Vino y carne de vacuno se llevan la peor parte del golpe del covid al campo

Las bodegas vendieron un 40 % menos, y los ganaderos perdieron 18 millones

El coronavirus ha sido un gran terremoto que ha puesto patas arriba la economía mundial. No estábamos en absoluto preparados para que el mundo se parara de repente y, aunque no se ha vuelto a repetir aquel primer confinamiento, las sucesivas restricciones han dejado su huella en la economía. El sector primario gallego no es ajeno a esta situación. Y aunque las consecuencias han sido tan diversas como lo son las explotaciones y empresas agroalimentarias de la comunidad, hay dos sectores a los que les está costando recuperarse de la pandemia. El primero es el vino, cuyo producción pesa poco más de un 1 % en el conjunto de la agricultura gallega. El cierre de la hostelería ha provocado una caída en las ventas de las bodegas que, en algunos casos, ronda el 40 %. El otro es el vacuno de carne, que representa un 14 % del total del sector agrario de la comunidad. A pesar de que sigue habiendo demanda de sus productos, los precios en origen cayeron un 10 % y no consiguen remontar el vuelo.

«El 2020 fue un año difícil y se notó en las ventas, pero quizás los meses más críticos han sido los primeros de este 2021, cuando se han sufrido las consecuencias de lo que arrastrábamos del año anterior», explica Myriam Vázquez, gerente y directora de exportación de Bodegas Gallegas. Sus marcas tenían presencia en las grandes superficies y eso les permitió capear el temporal durante el confinamiento, además de que agilizaron proyectos como la venta online «que ha funcionado de maravilla». Pero todo ello no ha impedido un descenso en las ventas, que ha sido generalizado en todas las denominaciones. Entre el 11 y el 40 % menos vendieron las bodegas durante el pasado año, dicen los consellos reguladores. La situación la sufrieron, especialmente, las bodegas más pequeñas. Albamar, de Rías Baixas, vio cómo sus pedidos en el mercado nacional «caían un 50 %», explica Xurxo Alba, su propietario. Por fortuna, pudo encontrar una salida en la exportación. «Ha sido un año en el que hemos tenido que reinventarnos y tratar de adaptarnos, pero miramos al futuro con optimismo», afirma Vázquez.

«Nas tendas segue a haber demanda dos nosos produtos, eu non sei de ningún becerro que tiraran ao mar»

No hay esperanza, en cambio, entre los productores del vacuno de carne. Unións Agrarias cifra en 18 millones de euros las pérdidas que acumulan estos ganaderos desde que llegó el coronavirus, con unos precios que no terminan de remontar y que apenas son suficientes para cubrir los costes de producción. Y la IXP Ternera Gallega reconoce que los precios han caído un 10 %, hasta treinta céntimos por kilo de canal de carne. «Cando empezou a crise entendemos que tiñamos que seguir producindo e que os prezos ían baixar. O problema é que agora non remontan e iso que nos establecementos subiron e sigue habendo demanda de Suprema», explica un productor de Ternera Gallega Suprema. «É certo que xa non estábamos ben antes da crise, pero é que agora estamos producindo por debaixo dos custes de produción. E iso é ilegal», añade Francisco Rivas, otro ganadero. Ambos destacan que se está arruinando al sector «e que estamos cobrando polo noso traballo menos do que se pagaba hai vinte anos». A ello hay que sumarle el hecho de que los costes han subido, desde el pienso a la electricidad. «Nas tendas segue a haber demanda dos nosos produtos, eu non sei de ningún becerro que tiraran ao mar. Esta é unha situación creada na que se está a arruinar aos gandeiros», insiste Rivas, quien reclama el apoyo de las administraciones. «Falta que se involucren as administracións e a industria para buscar unha solución», critican.

El problema es que el sector lleva ya más un año soportando esta situación, «e eu creo que imos a peor», añade Javier Santalla, otro ganadero. «Aumentaron os custes de produción e os prezos van a peor. Na miña zona hai moitas explotacións que están pechando», sostiene. No hay relevo generacional y, en parte, eso se debe a que los jóvenes no ven futuro en este sector. «Un obreiro saca un soldo mellor ca o dunha explotación con 40 ou 50 vacas», concluye Santalla.

«Los corderos los pagan a 10 euros menos que antes»

Galicia cuenta con más de 160 explotaciones dedicadas al ganado ovino y caprino. Solo esas son las que se engloban en la asociación Ovica, unos ganaderos a los que el cierre de la hostelería pero, sobre todo, el cese de las grandes reuniones familiares o las fiestas, les ha afectado de lleno.

Desde la Administración gallega les echaron una mano con Mercaproximidade, que permitió dar salida a muchos corderos a un precio de unos 50 euros por animal. El problema, como explica Diego Fernández, presidente de Ovica, es que los precios no han remontado. Todavía están lejos de los 60 o 65 euros que se pagaban: «Estamos cobrando unha media duns dez euros menos por cada animal porque están pagando entre os 35 e 50 ou 55 euros por cordeiro. O curioso é que no supermercado o cordeiro ten o mesmo prezo que antes de que chegara o coronavirus».

La meteorología, otro obstáculo para la patata

El sector de la patata, que tiene un peso del 4,5 % en el valor de la agricultura gallega, sufre el cierre de la hostelería y también las lluvias. Buena parte de la producción, sobre todo la de la comarca de A Limia, va destinada a una industria que ha trabajado al ralentí porque los bares no podían servir las cañas con las que solían acompañar sus patatas fritas. El año pasado, con Mercaproximidade, promovida por Medio Rural, los productores de esa patata lograron que entrara en los hogares. Algunos también abrieron vías de negocio en Internet, pero este año eso no llega para remontar. Porque a la hostelería a medio gas hay que sumar un meteorología adversa y un precio muy bajo.

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No hay duda de que el campo gallego ha estado a la altura de la emergencia derivada de la pandemia provocada por el coronavirus. Pero cómo se lo han agradecido las normas que dicta el mercado es una historia con muchas aristas que varían según el sector. Mientras el vacuno de carne o el vino fueron los más castigados por el virus, el resto de engranajes que mueven la economía en el campo giraron a diferentes ritmos. En algún caso, dicen desde las organizaciones agrarias, la pandemia no fue más que una excusa para no tapar heridas que llevan supurando mucho tiempo. Por ejemplo, los «precios justos» para sus productos que ya reclamaban en las calles antes del estado de alarma. Porque, dicen, mientras no haya un control del cumplimiento de la Ley de la Cadena, que prohíbe la venta a pérdidas, esta no tendrá efectos. Además, están esperando a ver qué pasa cuando se trasponga la directiva europea de prácticas comerciales desleales, asunto que ahora está a debate en el Congreso.

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