Al otro lado de la trinchera

Tras una incómoda salida del consejo regulador del Ribeiro, que dejó después de 18 años y siendo director técnico, Pablo Vidal no solo ha cambiado de escenario, sino que ahora, con su propia firma, se ve obligado a explorar la actividad comercial


La vida de Pablo Vidal Rodríguez (Ourense, 1971) tuvo dieciocho años como eje el consejo regulador del Ribeiro. Ingeniero agrónomo, se asomó como veedor y acabó como director técnico. En junio le abrieron la puerta por la que salió. Y ahí arranca su nueva vida. Valga decir que se ha situado al otro lado de la trinchera. Lo suyo es ahora hacer bien y venderlo. No tiene bodega propia, pero sí contactos suficientes como para haber personalizado un par de vinos, un tinto de Valdeorras y un blanco del Ribeiro, que ahora comercializa con su nombre. Se inspiró en la Capilla Sixtina. Primero se sintió Maldito y así bautizó su primer vino. Luego, con el ánimo renovado, miró de nuevo al Ribeiro y decidió que ya había Renacido. Son sus dos marcas, en las que pretende volcar todo lo que ha aprendido en los últimos años mientras predicaba en unos sitios y controlaba en otros, como parte de su labor. Él, que llevaba unos años reivindicando los vinos de guarda, lejos de la urgencia y la inmediatez con la que en ocasiones presiona el mercado, podrá ver ahora hasta donde es capaz de llegar. Es él quien afina sus vinos, que teóricamente siguen la fórmula de elaboración por/para, es decir, por una bodega ajena para una firma diferente, que es la suya, con el nombre y los apellidos por delante. Ánimo no le falta. De hecho, ya empieza a rondarle la cabeza la idea de buscar también en la Ribeira Sacra y Monterrei, por aquello de completar con las cuatro denominaciones de origen de la provincia de Ourense.

¿Qué, aún te apetece estudiar eso del vino?

Patricia Presas Prego (A Rúa, 1980) llegó a los nueve años a Cambados. Allí creció y desde muy joven mostró interés por el vino y todo lo que ronda a su alrededor. La vendimia, por ejemplo, es un trabajo por momentos incómodo y más agotador que alguna de las máquinas del gimnasio, pero también tiene su lado amable, incluso festivo, según el entorno en el que se desarrolle. Pasó el instituto y aquella chica dijo en casa que le atraía aquel mundo y que en Ponteareas, en el centro integrado de FP A Granxa, podía aprender y especializarse. Le sugirieron que pensara en la universidad y allá fue, qué remedio le quedaba, para completar estudios de Relaciones Laborales. Con el título en la mano, de regreso, la preguntaron si aún le interesaba estudiar las cosas del vino. Y a Ponteareas marchó Patricia, que en septiembre del 2003 ya estaba metida nuevamente en labores de vendimia.

En esto, como en cualquier otra actividad profesional, hay quien llega por alguna casualidad de la vida. Habrán ayudado sus primeros pasos en Valdeorras y la maduración posterior en el Val do Salnés, en un momento en que el aroma del albariño lo llenaba todo, pero que su dedicación tiene una sólida base vocacional está más que claro. Lejos quedan sus primeros pasos en Condes de Albarei, una de las firmas con más peso en la comarca y también en la denominación de origen Rías Baixas. Con Cayetano Otero Padín coincidió trabajando en una bodega, los dos en labores técnicas y él como director. Y en el 2009 montaron TES S.L., Tecnología Enológica del Salnés, para asesorar a quien lo pidiera. Había campo, voluntad y experiencia. Y ahí siguen. Creciendo. Patricia, inquieta, pronto abrió el horizonte y se hizo cargo del catálogo de Lallemand Enología, una multinacional que ha crecido sobre levaduras y bacterias para completar, como les gusta decir, un mundo de soluciones naturales para añadir valor a los vinos. Y aunque Galicia no sea ?hasta ahora, al menos? tierra para hacerse rico vendiendo barricas, que esto no es Rioja ni la Ribera del Duero, campo hay para que difunda las excelencias de la producción de Taransaud Tonnellerie por estas tierras.

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