Heroínas de a pie

No se dan importancia. Pero la tienen. Estas supermujeres reivindican, hoy 8 de marzo, su lugar

No salen en los libros. Tampoco en la televisión. No se habla de ellas en la calle. Pero son extraordinarias. Supermujeres que, sin hacer mucho ruido, plantan cara cada día a cuanto reto se les pone por delante. A sus espaldas cargan las responsabilidades del trabajo. Y también todas las que tienen que ver con el hogar. A diario se topan con decenas de piedras en el camino. Y las sortean. No se dan importancia, pero la tienen. Y hoy, 8 de marzo, reivindican su lugar.

«O bateeiro non pensa que vai facer de comer; a bateeira si»

Angélica mira en línea recta, contraria a esconder, detrás de su pupila azul, sus opiniones y sus ideas. En sus rasgos parece leerse la determinación con la que persigue los objetivos que se marca, la responsabilidad con la que toma las decisiones de su vida, el esfuerzo con el que acomete cada nueva empresa. Su carácter, trabajado desde la juventud en un sinfín de batallas, ha convertido a esta «guerrilleira» en una de las dos mujeres que llevan las riendas de una organización de bateeiros en Galicia. «Mulleres nos barcos hai moitas; houbo sempre. Nas asociacións, non», cuenta.

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«Falan moito da conciliación, pero non existe»

Belén Rodríguez hace malabares. Casi, se podría decir, que milagros. Esta funcionaria de Xustiza, divorciada y madre de cuatro niñas -fruto de tres relaciones diferentes- trabaja y lleva ella sola los mandos de su casa: «Podes ter por seguro que a todas as millas fillas as coidei eu. Os pais... pois son pais, non teño máis que dicir», sentencia. Y a pesar de todo, no se siente extraordinaria. Dice, con seguridad, que es una más. Hasta se siente afortunada: «Eu son consciente de que a miña situación é privilexiada, porque teño uns horarios bastante aceptables que me permiten coidar das miñas fillas. Hai moitas mulleres que están moito peor».

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«Hay que aprender a valorarse. No puedes dejar que te anulen»

«Perdona. Puede que no me haya expresado bien». Rosa no deja de disculparse después de haber contado su historia un relato duro que no sabe muy bien como desgranar. Pero Rosa hace un relato excelente en el que describe por lo que ha pasado, porque ella no se dejó derrotar. Rosa es más que un nombre. Es una cortina tras la que se oculta la verdadera identidad de una joven que no ha cumplido aún los treinta y que a una edad en la que muchas de sus compañeras todavía no habían abandonado la casa de sus padres fue blanco de las amenazas que su expareja le mandaba por WhatsApp. 

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«Cuidar a los hijos sigue siendo cosa de madres»

Asegura que ni un solo día de los casi treinta que lleva trabajando -primero ayudando a sus padres y después de forma independiente- se ha arrepentido de trabajar. Pese a la dureza de sus horarios laborales, Marita Fernández sigue encantada con su profesión, y confiesa que poder atender los encargos que le hacen sus clientes continúa reportándole satisfacciones. Esta ferrolana de 45 años conoció bien pronto las dificultades para poder compaginar la vida laboral con el cuidado de su familia. Después de llevar varios años trabajando en una cadena de supermercados, cuando su hija mayor -que hoy tiene 21 años- empezó en el colegio, en su empresa le denegaron el permiso para retrasarse cinco minutos para poder dejar a su hija en clase, lo que la empujó a marcharse y montar por su cuenta, con su marido, su propia pescadería. Hoy, no se arrepiente, aunque reconoce que algún año, cuando aún no se había marchado un temporal y estaba llegando otro, llegó a pasarlo mal.

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«O mar é duro, pero eu non o cambio»

Desde hace casi tres lustros, Conchita Martínez trabaja como mariscadora en la cofradía de Aguiño, cogiendo percebes o bivalvos. En la actualidad es la patrona de la embarcación. Precisamente, este es un cometido que todavía ejercen muy pocas profesionales del mar. Es un trabajo arriesgado, especialmente cuando se desempeña la actividad en las rocas, cogiendo crustáceo, o cerca de la costa, capturando percebe. Conchita Martínez reconoce haber vivido algunas situaciones especialmente duras: «Levei moitos sustos e teño pasado medo en moitas ocasións, pero saín adiante. Andar ao ourizo é máis perigoso que ir ao percebe, porque escasea e hai que arrimarse moito a terra, onde rompe o mar. Na embarcación hai que estar moi atenta. No fondo hai pedras que non se ven e o vento tamén é moi fastidiado».

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«Me he valido por mí misma siempre»

Hace ya un par de décadas que trabajar en la automoción no es solo cosa exclusiva de hombres, pero lo cierto es que las plantillas siguen siendo mayoritariamente masculinas. En la fábrica del grupo PSA, en Vigo, el 20 % de la plantilla está integrado por mujeres. Muchas de ellas trabajan en las líneas de montaje de los vehículos, que salen a un ritmo frenético de 1.800 unidades al día. Rebeca Sampedro es una de ellas. Tiene 35 años y lleva 15 años trabajando en la factoría. No era su vocación, o al menos nunca se le pasó por la cabeza trabajar fabricando coches, «pero al acabar los estudios me salió la oportunidad y no lo dudé», cuenta. 

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«Somos multitarea, valemos para todo»

Emma Cabezas está concienciada de que, en esto de la igualdad, la lucha debe ser diaria. Y que cada una debe aportar su granito de arena desde el lugar que sea y con los recursos que disponga. Mujer, joven y emprendedora, es consciente de todo lo que nuestras antecesoras hicieron por estar como estamos ahora. Pero también sabe que queda mucho por hacer. «Las mujeres tenemos que pelear mucho más que ellos. Ya hemos asumido que no nos queda otra, porque si no, nos comen». 

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