Del huerto ecológico de Inditex al pan compostelano que triunfa en España

La revolución verde se hace un hueco en las huertas de Galicia

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A Coruña

El negocio va para arriba. Bárbara Rivera casi ha duplicado los metros de su invernadero. Antes eran 1.100 y ahora suma 2.000. Además, tiene una hectárea al aire libre certificada dentro del Consello Regulador de Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega). «El consumidor valora su sabor. No hay color cuando comes un tomate en crudo manipulado genéticamente y otro en el que se han respetado sus ciclos y no se usaron pesticidas. Pero, la crisis afecta y estos productos son más caros», asegura esta joven agricultora de Neda, muy cerca de Ferrol.

En su casa siempre hubo un huerto para el autoconsumo. Bárbara le dio un giro. Cultiva desde rúcula a lechugas, acelgas, calabacines o berenjenas reconocidas con el sello del Craega, con sede en Monforte de Lemos. Vende en su local, Agronuquel, y también en puestos en las plazas. «Desde hace un año, también surtimos a la cadena de supermercados Gadisa. Otro de nuestros clientes es Inditex. Cada semana hacemos un envío para su comedor en Arteixo. Depende del menú, ahora nos están comprando la rúcula, de temporada», cuenta Bárbara. 

La conciencia medioambiental está llegando a los estómagos. Los alimentos libres de pesticidas son una exigencia minoritaria todavía, pero el aumento de su consumo es constante. Además de los índices de ventas, la producción agrícola es el mejor termómetro para medir su éxito. En nuestra comunidad, el Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica de Galicia ( Craega), bajo el paraguas de la Consellería do Medio Rural, es la única autoridad de control para garantizar si un alimento es o no ecológico. Se puso en marcha en 1997 con solo 11 operadores. Hoy son 1.076 los inscritos. Un 76 % más que hace cinco años. Un fenómeno verde en el que A Coruña no es una excepción.

Agronuquel es la marca con la que vende Bárbara.
Agronuquel es la marca con la que vende Bárbara.

A la cola de Galicia

Aunque la provincia noroeste está a la cola si la comparamos con sus tres hermanas gallegas, aquí solo están el 10 % de las hectáreas certificadas por el Craega, es decir, 3.081 de las 31.916 totales, la tendencia de los últimos años apunta a un nuevo patrón. «Con tres núcleos urbáns de peso, A Coruña, Ferrol e Santiago, é a provincia máis poboada da comunidade e, polo tanto, a que menos superficie destina á agricultura ecolóxica. Porén, pouco a pouco, vai gañando protagonismo. No 2017 foi a segunda provincia que máis medrou con respecto ao exercicio anterior, un 25,47 %. Isto débese ao peso que, paulatinamente, van adquirindo os cultivos de hortalizas, pastos e millo forraxeiro», destaca Elva Otero, del Craega.

En ventas, A Coruña es la segunda que anotó en el 2017 un mejor resultado en cuanto a su expansión. Crecieron un 44 %, pasando de los 7.249.033 euros facturados en el 2016 a los casi diez millones y medio en el 2017. Aun así, las ventas suponen el 18 % del montante total de Galicia, frente al 37 % de Lugo o al 31 % de Pontevedra.

La mitad de la despensa

«É neste territorio onde se atopa máis da metade da horta galega: a provincia da Coruña suma 98 hectáreas dedicadas a hortalizas, o 55 % de Galicia», subrayan desde el Craega. La agricultura ecológica es, también, una posibilidad para relanzar el sector primario y frenar, al mismo tiempo, la huida de la población a las ciudades con el consiguiente abandono del rural.

«A agricultura ecolóxica mantén unha tendencia positiva e medra ano tras ano. É máis, nin sequera durante a crise deixou de medrar», resalta Otero, del área de promoción del Craega. Subraya otro dato como ejemplo de la consolidación de lo bio: «A sociedade está cada vez máis concienciada do que come. Segundo o último barómetro do Consello, o eco forma parte do menú diario dun 15,2 % dos enquisados, un 8,8 % máis que en 2014».

Un negocio de 80 millones

«Segundo os datos provisionais, o 2018 pecharase cunha facturación próxima aos 80 millóns de euros na comunidade, 35,5 puntos máis que o exercicio precedente. A superficie certificada incrementouse un 15 % e a suma de operadores un 13 %», adelanta Otero, que recuerda: «O selo é a única garantía oficial de que un produto procede dunha finca ou industria sometida aos controis e inspeccións ditados desde a UE». En Galicia, el producto certificado de origen animal representa el 54,66 % de las ventas.

No más nutritivo, sí más rico

Aunque según los estudios científicos los alimentos sin químicos no son ni más nutritivos ni más sanos, el sabor y el valor del kilómetro cero como potenciador de lo local son para los productores su principal baza. «Nin caseiro, nin da horta, nin natural. O único apelativo que avala un produto ecolóxico é o certificado que garante que cumpre coa normativa europea», defienden desde Craega. Desde el organismo inciden: «É a base dun modelo saudable de alimentación, pero tamén un motor de desenvolvemento para o noso rural».

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La agricultura y las algas, los dos sectores en los que sobresale la esquina noroeste

Carnes y derivados, cereales, frutas, hortalizas, lácteos, huevos, piensos, tubérculos... Desde Ferrolterra hasta A Costa da Morte, las huertas ecológicas de la provincia tocan muchos sectores, aunque es en uno en el que destacan. Como sucede con la provincia atlántica del sur, Pontevedra, aquí se concentra la producción relacionada con la acuicultura y recogida de algas. Entre ambas suman 43 empresas relacionadas con este segmento de actividad. Mientras, Lugo y Ourense sobresalen en producción animal y vegetal.

Más de 200 empresas

A día de hoy, en A Coruña, son 15 las empresas dadas de alta en el Craega vinculadas con la extracción y procesamiento de productos marinos. La producción vegetal sigue siendo, con todo, la más importante con 95 de las 219 altas de la provincia. En el tercer puesto, están las 56 industrias y comercializadoras dotadas con el sello eco y, en el cuarto, la producción animal, con 53 firmas. 

«Unha intolerancia alimentaria no seo da nosa familia levounos a probar novos cereais. Desde o 2008 a panadaría Divina está no selo regulador do Craega. Os comezos non foron fáciles, agora a xente xa busca o selo que garante que as fariñas dos nosos pans non están manipuladas. Veñen como saen da terra, sen aditivos nin mellorantes panarios. Vendemos na nosa panadaría na praza de abastos de Santiago e tamén repartimos en toda Galicia, no País Vasco e en cidades como Madrid, Barcelona ou Alicante», explica Eladio Pazos Brea, de la panadería Divina, en Compostela. 

Es la tercera generación de una saga de panaderos. Los panes de espelta, sarraceno, kamut y avena son su especialidad. «As fariñas, case todas veñen de Albacete, Asturias e Málaga. O campesiño galego ten que tomar conciencia e apostar pola calidade, máis que pola cantidade», defiende Eladio. «A barra é máis cara. O medio quilo dunha bola de espelta está nos 3,75 euros», comenta. 

«En canto ás explotacións, o futuro vai ir en dúas liñas: haberá cada vez máis e máis especializadas», vaticinan desde el Craega. El mercado de los productos ecológicos goza de buena salud: «Durante o 2017, os consumidores gastaron cada día cinco millóns de euros en alimentación ecolóxica en España», concluye otro de los informes del Consello.

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