«Influencers» bajo el yugo de la ley: Autocontrol quiere poner coto a su publicidad encubierta

Laura García del Valle
Laura G. del Valle REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

MABEL RODRIGUEZ

Órganos competentes alertan de que la mayoría de los prescriptores cruzan este umbral. Los expertos piensan que la forma de evitar la controversia es «avanzar a base de multas»

10 feb 2020 . Actualizado a las 10:14 h.

«Esas zapatillas no son nada tu estilo, cómo se nota que ya te han pagado los 3.000-4.000 euros que cobras por post y nos pretendes vender lo que sea siempre». Este mensaje acompaña una de las fotos del muro de Instagram de quien puede considerarse una reina de las influencers. La foto da que pensar. Una zapatilla de deporte y el título «En días grises...» parecen indicar que se trata de un contenido pagado. La sospecha se convierte prácticamente en una confirmación cuando uno pulsa la imagen y descubre la etiqueta de la marca en cuestión; esa que permite que uno acuda raudo y veloz a adquirir la deportiva que luce su prescriptora favorita. Solo faltaba comprobar que la joven, que cuenta con más de un millón de seguidores en esta red social, tuviese un vínculo profesional con la compañía. Efectivamente. Quien no maneje las redes sociales puede pensar que se trata de un caso aislado pero, en cambio, aquellos que bucean habitualmente por las cuentas de unos chicos y chicas que se han convertido en gurús de la alimentación, la moda o el fitness saben bien que, como define el abogado especializado en márketing digital Alejandro Sánchez: «Instagram es ahora una valla publicitaria». Pero demasiado opaca.

Solo con echar un vistazo a las últimas publicaciones de los mandamases 3.0 salen las cuentas. Las mismas que comienzan a crispar a los organismos que regulan la publicidad en nuestro país. Patrocinios sin identificar e imágenes con productos -elogio mediante- que no casan con los intereses habituales del influencer (¿cuántos promocionan comida ultraprocesada y se jactan de llevar una vida saludable?) demuestran lo que acaba de revelar con datos la compañía Samyroad: que el 36 % de los prescriptores digitales no etiquetan el contenido publicitario en Instagram.

Como ya ocurriera con la televisión, y las millonarias multas que tuvieron que asumir cadenas y productoras por intentar colar como product placement -mostrar un producto como parte de la historia que se está desarrollando- lo que es en realidad publicidad encubierta, ahora los castigos acechan al entorno digital. El primer aviso lo sufrió la influencer Paulina Eriksson hace unos días. El Jurado de la Publicidad del organismo Autocontrol -encargado de velar por que los anunciantes cumplan los códigos de conducta publicitarios- advirtió a esta sueca afincada en Marbella que su imagen posando con unos auriculares inalámbricos, cómo no, con la marca etiquetada, vulneraba la normativa porque no advertía a sus seguidores de que se trataba de un contenido promocional. Pese a que la tarjeta amarilla hizo saltar la liebre, lo cierto es que ya existe una normativa que los influencers tienen que cumplir.