El filón que explotaron los nazis a cambio de apoyar a Franco


Redacción / La Voz

«Pasaramos moitos sufrimentos na nosa guerra, pero foi precisamente outra guerra, a guerra de Europa, a que trouxo á nosa comarca unha luz de esperanza. Foi unha luz feita de cartos a eito, de ansia de vivir e de gastar, de gozar o que non se gozara en anos. Queriamos escapar da miseria da posguerra que nos rodeaba por todas partes e esquecer tanta desgraza como tiñamos pasado. Foi unha febre, a febre do volframio». A veces las mejores explicaciones de la realidad histórica surgen en obras de ficción, como este extracto de la novela Febre, de Héctor Carré, en la que se describe la importancia que tuvo la minería del wolframio en algunas zonas de Galicia como Barbanza, Lobios, Bergantiños, Xallas...

La Alemania nazi encontró en la explotación del wolframio el pago perfecto por el apoyo de Hitler a Franco en la Guerra Civil, que en realidad también sirvió para que el Berlín fascista ensayara en España el bombardeo de poblaciones civiles. En este contexto, con una amplia dependencia en el wolframio para alimentar la frenética actividad armamentística alemana durante la Segunda Guerra Mundial, Galicia era el escenario perfecto por su riqueza en este material. Se trataba de construir aleaciones para blindajes cada vez más resistentes, así como proyectiles más destructivos.

Presos

La ayuda económica que supusieron estas explotaciones no puede esconder otra realidad cruel. En muchas de estas minas, como la de Casaio, en Ourense, se utilizaron presos políticos del bando republicano para trabajar las galerías subterráneas. Y algunos murieron por las pésimas condiciones en las que operaban.

En este contexto de colaboración económica, el Estado franquista y el nazi establecieron sociedades conjuntas de explotación, como Sofindus, bajo cuyo paraguas había 350 empresas, desde bancos, firmas de alimentación y varios consorcios relacionados con la explotación minera en Galicia.

En aquellos tiempos la comunidad gallega debía ser algo parecido al ambiente que se respira en la película Casablanca, con espías de los aliados tratando de evitar el acopio de wolframio para la maquinaria de guerra, y con espías alemanes tratando de afianzar la fuente de abastecimiento ante el bloqueo naval aliado, que impedía que les llegara el wolframio desde China o la India. En Portugal había minas explotadas por los ingleses muy cerca de las que tenían los alemanes. En Galicia, los nazis se centraron en la explotación del monte Neme, en Bergantiños, y en la zona de Casaio (Ourense), que se convirtieron prácticamente en su única fuente de suministro. Según algunas investigaciones, en estas minas llegaron a trabajar unas 20.000 personas, que en algunos casos recurrían al contrabando de este metal para aumentar sus reducidos ingresos.

Estados Unidos y el Reino Unido presionaron diplomáticamente a Franco para que cesara su abastecimiento de wolframio a la Alemania de Hitler, mientras que en Galicia surgían empresas y entidades financieras que crecieron al calor de la exportación del wolframio. Incluso llegaron a chantajear al Gobierno franquista con interrumpir el suministro de petróleo.

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