Varapalo a la innovación agrícola en Europa: escasa participación de los agricultores, pocos resultados prácticos y mala difusión de los resultados

Maruxa Alfonso Laya
m. alfonso REDACCIÓN / LA VOZ

AGRICULTURA

La investigación del Tribunal de Cuentas concluyó que muchos proyectos no tenían aplicaciones prácticas
La investigación del Tribunal de Cuentas concluyó que muchos proyectos no tenían aplicaciones prácticas YONHAP | EFE

Un informe del Tribunal de Cuentas Europeo concluye que muchos de los proyectos subvencionados entre el 2014 y el 2022 carecían de impacto práctico

01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La Unión Europea dispone de un instrumento para impulsar la productividad y la sostenibilidad en la agricultura a través de la innovación, denominado AEI-AGRI. Pero, según el informe especial publicado esta semana por el Tribunal de Cuentas Europeo, este no ha alcanzado todo su potencial. Porque aunque entre el 12014 y el 2022 se destinaron casi mil millones de euros de fondos nacionales y de la UE al fomento de prácticas agrícolas innovadoras en el marco de este instrumento, lo cierto es que rara vez se proporcionaron soluciones útiles, prácticas o ampliamente adoptadas, reza el informe. Para próximos ejercicios, los auditores recomiendan centrarse en las necesidades prácticas de loas agricultores, en mejorar la selección de proyectos y en difundir los resultados como mayor eficacia. Solo así la innovación podrá llegar a todo el sector agrícola.

Fue en el año 2012 cuando se creo la asociación europea en materia de Productividad y Sostenibilidad Agrícola, financiada por la Política Agraria Común (PAC) y el programa Horizonte. Entre los años 2014 y 2022, esta entidad financió más de cuatro mil proyectos de innovación pensados para impulsar la productividad y la sostenibilidad mediante la colaboración entre agricultores, investigadores, asesores y empresas agroalimentarias. El problema es que, según el Tribunal de Cuentas, los resultados están muy lejos de ser los esperados.

«La innovación es fundamental para que el sector agrícola mejore su sostenibilidad económica, medioambiental y social», explica Joâo Leâo, miembro del Tribunal responsable de la auditoría. En su opinión, este instrumento podría «haber obtenido un mayor rendimiento de los recursos» pues se «desaprovecharon algunas oportunidades por no tener en cuenta las necesidades prácticas de los agricultores, cuando la implicación de directa de estos potenciaba en gran medida las probabilidades de éxito», añade.

Tras analizar los datos y examinar una muestra de setenta proyectos desarrollados en España, Francia, Países Bajos y Polonia, constataron que el potencial de innovación rara vez constituía un factor decisivo en la selección de proyectos y que, por lo general, la participación de los agricultores era escasa y sus necesidades de innovación no recibían la suficiente atención, asegura el Tribunal de Cuentas. Es más, los auditores concluyeron que la participación activa de los agricultores en los proyectos no solo incrementaba las probabilidades de éxito, sino también la calidad de la innovación generada. Ponen como ejemplo un proyecto que estudió la siembra en seco del arroz, que se tradujo en la adopción de esta nueva técnica en toda una región de España.

 Otra de las cuestiones de las que se dieron cuenta los auditores es de que casi un tercio de los proyectos examinados apenas tenían relación directa con la agricultura y que algunos de ellos se centraban en ámbitos como la transformación industrial de productos alimenticios o en el desarrollo de marcas minoristas. Es el caso de una investigación llevada a cabo en Polonia, que se centró en la producción de mantequilla y solo contribuyó modestamente a la sostenibilidad económica de los productores de leche locales, y de otro ejecutado en España que solo perseguía reforzar la marca de una cadena de supermercados.

 El informe también deja claro que más de la mitad de los proyectos no lograron generar innovaciones satisfactorias y, en muchos casos, no produjeron resultados prácticos, abarcaron necesidades muy específicas o beneficiaban principalmente a particulares. Además, se detectaron casos de fondos utilizados para respaldar inversiones que podrían haberse llevado a cabo de todos modos y que no aportaban beneficios claros al resto del sector.

 La difusión de resultados fue, según los auditores, una oportunidad desaprovechada y solo alrededor de la mitad de los proyectos estudiados difundió los conocimientos generados. Es más, solo en seis de los dieciocho proyectos que obtuvieron resultados útiles se logró una adopción amplia de sus innovaciones. «Los Estados miembros rara vez promovieron innovaciones prometedoras en el ámbito local y entre los agricultores, a pesar de que la PAC permitía que los fondos se utilizaran para formación y asesoramiento», aseguran desde el Tribunal. Constataron, además, que se desaprovecharon las sinergias con la financiación de la investigación y la innovación de la UE, pues ninguno de los setenta proyectos examinados utilizó recursos de Horizonte 2020, pese a que se asignaron más de 1.500 millones de euros a la investigación agrícola y forestal para el período 2014-2020. 

La importancia de esta auditoría viene dada porque la AEI-AGRI está considerada un instrumento estratégico clave de la Unión Europea para impulsar la innovación tecnológica, crear servicios para las comunidades rurales, promover buenas prácticas agronómicas y fomentar el desarrollo. Y la innovación está cobrando cada vez más importancia en la PAC actual. Por eso la Comisión Europea se ha comprometido a seguir apoyando a esta entidad como «piedra angular» de los sistemas de conocimiento e innovación agrícola, concluyen desde el Tribunal de Cuentas.