Galicia gasta más de 10 millones al año en glifosato solo en el uso agrario

Las alternativas al herbicida de amplio espectro están poco extendidas y resultan más caras

Es eficaz, rápido y barato. Por eso el glifosato es el herbicida más extendido en Galicia. Sin embargo, su continuidad en el mercado está en entredicho. La Unión Europea estudia prohibirlo por sus efectos en la salud. Aunque no hay unanimidad científica sobre su toxicidad y consecuencias sanitarias, en los últimos años se ha ganado un ejército de detractores, tras ser declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) un producto «probablemente cancerígeno» para el ser humano. Su prohibición supondría un duro revés para muchos productores, que a día de hoy no encuentran una alternativa rentable a este compuesto químico. Lo cierto es que el glifosato mueve actualmente cifras astronómicas. Solo en el uso agrario, Galicia gasta más de 10 millones al año en este potente herbicida de amplio espectro, cuyo precio en el mercado está entre los 5 y los 11 euros el litro, en función de la marca.

Si bien no existen datos oficiales sobre sus ventas en Galicia, teniendo en cuenta que según Eurostat y el Banco Mundial se emplean anualmente una media de 5,1 kilos de pesticidas por hectárea y en Galicia hay unas 500.000 (el último censo del IGE cifra la superficie agraria útil en 655.519 hectáreas, aunque existe una pequeña parte de cultivos que no se tratan con químicos) y que los expertos indican que más de la mitad de los agricultores gallegos comulgan con el glifosato, al menos 1.275.000 kilos del compuesto rocían el campo cada año.

Los grandes perjudicados

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Glifosato, de ángel de los agricultores gallegos a demonio de los apicultores Galicia gasta más de 10 millones al año en glifosato de uso agrario pero la Unión Europea baraja prohibir este herbicida que la OMS declaró «probablemente cancerígeno»

Socio de una cooperativa láctea en Mazaricos, José Manuel Fernández Villar no solo se muestra contrario al destierro del glifosato sino que considera que sería la ruina para muchas explotaciones. «Co sistema actual de manexo da terra que hai nas explotacións intensivas é pouco menos que imprescindible dispoñer do glifosato ou dun herbicida total similar. O contrario sería unha redución importante da superficie de cultivo e, por suposto, tamén da súa produción. Cousas que, a día de hoxe, son impensables tendo en conta a escasa marxe de beneficio na que nos movemos», dice.

Este ganadero dispone de una base territorial superior al centenar y medio de hectáreas en las que siembra hierba para ensilado y maíz de forma alterna. El glifosato lo emplea, tal y como señala, para facilitar la transición entre un cultivo y otro: «Antes de sementar o millo, temos que queimar a pradería cun herbicida porque, do contrario, somos incapaces de controlar as malas herbas».

Pero las utilidades del producto van mucho más allá y también se aplica para la renovación de las praderías una vez estas han agotado su ciclo productivo, así como para la limpieza de cunetas tanto por particulares como por administraciones públicas. La economía es un factor clave, porque el ahorro es notable con el glifosato. Según los cálculos que hizo en su día la Diputación de Ourense, el coste de limpiar con métodos mecánicos los márgenes de los 1.840 kilómetros de las carreteras de su propiedad sería de 581.915 euros y la misma operación con el glifosato cuesta 87.344 euros.

Pese a ello, en los últimos años han sido varios los concellos gallegos que se han declarado libres de glifosatos, como A Coruña, Ourense o Santiago, entre otros. El destierro del herbicida es posible, como ya se hizo en la muralla de Lugo y han demostrado en Ponteareas y Ames, donde se ha optado por la limpieza manual de los jardines y cunetas. Muy cerca de allí, en Teo, buscaron una solución a medida: siguen usándolo en zonas concretas, en las que el contacto con las personas es mínimo (como medianas), al tiempo que han ido probando otras alternativas, entre ellas el vinagre de etanol al 30 % que, al parecer, resulta efectivo pero solo cuando hace mucho calor.

Información elaborada con la colaboración de Emma Araújo, Cándida Andaluz y Miguel Cabana.

«Nós recomendamos desbrozar e non usar químicos»

m. a.

En la denominación de origen Rías Baixas explican que el uso del glifosato no es demasiado habitual. «En xeral, os herbicidas úsanse moi pouco», explica Alberto Barral, director técnico de la cooperativa Condes de Albarei. Sostiene que ellos suelen aconsejar a sus viticultores «que desbrocen as fincas», por lo que de ser prohibido este producto, «nós non seríamos dos máis afectados».

 

«O uso do glifosato na viña é moi residual», añade Barral. Desbrozar la tierra suele ser la primera opción para buena parte de los viticultores, sobre todo, porque sus parcelas son de pequeño tamaño. Solo en aquellas esquinas «nas que non chega o tractor úsanse eses tratamentos». Este herbicida suele estar más presente en viñedos «donde hai grandes explotacións e que teñen espaldeiras, porque alí é máis difícil chegar coa maquinaria», añade. En fincas pequeñas, donde la vid crece en emparrado, los agricultores utilizan el tractor para eliminar la hierba no deseada.

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Un producto de acceso limitado y sujeto a multitud de controles

x. R. alvite

El glifosato y, en general, todos los productos fitosanitarios que se utilizan en el campo gallego están sujetos a una estricta vigilancia que garantiza su uso adecuado. La actual normativa no solo establece controles sobre los manipuladores o vendedores sino también sobre la maquinaria que se utiliza para su aplicación, las fincas en las que se emplea e incluso sobre el destino de los envases vacíos. Del mismo modo, también existe un registro público, el Registro Oficial de Productores y Operadores de Medios de Defensa Fitosanitaria (ROMO), en el que figuran todos los agentes autorizados a manipular este tipo de productos químicos.

Con carné profesional

Desde hace dos años resulta imposible adquirir glifosato sin presentar un carné profesional que acredite conocimientos básicos para su manipulación. Para obtenerlo es necesario superar un curso de 25 horas de duración, de las cuales nueve son prácticas. En el caso de explotaciones agrícolas con empleados, la formación obligatoria de sus titulares se amplía hasta las 60 horas.

La única excepción en estos casos son los productos denominados JED (jardinería exterior doméstica), destinados al uso aficionado y que se presentan en envases de tamaño reducido.

Registro de ventas y fincas

A día de hoy existe una total trazabilidad del glifosato, desde el punto de venta hasta su aplicación. De hecho, las comerciales agrícolas deben mantener un libro diario en el que hacen constar todas las ventas de este tipo de productos, así como sus marcas comerciales, cantidades y número de identificación del agricultor que los adquiere. Este, a su vez, también está obligado a completar un registro en el que se relacionen todas las aplicaciones que lleve a cabo haciendo constar, entre otros datos, el tipo de producto, en qué finca lo empleó y la cantidad usada.

Inspecciones

La creciente preocupación porque la aplicación de productos fitosanitarios se realice con las máximas garantías sobre la salud humana y el medio ambiente ha motivado el desarrollo por parte de las administraciones públicas de normas técnicas y reglamentaciones que avalen un uso más seguro y sostenible. 

Tanto es así que se establece un marco de inspecciones periódicas para los equipos de pulverización para comprobar desde las boquillas, los tubos o mangueras por los que pasa el producto hasta los elementos mecánicos que dan presión al aparato.

Envases vacíos

El control sobre el uso del glifosato se extiende incluso a los envases vacíos. Estos siguen considerándose tóxicos, por lo que deben ser eliminados por un gestor autorizado. Los agricultores están obligados a entregarlos en los denominados puntos Sigfito, desde donde se trasladan a distintas plantas en las que se les da un adecuado tratamiento medioambiental.

Jesús López, apicultor: «Lo echaron cerca y acabó con una decena de mis colmenas»

P. C.
El apicultor mariñano Jesús López Pernas perdio parte de sus colmenas en Ourol
El apicultor mariñano Jesús López Pernas perdio parte de sus colmenas en Ourol

Asegura que su aplicación en un eucaliptal próximo también hizo mella en la fauna silvestre

Jesús López Pernas es un apicultor mariñano que vio cómo su enjambre mermaba de forma casi repentina. Sucedió el año pasado, en primavera. Está seguro de que el glifosato fue el culpable. «Lo echaron cerca, en un eucaliptal que estará a unos cien metros de mi finca para quemar la maleza, y acabó con una decena de mis colmenas», relata.

Tiene más de 70 y va alternando la producción de miel entre los municipios lucenses de Ourol y el de Viveiro. «Es mi afición de siempre, las colmenas ya son heredadas», explica con voz animosa. Y, aunque la producción que saca de ellas es de uso primario y, fundamentalmente para el autoconsumo, afirma que fue un golpe duro. Uno más, dice, porque son muchos los frentes abiertos. Especialmente en los últimos años, con amenazas químicas y biológicas, como la velutina, la nueva enemiga de las abejas gallegas.

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Los países de la UE, divididos

M. F.

La Unión Europea tiene la palabra sobre la continuidad del glifosato, pero no hay unanimidad y el plazo de decisión se acaba.

¿Cuándo finaliza la licencia en la UE?

La fecha del vencimiento es el 15 de diciembre, si no se renovara una prórroga, el glifosato tendría que ser retirado del mercado en toda la Unión Europea.

¿Qué votó el Parlamento europeo?

Los eurodiputados aprobaron a finales de octubre una resolución en la que se pedía la eliminación de este herbicida en un plazo de cinco años. Pero la decisión no es vinculante. La Comisión Europea será la encargada de dar vía libre al glifosato hasta el 2022 o cerrarle sus puertas, decisión que debatirá este mismo jueves.

¿Por qué aplazó la decisión la Comisión?

Porque en la reunión celebrada para afrontar este asunto quedó patente que no hay acuerdo entre los países. Se posicionaron a favor del veto España, Bulgaria, Dinamarca, Estonia, Irlanda, Chipre, Letonia, Lituania, Hungría, los Países Bajos, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Finlandia y el Reino Unido. Apoyaron la prohibición Austria, Bélgica, Croacia, Francia, Grecia, Italia, Luxemburgo, Malta, Eslovenia y Suecia. Y se abstuvieron Portugal y Alemania. En el 2016, la Comisión Europea había propuesto ampliar la autorización del glifosato durante 15 años más, pero finalmente desistió debido al rechazo que generó la iniciativa entre la opinión pública. Tendrá que haber una decisión antes de que acabe este año.

¿Algún país plantea medidas unilaterales?

El Gobierno francés anunció el pasado septiembre que prohibirá el glifosato independientemente de la resolución de la Unión Europea. El portavoz del Ejecutivo galo, Christophe Castaner, aseguró que antes de que finalice el mandato del presidente Emmanuel Macron, en el 2022, ese herbicida estará prohibido en todos sus usos. Agricultores franceses criticaron la medida y anunciaron que se opondrán.

¿Qué dicen las autoridades sanitarias?

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, un organismo que depende de la ONU, clasificó el glifosato como un «carcinógeno probable» en el 2015. California lo incluyó este mismo año en su lista de productos cancerígenos. Estos son los argumentos que usan organizaciones ecologistas como Greenpeace para impulsar campañas contra su utilización. Pero también hay investigadores científicos que cuestionan estas conclusiones. Otro panel de expertos de la OMS y la FAO publicó el informe Joint Meeting Pesticide Residues, un estudio que indica que es poco probable que este herbicida pueda provocar cáncer.

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Galicia gasta más de 10 millones al año en glifosato solo en el uso agrario