La guerra de Irán deja a los pura sangre árabes sin la alfalfa española

Maruxa Alfonso Laya
m. alfonso REDACCIÓN / LA VOZ

AGRICULTURA

Imagen de un caballo comiendo alfalfa
Imagen de un caballo comiendo alfalfa MANUEL MARRAS

Arabia Saudí y Emiratos Árabes importan el 40 % de la producción española de este cereal, pero el cierre del Estrecho de Ormuz está paralizando y desviando pedidos, según denuncia COAG

10 mar 2026 . Actualizado a las 09:37 h.

Cualquier conflicto armado tiene una serie de efectos colaterales que, en un principio, pueden ser difíciles de prever. En el caso de la guerra de Irán estaba claro que la subida de los carburantes iba a ser una de las consecuencias más inmediatas, pero no tanto que los caballos pura sangre y los camellos de carreras de Arabia Saudí y Emiratos Árabes iban a estar también entre los perjudicados. Porque, según explica la Coordinadora de Agrupaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), estos animales se alimentan de alfalfa española. Un sector que, a día de hoy, mira también con preocupación al conflicto porque teme quedarse sin un cliente que consume el 40 % de su producción

Recuerda COAG que la guerra ha provocado el cierre virtual del Estrecho de Ormuz, arteria por la que discurre el 20 % del petróleo mundial, y ha paralizado el tráfico marítimo hacia los puertos del Golfo Pérsico. Y eso está teniendo un impacto directo sobre el campo español. Arabia Saudí y Emiratos Árabes son dos de los principales clientes de la alfalfa deshidratada que produce España. Pero también, los que más dependen del acceso a esos puertos para recibir el forraje con el que alimentan a miles de caballos de carreras y camellos de alto valor.

La organización asegura que España es el primer productor y exportador europeo de alfalfa deshidratada, con una cadena de valor madura que integra producción en regadío, deshidratación industrial y logística de exportación. Las regiones productoras clave se sitúan en el valle del Ebro, en Aragón, Cataluña y Navarra, donde hay más de 10.000 hectáreas de riego modernizado. También producen Castilla y León y Castilla- La Mancha y Andalucía, donde la presencia de este cultivo está creciendo de forma importante. «El mercado español de la alfalfa alcanzó los 452 millones de dólares en el 2025 y se prevé que llegue a los 563 millones para 2030», aseguran desde COAG.

Arabia Saudí va el 22 % de esta producción y a Emiratos Árabes, otro 17 %. El siguiente importador es China, que se lleva el 14 %, seguido de Corea del Sur (8%). El formato más exportado son las balas deshidratadas, que son muy demandadas por su alta densidad nutricional y su facilidad logística para el transporte marítimo de larga distancia, pero España también exporta pellets. El problema es que la guerra ha provocado el bloqueo del Estrecho de Ormuz y ni las rutas alternativas, como la del Cabo de Buena Esperanza, que es 20 días más larga y un 256 % más cara, permiten llegar a esos puertos. Es más, las navieras Maersk y Hapg-Lloyd han anunciado ya la suspensión de operaciones en la zona.

Esta alfalfa española es la que sirve para alimentar a caballos de pura sangre árabes en hipódromos de Dubái y Abu Dabi, caballos de enduro de alto rendimiento y una cabaña de camellos de casi medio millón de cabezas en Arabia Saudí, cuyas carreras son un evento nacional subvencionado por el Estado. La alfalfa española es la preferida por los veterinarios y gestores de estas cuadras de élite porque es muy proteica y con una digestibilidad superior a la media. Pero COAG advierte de que esta posición ganada durante décadas puede evaporarse si la crisis logística persiste y los compradores buscan proveedores nuevos.

La organización considera que, debido a esta situación, el sector se encuentra ante una emergencia comercial de primer orden. Por eso pide al Gobierno y a las comunidades con mayor producción que actúen de inmediato. Reclaman que se habiliten líneas de avales y aplazamientos financieros para agricultores y cooperativas del sector forrajero; que se activen gestiones diplomáticas para garantizar la continuidad de los contratos en vigor, comunicando a los gobiernos afectados que España mantiene el compromiso de suministro tan pronto como la vía marítima lo permita; y abrir una mesa de crisis sectorial con las organizaciones agrarias y las cooperativas exportadoras para dar una respuesta común y buscar alternativas a mercados que no depdendan de este estrecho.

«España exporta alfalfa por un valor superior a los 400 millones de euros anuales», asegura Javier Fatás, responsable de Forrajes de la comisión ejecutiva de COAG. Sostiene que detrás de cada tonelada de este cereal «hay familias agricultoras que han invertido en modernización de regadíos, en maquinaria y en sistemas de calidad. No podemos permitir que una guerra ajena destruya en semanas lo que hemos construido en décadas», concluye.