Comemos más carne y más cara, pero el ganadero no lo nota en la cartera

El Informe de Consumo Alimentario del 2020 muestra un cambio en los hábitos de consumo debido a la pandemia con un  incremento del gasto de un 14,2 % en la cesta de la compra con respecto al año anterior


redacción

No hay cesta de la compra en España que no esté compuesta por productos frescos. Más aún durante los meses de pandemia. Lo corroboran los datos del Informe de Consumo Alimentario del 2020, que analiza los hábitos de compra de 12.500 familias y recoge 10.500 muestras en hostelería,. El estudio, presentado este jueves por el ministro de Agricultura, Luis Planas, muestra como la pandemia marcó un cambio en los hábitos de consumo porque los hogares destinaron 79.348,25 millones de euros a la cesta de la compra durante el año pasado, un 14,2% más de lo que gastaron el año anterior. Pero el gasto no compensa la caída de 22.737,47 millones de euros (36,8 %) del gasto en bares o restaurantes

Pero más allá de esos datos globales, el estudio constata un incremento generalizado de las compras para el hogar de productos agroalimentarios con gran peso en el sector primario gallego como la carne de vacuno, ovino-caprino, pollo, cerdo o leche líquida. Lo curioso es que el trabajo da cuenta de que en todas esas categorías creció el consumo y también el valor generado debido, fundamentalmente, al aumento del precio de esos productos en la tienda o el supermercado. Por contra, por lo que llevan denunciando meses los productores, parece que ese incremento del valor generado no ha llegado a sus carteras. Es más, lejos de obtener un mayor beneficio por su trabajo, este cada vez es menor por un aumento de costes de producción que no compensan los precios que reciben.

Al menos no lo hace, por ejemplo, en el caso de la carne de vacuno, la de ovino-caprino, de pollo o la leche. La tendencia registrada en el caso de la carne de vacuno a nivel estatal, según el informe, muestra como en el 2020 el consumo de carne en España aumentó un 10,6 % con respecto al año anterior hasta alcanzar más de 247 millones de kilos. El gasto medio per cápita en el conjunto del estado fue de 52,7 euros, con un promedio de consumo por persona de 5,35 kilos, una cantidad que crece hasta los 6.9 kilos en Galicia.

Ese incremento del consumo avanza de la mano de una subida en su valor total generado por la carne fresca de estos animales, que creció un 12,5% hasta llegar a los 2.436 millones de euros. La razón que explica este último incremento, según el informe, es el resultado de la subida del 1,7 % en el precio medio, que cerró el 2020 con un promedio de 9,84 euros por cada kilo de carne fresca de vacuno.

Esa cantidad está muy por encima de lo que obtienen los productores por sus animales. En el caso de Ternera Gallega Suprema, por ejemplo, la cotización media de esta semana en los animales de la mejor categoría fue de 4,82 euros kilo/ canal en el mercado de Amio, en Santiago.

Algo parecido ocurre en el caso de la carne de ovino-caprino. Su consumo en los hogares creció un 7,7 % con más de 66 millones de kilos, lo que supuso también un incremento del valor generado por la carne de estos animales de un 10,3 %, alcanzando los 749,464 millones de euros, «debido al incremento del precio medio, con una variación en positivo del 2,5% cerrando en 11,32 euros el kilo. Este tipo de producto se convierte en el tipo de carne fresca con el precio más elevado, en concreto 5,03 euros por encima del precio del total de la categoría», dice el informe presentado. En cambio los productores gallegos de este tipo de carne también apuntaban hace escasas semanas que los precios que recibían por cada animal no se habían recuperado todavía tras las caídas registradas durante la pandemia debido al cierre de la hostelería. El consumo medio de esta carne en España está en 1,4 kilos per cápita al año, mientras que en Galicia es de 1,3 kilos.

En cuanto al pollo, el escenario no es muy diferente: El consumo de carne fresca de pollo crece un 10,6 % en volumen, mientras que su valor es un 12 % más elevado que el generado al terminar el 2019. El incremento deriva de la subida de un 1,3 % del precio hasta llegar a una media de 4,38 euros por kilo que acompaña al incremento de consumo. Con todo, el estudio apunta que es el tipo de carne fresca «con el precio medio más económico, en concreto un 30% por debajo del precio medio de la categoría». De hecho, organizaciones como Unións Agrarias denunciaron el uso de este tipo de carne como producto reclamo por parte de la distribución, al igual que ocurre a veces con la leche.

De hecho, el aumento del consumo de esa materia prima líquida y su ligero aumento de precio tampoco se aprecian en la cartera de los ganadores que continúan cobrando unos precios medios que no cubrirían en muchos casos los costes de producción, como han denunciado organizaciones agrarias. El consumo de leche líquida creció un 7,1% en el 2020 con un valor de 2.363.645.160 euros.

Los que se beneficiaron del aumento del consumo del 2020 fueron los productores de porcino. Aunque en el caso del cerdo de capa blanca hubo temporadas de muy buenos precios combinada con otras peores, la verdad es que el tirón que dio el consumidor a este tipo de carne con un aumento de la demanda de un 13,7 %, que llevó a una subida del valor generado de un 17,3 % acabó repercutiendo al productor.

Pero estos son solo un pequeño ejemplo de los muchos datos que recoge el informe que no es baladí porque el consumidor manda. Al final es el que dibuja la estrategia de la industria que, a su vez, marca el camino que han de seguir sus proveedores: los ganaderos o agricultores.

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