¿Peligra el espacio Schengen?

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

ALEX HALADA | Afp

El espacio de libre circulación es uno de los grandes pilares del proyecto europeo

06 jul 2018 . Actualizado a las 07:56 h.

«Es poco responsable poner en peligro la libertad de movimiento de los europeos», denunció el miércoles el presidente italiano, Sergio Mattarella, ante el inminente despliegue de controles fronterizos en Alemania y Austria. La maniobra pone a Schengen contra las cuerdas.

¿Qué es el espacio Schengen?

Un área donde la libre circulación de personas, sin controles ni restricciones, está garantizada desde el 14 de junio de 1985. Actualmente 26 países europeos mantienen sus fronteras internas abiertas, facilitando el tránsito de trabajadores y turistas. Hay cuatro países no pertenecientes a la UE que han ratificado el acuerdo (Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza) y dos socios que han preferido quedar excluidos (Reino Unido e Irlanda). Cualquier individuo que quiera acceder por alguna frontera exterior a Schengen debe hacerlo con un permiso o visado.

¿Cuál es el riesgo para la libre circulación?

Alemania ha anunciado que desplegará centros de control y detención de inmigrantes en su frontera bávara, colindante con Austria. El objetivo es blindar al país torpedeando los cruces internos de indocumentados. Pero para poder controlarlos, es necesario introducir sistemas de chequeo sistemáticos, provocando retenciones y retrasos en la circulación de los ciudadanos de Schengen. Ante el temor a que los inmigrantes queden atrapados en Austria, el canciller Sebastian Kurz anuncia medidas similares en su frontera con Italia. El efecto dominó puede provocar un bloqueo en cadena en Europa central.

¿Por qué han decidido cerrar las fronteras?

La decisión es una concesión de la canciller Angela Merkel a sus socios bávaros (CSU), los mismos que amenazaron con decretar un cierre fronterizo unilateral a través del ministro del Interior, Horst Seehofer, del mismo partido. La situación habría provocado una crisis de Gobierno, dejando fuera de juego a Merkel. ¿Está justificada la demanda bávara? Las cifras dicen que no. Desde mediados del 2017 las llegadas por el Mediterráneo central hacia Italia disminuyeron un 85 %.

¿Qué consecuencias puede traer?

Muchas. En 2016 Austria, Dinamarca, Francia, Alemania, Noruega y Suecia impusieron controles en la totalidad o en algunas de sus fronteras con otros países del espacio Schengen. Bruselas se echó a temblar cuando vio que la medida, «excepcional», se estaba normalizando y publicó cifras sobre el impacto que podría tener a largo plazo. En el escenario más probable estimaba pérdidas directas de 7.100 millones [obstáculos para el transporte internacional, ventas y envíos], a los que habría que sumar otros 20.000 millones en el peor de los casos para el sector del turismo. También afectaría a la vida de 1.700.000 europeos que cada día se desplazan de un país a otro para trabajar.

¿Qué dice Bruselas?

Cualquier decisión «nos la tendrán que consultar». La Comisión Europea tendrá la última palabra si Alemania quiere prolongar los controles sine die. Cualquier extensión deberá estar apoyada por la existencia de una amenaza a la seguridad y orden público. Si Bruselas considera que no está justificado porque la presión migratoria ha caído los últimos dos años, puede denegarla.

¿Es el principio del fin de Schengen?

No exactamente. El riesgo de voladura de la libre circulación fue mayor en el 2016. No existen razones empíricas para reintroducir los controles más allá de las puramente políticas y electoralistas: la CSU quiere llegar con fuerza a las elecciones regionales de octubre y el endurecimiento de las políticas migratorias están granjeando buenos resultados.