Galicia retorna al wolframio

En la comunidad hay tres explotaciones que se preparan para extraer un metal considerado estratégico para la UE; Bruselas se ha propuesto evitar el monopolio de China en este mineral

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Redacción / La Voz

El wolframio o tungsteno es un metal contradictorio. Ha servido para alumbrar hogares de todo el mundo al ser el material base de los filamentos de las bombillas. Al mismo tiempo, su altísima densidad y dureza, con la temperatura de fusión más elevada de todos los metales (3.410 grados), lo hicieron -aún lo es- imprescindible para crear aleaciones muy resistentes para el armamento militar. Ha servido por tanto para el bienestar de millones de personas, pero también para la destrucción. En la industria también se utiliza en maquinaria de corte de todo tipo de metales, teléfonos móviles, circuitos eléctricos y distintos medios de transporte como trenes o aviones. Sin duda se trata de un material multiusos, crucial para las sociedades avanzadas.

Su esplendor como elemento cotizado en la minería empezó en la Primera Guerra Mundial, continuó con la Guerra Civil española, se disparó a partir de la Segunda Guerra Mundial y siguió hasta la década de los cincuenta para alimentar la guerra de Corea. Pero más adelante esta industria extractiva, con filones muy importantes en el noroeste de España, especialmente en Galicia, Portugal, Extremadura o las provincias occidentales de Castilla y León, decayó irremediablemente. La comunidad gallega, en cualquier caso, sigue teniendo buena parte de las reservas más importantes de este metal, muy difíciles de explotar al estar en vetas muy estrechas. Aunque existen 45 minerales con trazas de óxido de tungsteno, solo la wolframita y scheelita tienen interés económico.

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Ahora la minería del wolframio resurge de sus cenizas, aupada por la nueva estrategia de Bruselas para que Europa no sea dependiente de estos materiales y pueda tener cierta autosuficiencia con respecto a China, el país que ha lanzado una especie de conquista minera del mundo. El wolframio, junto con el estaño, son dos elementos considerados estratégicos o «críticos» por la Unión Europea. Como en los tiempos de las guerras mundiales, el precio del tungsteno se ha disparado, en buena medida por el temor al monopolio chino de esta materia prima, pues como en el caso de las tierras raras -un grupo de 17 elementos de gran valor para la tecnología informática y la telefonía-, Pekín controla más del 80 % de la producción mundial, unas 87.000 toneladas en el 2015. Y ya intentó restringir el comercio mundial con cuotas de exportación, contra el criterio de la Organización Mundial del Comercio. «China tiene un gran poder en lo que respecta a los minerales, es un país inmenso y tiene un gran poder extractivo, así que produce mucho de todo», explica Manuel Regueiro y González-Barros, del Instituto Geológico y Minero de España.

La Comisión Europea quiere evitar esta dependencia de la potencia asiática, por eso apoya con incentivos la producción de wolframio y otros minerales estratégicos, aunque esta política choque a menudo con algunas legislaciones estatales muy garantistas con el impacto ambiental de la minería. De ahí que en el 2010 declarara este metal como materia prima estratégica por el alto riesgo en la interrupción del suministro. Esta declaración sirve para incentivar proyectos de investigación para una minería más sostenible.

El potencial minero de Galicia

Ester Boixereu Vila y Pedro Delgado Arenas

El aislamiento mediante reducción al estado metal del wolframio en el siglo XVIII por dos ingenieros de minas españoles, los hermanos Juan José y Fausto Elhuyar, fue un acontecimiento de primera magnitud en los ambientes científicos y culturales de la época. Sin embargo, en el descubrimiento del wolframio tuvo una destacada actuación un químico, Carl Wilheln Scheele, que realizó entre 1781 y 1784 una serie de investigaciones sobre el mismo tema. Este químico fue inmortalizado con la asignación, por Leonhard, del nombre de scheelita a la tungstita (wolframato de calcio) y el de scheelitina al wolframato de plomo.

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El renacimiento de la minería del wolframio tiene a Galicia como una de sus puntas de lanza, junto con el norte de Portugal, Salamanca o Extremadura. La producción gallega se interrumpió en el 2013 pero, según los expertos, el potencial gallego estaría muy por encima de la actual producción europea, que supone el 2,8 % de la producción mundial, concentrada en España, Portugal y Austria. En el 2012, Galicia pasó de producir 15,4 toneladas a 124,88, mientras que, por ejemplo, Salamanca produjo 1.480 toneladas en el 2014, según los datos de la publicación Panorama minero 2016.

Proyectos

En Galicia el renacimiento de la industria extractiva del wolframio lo encarna la reapertura de la gran mina de San Finx, en Lousame (A Coruña), por la sociedad Tungsten San Finx, perteneciente a Valoriza Minería, una empresa de Sacyr. Y también por el proyecto de la empresa Galicia Tin & Tungsten en Santa Comba, con la reapertura de la mina del Carmen, explotada hasta 1985, así como dos explotaciones a cielo abierto y otra más subterránea. Esta empresa pertenece al grupo Starboard GTT Holding, con sede en Hong Kong, lo que da una idea de la importancia de este material en la economía global.

Valoriza Minería, por su parte, prevé mecanizar la operación de la mina, «utilizando las técnicas más avanzadas disponibles en el mercado», explican fuentes de la empresa, al tiempo que se alcanzaría un coste de explotación competitivo con las minas de wolframio que son líderes a nivel mundial. «La tendencia de precios del wolframio desde el 2004 hasta la actualidad es positiva y se estima estable en los próximos años», explican en Valoriza.

En San Finx hay 21 concesiones vigentes hasta el 2068 que se adquirieron hace dos años y en las que se han invertido seis millones de euros para poner al día sus instalaciones y dar empleo a 45 personas y a otras 120 de forma indirecta e inducida, según los cálculos de la empresa. «El objetivo es alcanzar una capacidad de producción de 60.000 toneladas de mineral, con una producción de 280 toneladas al año de concentrado de wolframio y estaño, con una facturación de 3,3 millones de euros», explican fuentes relacionadas con el proyecto.

El problema es que el abandono de estas minas ha provocado que las galerías inferiores estén inundadas, por lo que se ha solicitado un permiso para que el agua pueda ser evacuada «de forma controlada y sostenible», un proceso que puede durar un año. La empresa se compromete, en cualquier caso, a llevar a cabo una explotación «sostenible y respetuosa con el medio ambiente. «Estamos en la fase ramp up, de arranque de la producción, y nos llevará alcanzar la extracción máxima dos años», explican en la filial de Sacyr.

Valoriza también cuenta con otra explotación, Tungsten San Juan, en Ourense, donde se ha completado una primera fase de exploración para aumentar los recursos y se procederá a iniciar la extracción a cielo abierto.

El filón que explotaron los nazis a cambio de apoyar a Franco

P. González
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«Pasaramos moitos sufrimentos na nosa guerra, pero foi precisamente outra guerra, a guerra de Europa, a que trouxo á nosa comarca unha luz de esperanza. Foi unha luz feita de cartos a eito, de ansia de vivir e de gastar, de gozar o que non se gozara en anos. Queriamos escapar da miseria da posguerra que nos rodeaba por todas partes e esquecer tanta desgraza como tiñamos pasado. Foi unha febre, a febre do volframio». A veces las mejores explicaciones de la realidad histórica surgen en obras de ficción, como este extracto de la novela Febre, de Héctor Carré, en la que se describe la importancia que tuvo la minería del wolframio en algunas zonas de Galicia como Barbanza, Lobios, Bergantiños, Xallas...

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