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Un estudio revela la importancia de los numerosos apiarios de la Costa da Morte

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

SOMOS AGRO

X. Ameixeiras

Los investigadores analizaron 1.243 lacenas en catorce municipios de la zona

14 may 2021 . Actualizado a las 11:34 h.

Las alvarizas o abellarizas fueron un recurso crucial de la economía de diversos municipios de la Costa da Morte durante siglos, después fueron desapareciendo, y últimamente recobran protagonismo gracias a los trabajos de los expertos. Por ejemplo, Apatrigal, con su directiva Carme Toba, y especialmente con el estudio de investigación de Xesús García Devesa, de Sardiñeiro, David García San León y el antropólogo muxián Manuel Vilar Álvarez, director del Museo do Pobo Galego, titulado Apiarios na Costa da Morte: as lacenas.

Se trata de un análisis, publicado en la revista Adra, fruto de la observación directa durante diez años (del 2009 al 2018) en catorce municipios de la zona. La mayoría fueron localizadas en visitas directas tras caminar o conversar con vecinos de núcleos cercanos, pero también hubo casos de encontrarlas por casualidad en rutas de senderismo, o de localizaciones a través de Google Maps. Fruto de unos y otros métodos, el resultado es la documentación de 1.243 lacenas en 670 soportes en esos catorce municipios estudiados. La mayor concentración, en Dumbría, con 288, y la menor, en Malpica, con tres. En medio, una gran variedad, desde las 261 de Muxía y las 197 de Vimianzo, a las siete de Ponteceso y las diez de Corcubión.

Explican los autores del estudio que estas construcciones ligadas a la apicultura, semejantes a las que se conservan en el resto de Europa occidental, «posúen algunhas singularidades merecedoras de máis aprecio e recoñecemento. Desafortunadamente -añaden- a ignorancia, o deixamento, a dinámica da natureza ou a modernización do substrato en que se atopan están provocando a súa desaparición». En este trabajo de campo pudieron distinguir ocho variedades en función de la morfología y el espacio.

Señalan que las abejas se pueden tener dos maneras, en colmenas mudables o fijas. Las primeras, más manejables para el mantenimiento y el castrado, pero menos seguras contra la predación, y las segundas, menos fáciles de usar, pero más protegidas. Con este punto de partida, la clasificación se va extendiendo mucho más en función del tipo de paredes (con nichos, por ejemplo), de si son recintos abiertos o no, de la cubierta, de si se trata de un uso apícola exclusivo o compartido... Todo un mundo en una práctica antes tan común casi en cada lugar, y hoy desconocida para la gran mayoría.

Los investigadores concluyen: «Aínda que o número de lacenas estudadas sexa suficiente como mostraxe, ten que haber moitas máis e queda moito por investigar. Descoñecemos por que abundan no occidente galego e non existen nas comarcas orientais, ou se as ornamentacións das frontes e pousadoiros posúen algunha outra intención amais da estética. Nos dez anos que durou o traballo de campo non só vimos a desaparición material de lacenas, pola degradación ou transformación dos soportes, senón tamén como as imos esquecendo».