La policía constata en el juicio que el interventor les ocultó dos veces su llamada clave al maquinista del Alvia

Pablo González
Pablo González REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Uno de los policías que declaran hoy en el juicio del Alvia
Uno de los policías que declaran hoy en el juicio del Alvia Xoán A. Soler

Solo pudieron tener constancia de la conversación, iniciada 100 segundos antes del accidente, una vez que se analizaron los registros telefónicos de los terminales, casi una semana después del accidente. «Madre mía lo que he hecho, ojalá me pasara a mí», le dijo el maquinista a uno de los policías que lo acompañaron

25 oct 2022 . Actualizado a las 23:30 h.

La policía tuvo un papel clave en la investigación del accidente del Alvia, especialmente en sus prolegómenos. También fueron testigos de la tragedia, al ser los primeros en llegar a la curva de Angrois cuando descarriló el Alvia, junto con los servicios de emergencia que acudían a las vías sin conocer aún la magnitud del accidente. En la cuarta sesión del juicio, en la Cidade da Cultura de Santiago, uno de los agentes de la Policía Judicial, que actuó como secretario en la redacción del atestado, declaró que fue el encargado de informar al maquinista de su derechos como detenido tres días después del accidente, ocurrido 24 de julio del 2013, y establecieron una custodia «por si había algún problema», ya que en ese centro hospitalario había más víctimas del siniestro.

«Solo lo trasladamos a comisaría cuando tiene el alta hospitalaria, como cualquier detenido», explica el agente. El fiscal le pregunta si el conductor del Alvia se quejó durante el viaje a comisaría, recordando la declaración de Francisco José Garzón Amo, que aseguró que había sido trasladado con tres costillas rotas y muchos dolores. El policía confirma que no hubo quejas y que se estableció vigilancia con cámaras en el calabozo para evitar autolesiones, «dadas las circunstancias». Pero el primer policía que declara en la sala dice que no tenía constancia de esos problemas, y que si el maquinista los hubiera comunicado se habrían puesto medidas para que estuviera más cómodo en el calabozo de la comisaría de Santiago.

«Desde el principio intentamos determinar si hubo una distracción del maquinista», explica el agente, pero inmediatamente matiza que, en las primeras testificales, el personal de Renfe que viajaba en el tren -el maquinista al que sustituyó Garzón, el interventor y un guardia de seguridad- no les comentaron que tuvieran algún tipo de conexión telefónica con el conductor, antes de tener el resultado de los análisis de los teléfonos. El interventor, Antonio Martín Marugán, niega inicialmente que hubiera hablado con el maquinista, y solo reconoce una llamada breve en la parada en Ourense. El fiscal repregunta sobre esa ocultación. «Hasta el día 31 no pudimos saber ese dato, a través de los registros telefónicos», le responde el policía. Ni el maquinista ni el interventor habían informado de la llamada. Incluso contactan de nuevo por teléfono con el revisor para volver a preguntarle. Para ver si recordaba alguna otra llamada además de la de Ourense. Pero lo niega por segunda vez. El vigilante de Renfe, Celso Cástor González, que viajaba al lado del interventor, les dice que no iba a contestar a la pregunta sobre la llamada hasta que hablara con sus superiores. Cuando se descubre la llamada todos ellos son llamados a declarar de nuevo en sede judicial.

Al maquinista se le incautaron tres teléfonos móviles, dos privados y uno corporativo, así como un ipad, que fue remitido en su momento al departamento de informática forense. Las partes preguntan sobre la aportación de unos pantallazos del perfil de Facebook del maquinista, en el que presuntamente alardeaba de la velocidad que alcanzaba en un tren. En concreto preguntan cuál fue el objeto de presentar esa información. «No valoramos inicialmente la relevancia, aportamos todo lo que pueda influir, cualquier detalle por nimio que parezca. En este caso aparecían comentarios sobre la velocidad», explicó. El abogado del acusado del ADIF se interesa por esos pantallazos, y le pregunta si las fotos se tomaron en el mismo tren. «No tienen relación directa temporal con el accidente», le aclara el agente. Oralmente, Renfe traslada a los policías judiciales que no había ninguna señal fija sobre la reducción de velocidad, de 200 a 80 por hora, en la curva de Angrois.

Paulino Fajardo, el abogado de QBE (la aseguradora de Renfe) que defendió a Garzón durante las primeras semanas, le pregunta por qué se decide detener al maquinista.

-El señor instructor lo creyó conveniente, responde en referencia al juez.

 El comisario de la brigada de la Policía Judicial es el primer mando que llega al lugar del accidente. Y es el primero que establece una conversación con el maquinista, que caminaba por su propio pie, ensangrentado. «"La he jodido. Es que venía a 190 kilómetros hora"», me dijo, y me preguntó si había algún herido», asegura a preguntas del fiscal. El policía intenta calmarlo, le dice que no se preocupe. «Cómo no voy a estar preocupado», le contesta. Los sanitarios les comunican que hay que evacuarlo de inmediato a un hospital. «Teníamos que saber qué había pasado, pues en los primeros momentos se hablaba de una explosión y había olor a quemado y a amonal, un explosivo, por eso le hacemos la pregunta directa sobre qué ha pasado. No hubo más preguntas», alega el comisario, intentando evitar que se pensara que se hizo un interrogatorio sin garantías. Durante el tiempo que estuvo con el comisario, alrededor de media hora, el maquinista tenía su teléfono en la mano «y en ningún momento se le impidió utilizarlo», aunque el comisario desconoce con quién y de qué habló en esos momentos posteriores al accidente.

«Madre mía lo que he hecho, ojalá me pasara a mí, le comentó el maquinista a uno de los agentes que lo trasladó al hospital. También les dijo que era su responsabilidad saber cuándo había que frenar, para lo que tenía un punto de referencia que había perdido, y que «algún día» iba a pasar un accidente como este. Otro policía constata que se quejaba de la seguridad en la curva.«Creo recordar que nos decía que se sentía culpable, que la culpa había sido suya, que la seguridad de la vía no era adecuada para la velocidad que podía llevar el tren, que estaba todo en manos del maquinista», afirmó.

Este miércoles se reanuda vista, precisamente con el testimonio de Antonio Martín Marugán, el interventor que viajaba en el tren en el que murieron 80 personas y otras 145 resultaron heridas. Lo hará justo después de que parte de los nueve policías que comparecieron ayer le acusaran de negar dos veces la llamada de 100 segundos que desorientó al maquinista justo antes de la curva de Angrois, donde tenía que reducir la velocidad de 200 a 80 por hora. En su momento alegó que, debido al shock del accidente, olvidó la llamada de última hora que realizó al móvil corporativo de Francisco José Garzón Amo, justo en el punto más peligroso del itinerario, para preguntarle por la medida del andén en la estación de Pontedeume.

En su momento no se vio la necesidad de imputarle en la causa, pese a que su llamada está considerada una causa coadyuvante del accidente en el informe final de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). Tampoco fue acusado de falso testimonio, pese a ser un testigo obligado a decir la verdad. Nosotros teníamos libre disposición para llamar cuando hiciera falta, no teníamos ninguna cortapisa en cuanto a llamar. Yo tenía una necesidad en ese momento (...), no tenía que hacer e hice la llamada. Desconocía el punto en el que estábamos», declaró en la comisión de investigación del Congreso.