparecencia de Pedro Sánchez
Imagen de los ministros tomada por Meritxell Batet mientras observaban la comparecencia de Pedro Sánchez

MAdrid / La Voz

El intento de Pedro Sánchez de agotar la legislatura con una estrategia basada en situar el diálogo como la solución al problema de Cataluña frente un Gobierno del PP al que acusaba de ser el culpable de la cerrazón y el desafío independentista ha fracasado. El líder del PSOE se ha visto obligado a admitir que la mayoría que forjó en contra de Rajoy no implicaba que contara una mayoría estable en el Parlamento.

¿Qué ha llevado a Sánchez a tener que convocar elecciones?

En un Gobierno en el que prácticamente todas las decisiones se han basado en un cálculo estratégico, la disolución de las Cortes y la consiguiente convocatoria de elecciones ha estado motivada precisamente por un error de estrategia. La voluntad clara de Sánchez era agotar la legislatura. Consciente de que una derrota parlamentaria en los Presupuestos le impediría conseguir ese objetivo, en octubre del 2018, cuando veía imposible lograr una mayoría para aprobar las cuentas públicas, afirmó, literalmente, que no iba a «a marear a los españoles» presentado unos Presupuestos para que no fueran aprobados y se mostró dispuesto a continuar con los de Rajoy gobernando a golpe de decreto. Pero, tras el vuelco en Andalucía, abrió las negociaciones con los independentistas y se convenció de que podría aprobarlos por el miedo de estos a un Gobierno de la derecha. Eso le llevó a presentar unos Presupuestos que han acabado siendo su tumba política tras la derrota en el Parlamento. De no haberlos presentado, seguiría gobernando.

 ¿Por qué renuncia al superdomingo electoral?

El llamado superdomingo electoral, que habría supuesto celebrar conjuntamente las elecciones locales, autonómicas, europeas y generales, era sin duda para Sánchez la mejor opción para movilizar masivamente al electorado socialista. Y, sobre todo, para garantizarse que los barones del PSOE, la mayoría con escasa afinidad política con sus planteamientos, se vieran forzados a remar a favor del Gobierno durante la campaña. Pero, al menos en eso, ha acabado cediendo. No obstante, el peligro de contaminación de ambos procesos continúa. En primer lugar, porque será imposible que se forme Gobierno en España antes de que se celebren las elecciones del 26 de mayo, ya que nadie querrá mojarse antes con posibles pactos. Pero, a pesar de ello, un mal resultado de Sánchez en las generales de abril tendría un efecto arrastre en las autonómicas. Sería muy difícil darle la vuelta en un mes a los discursos que marcarán la campaña de abril. Y al contrario, un éxito de Sánchez catapultaría las opciones de los barones que ahora reniegan de su jefe de filas en el partido.

 ¿La llamada a las urnas supone una ruptura con el independentismo?

No. El acto de anuncio de la fecha dio una idea clara de por dónde va a conducir Sánchez su discurso en los próximos días. Lo que se anunció como una «declaración institucional» en la Moncloa acabó convertido en un mitin de media hora que abría de facto la campaña lectoral. Pero, aunque trató de presentarse como un presidente moderado y dialogante al que unos y otros no le han dejado culminar un proyecto político que beneficia a los más débiles, las críticas se centraron mucho más en el PP y Ciudadanos que en los independentistas, que son los que a la postre tumbaron sus Presupuestos. Eso indica que Sánchez no quiere romper los puentes con el secesionismo, consciente de que, aunque gane las elecciones, la caída de Podemos haría imposible un Gobierno de izquierda que no pase por un nuevo pacto con los secesionistas.

 ¿Ha pesado el interés en aprovechar el discurso de «las tres derechas?

Sí. Y es una de las claves. Aún con la derrota en los Presupuestos, Sánchez podría haber continuado unos meses más cargándose de razones y aprovechando para aprobar medidas sociales. Pero la manifestación en Madrid, en la que los presidentes del PP, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Albert Rivera, se retrataron con Santiago Abascal, líder de una extrema derecha extraparlamentaria, y que desde el punto de vista del Gobierno fue un fracaso de convocatoria, han llevado a los estrategas de Moncloa al convencimiento de que era mejor llamar a las urnas cuanto antes para mantener viva la imagen de una derecha «trifálica» en palabras de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, y aprovechar el miedo a la ultraderecha ocupando el espacio de centro.

 ¿Por qué no apuesta por pactar con Ciudadanos ?

Sánchez es consciente de que cabe la posibilidad de formar Gobierno con Ciudadanos si este partido alcanzan un excelente resultado. Pero apuesta mucho menos por esa posibilidad, porque es consciente de que Albert Rivera no podría apoyar jamás un Gobierno de coalición con los socialistas sin exigir antes la renuncia de aquel a quien ha acusado de traicionar a todos los españoles con pactos ocultos con el separatismo. Aún así, tampoco acaba de cegar esa vía, y de ahí que ahora haga hincapié en que, lejos de pactar con el secesionismo, se ha plantado antes sus exigencias y le ha parado los pies.

 ¿Perjudicará a la derecha la dispersión del voto?

En teoría, debería ser así. Pero no está claro. La experiencia en Andalucía demuestra que la subida espectacular de Vox no se compensa con la pérdida de votos del PP y de Ciudadanos, lo que indica que ese discurso de extrema derecha moviliza a una buena parte del electorado conservador que en pasados comicios se quedaba en casa porque no estaba de acuerdo con el PP, pero tampoco veía alternativa. Eso puede llevar a que la suma del espacio que va desde la extrema derecha de Vox al centroderecha de Ciudadanos aumente en voto, y sobre todo en escaños, en lugar de disminuir.

 ¿Influye la situación de Podemos en el adelanto?

. La rápida llamada a las urnas trata de aprovechar la crisis de Podemos y sus confluencias. Con el cisma interno provocado por Íñigo Errejón abierto en canal, y con Iglesias de baja por paternidad, Podemos tiene muy difícil recuperar posiciones en unos sondeos que le sitúan en caída libre. Además, Sánchez tenía claro que el partido morado no le serviría de apoyo para continuar su mandato, ya que los de Iglesias habían anunciado que estaban dispuestos a dejarle solo en el Congreso sin convalidar ni siquiera sus decretos más sociales para no hacerle la campaña.

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