El problema del colegio de gitanos no parece preocupar a la administración
10 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Los profesores del colegio de gitanos de Cornazo han tirado la toalla. Después de hacer pública la situación del centro, de denunciar que los estudiantes no asistían a clase ni respetaban los horarios, después de llamar la atención sobre el hecho de que había alumnos en el colegio que deberían estar en los institutos y que otros con edad para cursar la ESO continuaban en el centro de primaria, después de entrevistarse con la dirección del instituto Castro Alobre para buscar una solución al problema, de hacer llegar sus quejas a la administración local y de expresar públicamente su impotencia para canalizar debidamente la situación, nadie ha tomado el testigo. Han convocado incluso a los padres de alumnos a una reunión para que explicarles las razones de por qué la situación debería cambiar. Pero el colectivo gitano no entiende de integración, no sabe lo que es la ESO ni la reforma educativa, y lo único que a ellos les importa es tener a los niños cerca, en el mismo poblado en el que viven apartados del resto de la sociedad. Y habida cuenta de que desde la administración educativa se dijo que el centro sólo se cerraría si así lo solicitaban los progenitores, a los profesores no les queda ya mucho que hacer, porque los padres dijeron claramente que no al traslado. Todo ello no deja de sorprender si se tiene en cuenta que hay últimamente una preocupación generalizada por la integración de otros colectivos raciales que se instalan en nuestra sociedad, por si las alumnas de religión islámica van o no al colegio con velo, por si se permite o no construir una mezquita en una zona de mayoría católica. No dejan de surgir conflictos de índole racial o religioso con los que cruzan nuestra fronteras, pero a nadie les preocupa que la raza que más siglos lleva viviendo entre nosotros, la de los gitanos, reciba una educación apropiada que facilite la integración de sus hijos en una Europa que ya no conoce fronteras. Con ellos, al parecer, sí conviene mantener los guetos. Quizán así podamos olvidarnos de que existen.