Huawei cierra el círculo para liderar el mundo

El sistema operativo creado para sus «smartphones» y tabletas podría estar listo en otoño. La batalla por el 5G y la hegemonía global recrudecen la pelea entre China y EE. UU.


Redacción / La Voz

En Occidente es, desde hace tiempo, el libro de cámara de numerosas escuelas de negocios. Pero en China es mucho más que eso. Un icono cultural, un tratado que sintetiza una forma de pensar y existir. El arte de la guerra ha legado a la modernidad incontables pensamientos aplicables a un sinfín de campos. Como ese que dice que «los guerreros victoriosos primero ganan y después van a la guerra». Un aforismo que seguramente sintetiza la posición que Huawei ha adoptado en el conflicto con Estados Unidos y el veto de Google a sus smartphones y tabletas. Primero vencer, que en este caso no sería otra cosa que poner a salvo el funcionamiento de sus dispositivos. Después llegará la hora ir a la contienda.

 Solo así se puede explicar que el segundo fabricante mundial de teléfonos inteligentes tenga ya a punto de caramelo un sistema operativo propio, que reemplazará a Android y que previsiblemente aterrizará en el mercado el próximo otoño. Diseñar una herramienta de estas características lleva tiempo, mucho tiempo, dada su complejidad técnica, por lo que ningún analista duda de que Huawei lleva años trabajando en ella. Desde el 2012, insinuó la propia compañía hace unos días.

Contar con este sistema operativo podría romper el control norteamericano en este campo, habida cuenta de que los hegemónicos en la actualidad, Android (Google) e iOS (Apple), son de factura estadounidense. Para China, disponer de un diseño propio sería algo así como cerrar el círculo si lograse consolidarlo en los mercados internacionales. Es lo que piensa Enrique Dans, profesor de Innovación del IE Business School: «Con su capacidad de innovación y su fuerza de ventas, Huawei podría permitirse salir al mercado con sus propios estándares, que si además fueran adoptados por otros fabricantes chinos, podrían robar la hegemonía tecnológica a Estados Unidos, que es por lo que Trump está peleando».

A la espera de conocer el nombre comercial del sistema, en primera instancia se especuló con HongMeng OS (algo así como el comienzo en mandarín), aunque la opción final podría ser Ark OS, la herramienta tiene importantes retos por delante. Como ofrecer soluciones efectivas a los usuarios en ámbitos como el del correo electrónico, los sistemas de geolocalización (Apple sudó lo suyo en su momento para ofrecer un paquete de mapas solvente) o los servicios en nube tipo Drive. Los clientes de Huawei están muy habituados a las aplicaciones de Google, por lo que difícilmente aceptarían prestaciones distintas de las que reciben actualmente, de ahí que esta podría acabar convertida en una carrera de fondo más que en una de velocidad.

Una carrera en la que jugará un papel clave uno de los puntos centrales de esta controversia, y que aceleró precisamente el veto de Estados Unidos: las sospechas de espionaje. «El debate alrededor de la creación de este sistema operativo es más delicado -apunta Amparo Alonso Betanzos, presidenta de la Sociedad Española de Inteligencia Artificial-. Se trata de saber quién te espía, si Estados Unidos o China; a mí no me gusta que lo haga nadie, pero casi prefiero que lo hagan los primeros si es inevitable».

La catedrática del Área de Computación de la Universidade da Coruña advierte de que este es un asunto muy sensible porque desde Europa se está defendiendo un modelo de inteligencia artificial (clave en desarrollos como los sistemas operativos) más ético, más respetuoso con los derechos de los usuarios. «Europa -argumenta- reclama un examen más riguroso de quién controla mis datos, qué se hace con ellos... Si todos estos datos acaban en un OS chino, ¿van a respetar todas estas cuestiones? No lo tengo claro».

Así las cosas, la polémica entre Huawei y Google es un paso más en una disputa de mayor envergadura: la batalla por la hegemonía global que mantienen Estados Unidos y China. Carlos Siota, profesor de Estrategia Empresarial de la European Business Factory, sostiene que los avances del gigante asiático en el desarrollo de la tecnología 5G (progresos en los que Huawei se destaca por encima del resto de competidores a nivel mundial, según los analistas) explican en parte las posiciones del Gobierno estadounidense. «El 5G va a ser decisivo para la cuarta revolución industrial y en este campo China lleva dos o tres años de ventaja, lo cual es un mundo cuando hablamos de tecnología. La decisión de Trump hay que entenderla en este sentido, porque Huawei es China, todas las multinacionales chinas son una extensión del Estado en realidad, y quien posea el liderazgo en esta materia tendrá el liderazgo en las próximas décadas», concluye.

«Es probable que necesite bajar sus precios»

M. Blanco

Julio Hernández-Castro, profesor de Seguridad Computacional en la Universidad de Kent, es una autoridad en materia de ciberseguridad. Actualmente cuenta con una beca de Huawei para un proyecto de investigación, pese a lo cual se muestra muy claro y conciso al analizar lo ocurrido con el veto de Google a los móviles de la compañía china.

-¿Cree que el nuevo sistema operativo de Huawei será competitivo? Me refiero a si podrá incorporar soluciones de geolocalización, correo... que sean técnicamente solventes.

-Hay una gran diferencia técnica entre conseguir una buena solución de correo y una buena de mapas. En este último caso, vimos cómo incluso un gigante de la talla de Apple tuvo muchas dificultades en el pasado. El correo es mucho más sencillo. El problema es que si fuera ellos yo intentaría hacerlo compatible con Android para no perder los millones de aplicaciones que existen ya y a las que sus usuarios estarán acostumbrados. Huawei sobrevivirá a este desafío si invierte muchos recursos en poco tiempo y consigue una transición relativamente suave. Esto será caro, porque supondrá una gran inversión en desarrollo del sistema operativo y en seguridad, y probablemente necesiten bajar precios para hacer sus teléfonos aún más atractivos. Todo esto aplica, por supuesto, en un mercado libre en el que el consumidor compra lo que considera es la mejor oferta. Pero China (y EE. UU.) están dejando de serlo y puede que decidan solucionar este problema simplemente subiendo los aranceles a los teléfonos de importación hasta convertirlos en inaccesibles.

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