La célula de Ferrel, donde habita el coronavirus

No es casualidad que el impacto del virus que afecta a todo el planeta se concentre entre las latitudes 30 y 60 grados norte


El Sol no calienta toda la Tierra con la misma intensidad. La inclinación del eje de rotación terrestre produce que la radiación solar sea más fuerte en el ecuador. El planeta, que busca constantemente compensar este desequilibrio, pone en marcha corrientes de aire que se encargan de desplazar el calor y el frío allí donde escasean. 

La búsqueda del equilibrio arranca en la latitud cero, donde el aire cálido, que pesa menos que el gélido, tiende a subir. Cuando alcanza una determinada altura se mueve hacia el hemisferio boreal y austral. Durante su viaje por las capas altas de la atmósfera, el aire se enfría lo suficiente como para ganar peso y caer otra vez hacia la superficie. Esto ocurre a unos 30 grados de latitud en cada uno de los hemisferios. Ahí están los cinturones de anticiclones como el de las Azores, que en el hemisferio norte cierra la conocida como célula de Hadley.

En las regiones polares ocurre algo muy parecido. Debido a la escasa radiación solar, al aire frío y pesado se desplaza desde el extremo norte hacia el sur pegado a la superficie. Durante el descenso poco a poco va ganado temperatura hasta que acaba subiendo y cerrando la célula polar, que hay entre los 60 y los 90 grados.

Y entre los 30 y 60 grados latitud norte se encuentra la célula de Ferrel, que tiene un origen diferente. Existe para ayudar a enlazar la célula que está por encima y debajo, la polar y la de Hadley. Actúa igual que lo haría una rueda girando entre dos que están engranadas a un motor. La rueda intermedia avanzaría por el movimiento de las otras dos. 

Galicia habita en las latitudes medias del hemisferio norte, dentro de la Célula de Ferrel, que por sus características tiene influencias importantes en nuestra meteorología. Por ejemplo, para tratar de saber qué tiempo habrá en Galicia, los meteorólogos siempre están observando el Atlántico, donde se cocinan los ingredientes atmosféricos que llegarán a corto y medio plazo impulsados por el vientos del oeste. Esta dirección es una consecuencia del llamado efecto Coriolis.

A 30 grados el aire que cae hacia el sur gira hacia la derecha por efecto de la rotación terrestre y toma una componente este, dando lugar a los vientos alisios, pero el aire que se dirige hacia el norte y que se desplaza a la derecha toma una componente oeste, la dirección de la circulación general de la atmósfera en nuestras latitudes. Por ello, siempre se fija la atención en nuestro vecino océano para tratar de anticipar las condiciones meteorológicas. Esto también explica por qué un avión puede ahorrar tiempo y combustible en un viaje de Nueva York a Londres, pero no al revés

En la Célula de Ferrel existen cuatro estaciones, al contrario que en el ecuador y los polos. En los extremos del mundo hay seis meses de luz y otros tanto de oscuridad y en las zonas ecuatoriales y tropicales dos períodos: uno seco y otro húmedo. Dentro de la célula de Ferrel la riqueza climática es mucho mayor y son climas subtropicales y templados. Precisamente por ello, el 80 por ciento de la población mundial vive aquí: los habitantes de casi toda Europa, Estados Unidos, la mitad de Rusia, y la gran parte de China. Es también donde se está desarrollando y más daño está causando el coronavirus. El mapa mundial que muestra su distribución permite observar cómo su impacto se concentra entre las latitudes 30 y 60 norte. Aquí el virus encuentra un clima poco hostil para su supervivencia, un ambiente adecuado para la propagación y muchos seres humanos.  

Este es el único lugar de la Tierra sin coronavirus

Xavier Fonseca
Un grupo de turistas se bañan en la isla antártica de Decepción
Un grupo de turistas se bañan en la isla antártica de Decepción

Un sistema de corrientes mantiene aislado a una región del planeta frente al virus que atemoriza a la población mundial

La Antártida sigue siendo el único lugar de la Tierra que resiste al coronavirus. El motivo es el mismo que explica por qué hay tan poca fauna y flora: la corriente circumpolar. «A lo largo de la historia del planeta los continentes se han ido moviendo y cambiando de latitudes mientras el clima les ha ido afectando de diferente manera. La particularidad de la Antártida es que la deriva la ha colocado en el Polo Sur», apunta Javier Hernández paleoclimatólogo de la Universidad de Londres.

Cuando la Antártida se instaló en el extremo sur hace unos noventa millones de años, su clima era todavía cálido y la vegetación mucho más abundante. «Por entonces había bosques como los que hoy encontramos en la Patagonia», apunta Hernández. En la actualidad, sin embargo, es el mayor desierto del mundo y solo hay musgos, líquenes, algunas aves y mamíferos marinos. 

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