«Amar no es delito, hasta Dios amó»
El cura y la ex-monja que se casaron tras un noviazgo por Internet intentan llevar una vida normal en San Cosme de Barreiros Luz Aurora espera al final del pasillo, cansada de tantas entrevistas. Alfonso Vegas, el cura salmantino que cruzó el Atlántico para casarse con ella en Perú, la busca impaciente en la débil luz del final de la tarde en su piso de San Cosme de Barreiros. Allí, en la Mariña lucense, gracias a la generosidad de un empresario gallego, los dos escapan del mundanal ruido que provocó ese amor suyo que surgió al calor más bien frío de un chat de Internet. Él dice que siempre se sentirá cura. Ella, definitivamente, no es monja. Pero un enorme rosario peruano domina su vestíbulo, recordándole a ellos y al visitante de dónde vienen y qué es lo que dejan atrás.