¿Pueden los móviles ser el arma definitiva contra el coronavirus?

Corea del Sur consiguió controlar la curva con la ayuda de una aplicación, tecnología a la que recurren ahora otros países, y en España ya hay una versión paraoficial similar


Redacción / La Voz

El número de líneas móviles ya supera a la población mundial. ¿Y si fuera el aparato que llevan en el bolsillo millones de personas, jóvenes y mayores, la solución definitiva contra el coronavirus? Lo fue en el caso de Corea del Sur, que se apoyó en una aplicación para conseguir controlar la curva. Con más de 51 millones de habitantes, el país asiático marcó un precedente al implantar una app desarrollada por el Ministerio del Interior que permite tener localizados mediante el GPS del móvil y controlados a los infectados para que no se salten el confinamiento y evitar la propagación.

A medida que el COVID-19 se fue extendiendo por el planeta, otros países han recurrido a una app (parecida o no a la anterior) para hacer frente al nuevo virus. En China emplearon aplicaciones de rastreo mediante teléfonos móviles para localizar a los posibles contagiados, a través de una fórmula más lesiva que la anterior para la privacidad de las personas. Y el gobierno de Turquía anunciaba ayer que los pacientes afectados por el COVID-19 tendrán que instalar obligatoriamente una app en sus smartphones para comprobar que no abandonan sus domicilios y respetan las normas de aislamiento. Hay muchos otros ejemplos y en los últimos días han surgido cientos de aplicaciones, oficiales y no oficiales, relacionadas con el coronavirus.

El Gobierno de España lanzaba también su propia app contra el nuevo virus, llamada AsistenciaCOVID-19. En este caso, la geolocalización del usuario es opcional y la herramienta sirve fundamentalmente para la autoevaluación en el caso de que una persona crea tener síntomas. Por el momento, el servicio está disponible solo en cinco comunidades autónomas adheridas: Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Extremadura y Principado de Asturias.

En Galicia, la Xunta ha optado por un formulario online que proporciona proporciona una serie de recomendaciones y medidas en función de los resultados.

Entre los proyectos españoles surgidos al margen de las vías oficiales, destaca una app que mezcla el sistema utilizado en Singapur y en Corea del Sur. Se trata de Open Coronavirus, creada por un equipo de desarrolladores y técnicos liderados por la investigadora clínica Aurelia Bustos. La herramienta propone un confinamiento selectivo en vez de masivo, tal y como explicaba esta misma tarde en televisión Antonio Párraga, ingeniero creador de la aplicación, a Risto Mejide en Cuatro.

«Es una aplicación para el desconfinamiento», decía Párraga, sustentada sobre la idea de que hay tres grupos poblacionales: los sanos, los enfermos y los asintomáticos. A través de un test diagnóstico, se clasifica la población en uno de estos tres estadios. El objetivo es garantizar la libre circulación de aquellos que no suponen un riesgo, al tiempo que se mantiene aislados a los pacientes afectados por el COVID-19. A su vez, la aplicación es capaz de localizar a las personas con las que han tenido contacto y que podrían estar infectadas.

¿Cómo? En función de la fuerza de la señal del Bluetooth, hace una estimación de distancia respecto a otros dispositivos en los que se haya descargado la app. Cada cinco segundos hace un rastreo y queda registrado «con quién me he cruzado casualmente y con quién he estado», apuntaba Párraga, quien insistía en que se mantiene la privacidad, «en el sentido en que no llego a saber ningún dato de ningún ciudadano anónimo», y el almacenamiento de datos es por un tiempo limitado. Mantener activado el sistema permanentemente no implicaría tampoco agotar la batería del móvil de forma automática, apuntaba, pues «usa un protocolo especial que gasta muchísima menos energía, porque realmente no te llegas a conectar con las otras personas».

Open Coronavirus es una aplicación de código abierto. «De hecho -apuntaba el ingeniero-, nos está costando dinero desarrollar este producto, pero en este momento hacer negocio con esto no está en nuestra cabeza». Eso sí, la efectividad de esta app dependería, al igual que el modelo surcoreano, de la realización de tests de detección del virus para confirmar los casos y poder descubrir otros contagios derivados de este.

Constitución y OMS

Ante el fenómeno de las apps móviles contra el coronavirus surgen también voces críticas. Hay quien recuerda que, en muchos casos, podrían vulnerar un derecho constitucional. En concreto, el artículo 18.4 de la Carta Magna española, que dice que «la ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos».

Por otra parte, están los que defienden que ante la pandemia mundial habría que dar una oportunidad a estas herramientas tecnológicas, ya que unidas al sistema sanitario podrían resultar clave para frenar la expansión del COVID-19. Y, si procede, levantar el celo que hay sobre la cesión de datos personales (como la ubicación, relaciones privadas, etcétera) de forma excepcional y en un caso justificado como este.

Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) trabaja en una aplicación abierta para Android e iOS en la que ofrecer recomendaciones individualizadas y adaptadas a cada región. Estará disponible en seis idiomas (árabe, chino, español, francés, inglés y ruso).

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