«Perdimos con los más malos»

ALBERTO MAGRO ,

DEPORTES

14 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Portugal llora. La afición se lleva las manos a la cabeza mientras clama a alguno de los cientos de santos de un país católico a ultranza: «Dios mío, perdimos con los más malos. ¡Qué vergüenza!», se lamentaba el camarero de un bar de Oporto. No se lo esperaban. Se veían en octavos, contra México. Pero un asiático de nombre impronunciable acabó con las esperanzas de un país entregado al fútbol, su mayor pasión. Hasta entonces, los aficionados vivían intensamente un partido que se antojaba decisivo. Polonia estaba haciendo los deberes que Portugal no hizo, y al equipo luso le valía el empate. Ni siquiera las dos expulsiones excitaron a un pueblo tan amable como tranquilo. «Nos vale el empate», comentaba un joven encorbatado que veía el partido en el cine porno Sá da Bandeira, convertido durante estos días en un estadio. Todo cambió a la hora del café, después de acabar el plato de bacalao patrio. Rui Rio, alcalde de Oporto, sonreía hasta entonces en la sala X a la que acudió para ver el encuentro, junto a otros doscientos cincuenta aficionados. Pero el espléndido gol coreano acabó con la alegría del país del fado. El alcalde, como diez millones de lusos, se llevaba las manos a la corbata y comenzaba a moverse incómodo en el estrecho butacón del cine. Otros dejaban su carácter afable a un lado para arremeter contra el árbitro: «Es un robo. No puede dejar a Portugal con nueve de esa forma», se quejaba un aficionado, ante el asentimiento de la parroquia, que no escatimaba improperios. Pero el trencilla no fue el único criticado. El entrenador luso, Antonio Olliveira, se convirtió en el Clemente portugués. Reproches y más reproches a su planteamiento: «Si Estados Unidos hubiese ganado, habríamos jugado de otra forma. Que recoja sus muletas (Oliveira está lesionado) y que pongan a Artur Jorge», analizaba el guarda de seguridad del cine. Para los jugadores también había palos. La afición apenas salvaba a Figo, el héroe nacional. «Él lo intentó, pero sozinho (solo) y lesionado no puede hacer nada -narraba una adolescente vestida con el siete de Figo- pero lo de Baía no lo entiendo. Él nos ha eliminado».