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La Xunta limita la especulación con los créditos de carbono para blindar a los dueños del monte

M. Cedrón REDACCIÓN

FORESTAL

ALBERTO LÃPEZ

El porcentaje máximo de bonos que un propietario podrá comercializar a intermediarios será de un 15%, según el proyecto de decreto para regular el Sistema Voluntario de Créditos de Carbono de la Xunta que está en información pública

07 mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Los créditos de carbono se han convertido en un instrumento financiero muy jugoso para los brókeres. Estos han visto en el objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 55 % de aquí al 2030 que se ha marcado la UE una oportunidad para comprar bonos que luego reincorporarán al mercado a un precio mayor. ¿Cuándo? Cuando empresas de aquellos sectores más contaminantes se vean obligadas a compensar sus emisiones de dióxido de carbono para alcanzar la neutralidad que, antes o después, acabará pidiendo Bruselas. Es una inversión a futuro.

Frente a esta tendencia, el proyecto de decreto por el que se crea y regula el Sistema Voluntario de Créditos de Carbono de la Xunta —que ayer salió a información pública y en el que están implicadas la vicepresidencia segunda y la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Vivenda, además de la Consellería do Medio Rural, a través da Axencia Galega da Industria Forestal (XERA)—, pretende blindar los intereses de los propietarios de los montes o terrenos agrícolas frente a esos intermediarios. Todo para que la mayor parte de los réditos que genera este nuevo recurso forestal se queden en manos de los silvicultores, agricultores y ganaderos que son dueños de la tierra y custodian el territorio.

¿Cómo pretende hacerlo? Limitando a un 15 % los créditos de carbono que un propietario podrá comercializar a un intermediario por proyecto de captura y almacenaje de este elemento químico validado por un organismo de certificación independiente y acreditado. Ese porcentaje podrá comercializarlo a una o varias empresas, pero nunca podrá superar ese límite. De hacerlo, su proyecto quedará cancelado.

Un crédito de carbono equivale a una tonelada de dióxido de carbono. Lo que el silvicultor o agricultor podrá poner en el mercado voluntario que ultima la Xunta son los créditos estimados por la puesta en marcha de una actividad que ayude a generar y retener ese carbono, lo que se conoce como adicionalidad.

Estos se corresponden con el cálculo de bonos generados durante el primer 15 % de vida del proyecto desde que fue aprobado por la entidad competente, según indica el proyecto. Una vez que el organismo certificador compruebe que esos bonos se han generado realmente, se convertirán en créditos de carbono verificados.

Créditos Eco

Pero además, aquellos derivados de la aplicación de proyectos que incorporen beneficios para la conservación del mar, el medio ambiente, la naturaleza, la biodiversidad, la prevención y defensa contra incendios, el fomenta del uso de la madera con usos de vida largos o el desarrollo de la población rural, podrán comercializarse como créditos de carbono eco. Actualmente, en España la cotización del crédito de carbono ronda los 25 euros. Pero estos créditos Eco podrían alcanzar una mayor cotización en el mercado voluntario. La propuesta de decreto, a la que podrán presentarse sugerencias durante 20 días, también recoge el diseño de una plataforma de créditos de carbono de Galicia.

Este registro público actuará como una especie de marketplace donde podrán verse los proyectos que se están llevando a cabo en Galicia, los créditos que han generado y que están disponibles, el resultado de cada intercambio comercial de créditos de carbono, los organismos de certificación, un desglose actualizado de la bolsa de garantía.

Nuevos mercados: Desde la mejor gestión del ganado a arborizar áreas urbanas

Los proyectos que mejoran la gestión silvícola son unas de las fórmulas más recurrentes a la hora de generar créditos de carbono. Pero el proyecto de la Xunta, inspirándose en lo que están haciendo países como Francia, Italia, Suiza o los Países Bajos pretende abrir nuevos mercados de carbono. De ahí que proponga fórmulas que podrían aplicarse en Galicia para almacenar carbono. Entre ellas está la agricultura regenerativa, la transformación de montes bajos en altos o la mejora de gestión de ganado, como hacen los franceses; y la arborización de áreas urbanas, como se práctica en Italia. Por no hablar de la restauración de turberas como han hecho Suiza o los Países Bajos.