María Izquierdo, catedrática de nutrición: «Desayunar un croissant provoca un pico de glucosa muy fuerte que cuando baja solo produce más hambre»

VIDA SALUDABLE

María Izquierdo Pulido es directora del Departamento de Nutrición, Ciencias de la Alimentación y Gastronomía de la Universidad de Barcelona.
María Izquierdo Pulido es directora del Departamento de Nutrición, Ciencias de la Alimentación y Gastronomía de la Universidad de Barcelona.

Es académica en la Real Academia de Farmacia de Cataluña y explica que «desayunar, comer y cenar más tarde en el fin de semana se relaciona con sobrepeso y obesidad»

19 sep 2022 . Actualizado a las 18:00 h.

La alimentación, nutrición y el descanso están más relacionados de lo que pensamos. No solo importa el qué comemos, sino el cuándo lo comemos. Por eso, sentarse a la mesa es algo más que coser y cantar. La doctora María Izquierdo Pulido es licenciada en Farmacia, Catedrática de Nutrición, directora del Departamento de Nutrición, Ciencias de la Alimentación y Gastronomía de la Universidad de Barcelona y académica en la Real Academia de Farmacia de Cataluña. Además, ha investigado la importancia de los relojes circadianos en nuestros hábitos alimentarios. 

—En una de sus investigaciones habló del eating jet lag social, muy propio de España. ¿Cómo lo definiría?

—Sí, este término se acuñó en base al jet lag social, el cual tiene mucho que ver con los horarios a los que nos vamos a dormir, porque esto repercute en las horas en las que comemos. Durante la semana, nos acostamos a unos horarios más pautados que en el fin de semana.  Esta diferencia es el jet lag social, que fue acuñado por el profesor Ronenberg de la Universidad de Múnich. Es, por cierto, una variación más acusada en la gente vespertina, que son a los que les cuesta mucho levantarse por las mañanas, y en cambio, se ha visto que son más productivos, creativos e ingeniosos en las horas de la noche. Por el contrario, la sociedad se adapta mejor a los cronotipos matutinos. En cualquier caso, tanto el profesor Ronenberg, como nosotras, vimos que cuanto más jet lag social tenga una persona, mayor tendencia al sobrepeso y obesidad hay. Es así porque nuestros ritmos internos no están sincronizados con los ritmos sociales o de comidas. 

—Claro, pero ustedes introducen el término eating en su investigación. 

—Así es, porque nosotras lo extendimos a las horas de las comidas. Durante el fin de semana, no solo nos acostamos o despertamos más tarde, sino que también desayunamos, comemos y cenamos más tarde. Vimos que las personas que tienen este desfase se alejan más del patrón de dieta mediterráneo, y cuando está por encima de tres horas se relaciona con sobrepeso y obesidad en población joven española. Ellos son los que estudiamos y los que a su vez suelen tener más eating jet lag. Si esto sucede, los horarios internos no están alineados con los sociales y puede repercutir en nuestra salud. De hecho, se sabe que los vespertinos tienen mayores problemas de depresión, de incidencia de cáncer o de enfermedades metabólicas, y esto es porque viven en contra de su horario. 

—¿Cómo influyen los ritmos circadianos en nuestra alimentación?

—Nosotros tenemos un reloj interno, que son una serie de neuronas en el núcleo supraquiasmático que organizan nuestro organismo. Por ejemplo, cuando nos despertamos, como es un momento de estrés, elevamos el cortisol y cuando nos hemos despertado, se disminuye. La melatonina al contrario, empieza a secretarse cuando oscurece, y le dice al organismo que hay que descansar. Es decir, el cuerpo se va preparando para lo que va a venir. También el intestino, el estómago, el hígado y el páncreas se preparan para las comidas. Y esto es así, porque además del reloj central, tenemos otros periféricos que están en los diferentes órganos y tejidos, en el adiposo. De hecho, es muy importante que la luz solar nos dé cada mañana porque eso le indica al cuerpo que hay que empezar a realizar ciertas funciones. El cuerpo quiere una rutina, un ritmo, y si lo desequilibramos, sufre. Si, por ejemplo, una noche duermes poco, te levantarás más cansado y tendrá hambre. Pero será un hambre de dulces, de productos energéticos y grasos. 

—¿Y por qué sucede?

—Hay varias teorías, una es que intentamos compensar con mecanismos hedónicos de placer las situaciones en las que no estás bien, porque obviamente, no has descansado lo suficiente. Por eso se ha trabajado bastante la falta de sueño en obesidad y se ha observado que dormir menos horas de las correspondientes es un factor de riesgo para ello. Se siguen dietas menos sanas, se hace menos ejercicio, se altera la gestión de glucosa porque a su vez se altera la de la insulina. Por una noche o dos no pasa nada, el problema es si se cronifica.