Esos pequeños componentes que sujetan una industria

Empresas que hacen tornillos antivibratorios, botones, cintas, anzuelos, tapones o ferreñas son fundamentales para surtir a sectores estratégicos de la economía gallega como el naval, el textil, la pesca o el vitivinícola


Redacción / La Voz

Hace poco más de seis años, la producción del Grupo PSA Peugeot Citröen quedó colapsada en toda Europa. La culpa fue de un pequeño componente de escaso valor añadido, pero fundamental para la construcción de una veintena de modelos de este gigante de la automoción. Un problema en la puesta en marcha de un nuevo centro logístico en Francia de la empresa proveedora italiana que entonces fabricaba para el grupo unas 23 referencias de esa pequeña pieza ideada por Arquímedes, dejó desabastecido el mercado. Hasta la planta que el grupo tiene en Vigo tuvo que parar. Ese es solo un ejemplo de la importancia que, más allá de su sofisticación, tienen artículos tan comunes como una tuerca para el correcto funcionamiento de los grandes sectores que mueven la economía gallega. Desde un tornillo común fabricado por un proveedor extranjero -desde el Clúster de la Automoción apuntan que en Galicia no tienen conocimiento de empresas que los hagan porque la industria gallega de componentes hace suministros de mayor valor añadido- que es usado para ensamblar determinadas partes de un modelo de coche o de un avión, hasta los anzuelos que, desde Ribeira, alimentan el sector de la pesca de palangre en todos los países con litoral.

El listado de ejemplos es amplio. Abarca desde pequeñas sociedades limitadas dedicadas a hacer a medida componentes de goma como Manufacturas de Caucho JPD, en Bergondo, a empresas familiares que han ido pasando de padres a hijos los secretos de cómo hacer corchos para los caldos elaborados en Galicia o Asturias.

Hasta sectores tan punteros, donde prima la tecnología y el I+D, como el aeronáutico han de echar mano de esos pequeños suministros.

No por su tamaño descuidan la calidad. Al contrario. Es fundamental y su fabricación está sometida a estrictas auditorías. «Por ejemplo, cada tornillo (los hay de muchos tipos diferentes) que usan en aeronáutica pasa unos grandes controles. Ahí no puede haber nunca ningún fallo», dice el director del grupo de Mecánica de Estructuras de la Escuela de Ingenieros de Caminos de la UDC, Santiago Hernández. Porque son piezas que han de aguantar la vibración, la fuerza.... No vale cualquier cosa.

La calidad es precisamente el arma que las empresas proveedoras usan para competir frente a los productos que llegan de otros mercados con una potente y económicamente competitiva industria manufacturera como China. De hecho, sus fábricas comienzan a prestar los servicios a la carta de los pequeños clientes aceptando pedidos pequeños a través de Internet previo pago por Internet con tarjeta. Eso es también un hándicap para los proveedores locales que no ofrecen calidad.

Porque la buena fama cuenta, y mucho, cuando un sector no quiere jugársela. Es lo que ha impulsado, por ejemplo, al mercado internacional a los anzuelos hechos en Ribeira. «Tenemos aparatos para fabricarlos que solo hacen una parte muy concreta del anzuelo», apuntan desde la empresa.

Además, resulta habitual que cuando alguien del sector busca un proveedor de un componente, vaya a buscarlo allí donde está la industria. «Nosotros las piezas con las que hacemos el calzado vamos a buscarlas a Felgueira de Foz, en Portugal, porque podemos volver el mismo día. No hay que ir a Elche. Los pisos los traemos de Toledo, los contrafuertes de Zaragoza. Antes había cuero en Monforte, había una industria fuerte, pero ahora hay que buscarse la vida», apuntan desde la fábrica de calzado ourensana Vira.

Mientras las factorías gallegas que hacen calzado han de surtirse fuera de la comunidad, el textil puede elegir. La industria auxiliar de este último sector cuenta con importantes fábricas en la comunidad que hacen desde botonaduras a borlas o cinturones. Los botones que fabrica Hisla, en el concello pontevedrés de Mos, o los complementos que hace Cintugal, en el parque tecnológico de Valladares, en Vigo, son un ejemplo. «Hacemos complementos para la industria de la moda. Nuestros adornos son para poner sobre la prenda aportándole valor añadido», explica el gerente de Cintugal, Rogelio Rodríguez Campos. Como proveedor de Inditex, entre otras muchas marcas, «en nuestro muestrario tenemos desde cinturones hasta cordones, borlas, pompones, apliques... Ahora estamos preparando la colección primavera-verano 2019», añade. Y depende de la tendencia, de sus talleres saldrá más un producto u otro. Una cazadora, por ejemplo, puede comprarse lisa o con unas tachuelas. Ese complemento, uno de los productos que fabrican, le aporta un toque a la prenda. «Marcan su personalidad», dice.

Además, realizan complementos a demanda. No son los únicos. Ocurre también en el sector del caucho, la carpintería de metal...

«Somos a única empresa que fabrica corchos en Galicia»

María Cedrón

Fue el padre de Francisco Almeida el que en 1966 cruzó la frontera entre España y Portugal para asentarse en Ribadavia

Fue el padre de Francisco Almeida el que en 1966 cruzó la frontera entre España y Portugal para asentarse en Ribadavia. Había nacido a unos 75 kilómetros al sur de Oporto, en una zona de una larga tradición en la fabricación de corchos. Por eso, no lo dudó e instaló en ese concello de Ourense una fábrica de lo que mejor sabía hacer: corchos para las botellas del vino o para envasar licor. Desde entonces ha habido tiempos buenos, otros regulares, pero ha sabido sostenerse para seguir surtiendo al mercado más de cincuenta años después. Ahora es su hijo el que pilota esta empresa. «Somos a única en Galicia dedicada a un produto fundamental para o sector vitivinícola», apunta. En un momento en el que ha de luchar con la competencia del desembarco del material sintético para hacer tapones, mantiene el nivel, sobre todo, con pedidos de la propia comunidad. «A maioría dos nosos clientes son de Galicia, O Bierzo e Asturias», apunta Francisco, que recuerda que su mayor competidor es la industria de Portugal. «En torno a un 70 % do consumo mundial de corcho natural procede duns pobos que hai a uns 75 kilómetros ao sur do Porto, onde hai unhas duascentas fábricas. Contra iso non podes loitar, porque calquera que queira mercar doutro continente colle un avión a Porto e logo baixa ata alí no coche. Ten todo», indica.

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«Mandamos ferreñas a todo o mundo. Chegan ata a Taiwán»

María Cedrón

No hay lugar en el mundo al que no puedan llegar sus ferreñas, esas pequeñas piezas metálicas capaces de hacer sonar una pandereta. El Obradoiro J R, en Carballo, las hace, al igual que realiza los clavos que las unen a la madera u otros muchos componentes que resultan imprescindibles para la confección de instrumentos tradicionales, tanto gallegos como del resto de la Península. «Levo 25 anos facendo isto, pero foi meu pai o que empezou hai uns 35 anos xa coas palletas para as gaitas. Era torneiro mecánico. Despois fumos aumentando o número de instrumentos, facemos un pouco de todo agora», explica Luis Rodríguez, responsable de esta empresa que exporta «a todo o mundo. As nosas ferreñas van ata Taiwán». ¿Cómo? Engarzadas en las panderetas que salen también del taller de Carballo. Porque aunque la lógica que imprime el ahorro de costes de producción invite a pensar que esos pequeños componentes podrían adquirirlos en estados del entorno de Taiwán, ellos no lo hacen. Los fabrican en Carballo. Con mucho amor. No hay duda de que, unos y otros, no suenan igual. «O que facemos é mercar o material de oxalato e a partir de aí facemos tiras, redondeámolas e usamos o troquel ata darlle a forma axeitada para lograr o mellor son», dice. Pero no es la única pieza que fabrican. También hacen las puntas que las fijan a la madera. Por no hablar de las partes del instrumento que es su especialidad, la gaita. Lo único que no hacen de ella es la palleta, pero construyen llaves de cierre para controlar el paso del aire e incluso han patentado «unha prima final para lograr con ela facer un bordón multitono para o roncón e a ronqueta».

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Tornillos antivibratorios que van desde Betanzos a Australia

María Cedrón

Hay algo que resulta fundamental para construir las fragatas que el Ministerio de Defensa de Australia encargó a Navantia. Son unos tornillos que están recubiertos de goma para evitar las vibraciones. Ese pequeño, pero fundamental, componente viaja desde Betanzos hasta la otra parte del planeta. Lo hace porque es una de las múltiples piezas que fabrica Manufacturas del Caucho JPD, una empresa que nació en 1960 ligada al sector naval y, luego, con el paso del tiempo empezó a fabricar para el sector industrial en general. Ahora ese barco lo pilota Iván Pérez, la tercera generación de una familia que desde hace más de cincuenta años realiza artículos de goma a la medida de lo que demanda el cliente. La especialización es su arma fundamental para poder adaptarse a una demanda tan peculiar. Porque en su factoría, ubicada junto a la Nacional VI, hacen también partes de máquinas fundamentales para el sector agrícola, la minería... «Imagina que una empresa trabaja con una máquina alemana que tiene veinte años. Un día se le estropea una parte, pero a lo mejor ya no hay el recambio en el mercado. Pues podemos hacerlo», explica Iván. Este año, dice, «hemos hecho muchas estrellas para las máquinas deshojadoras de maíz, rodillos de goma...» Además, hacen retenes para los ejes de cola, cojinetes para arbotante, membranas, manguitos de goma, rodillos para las empresas de tableros para que puedan transportar la madera... Incluso, añade también, «por mediación de otra empresa de electricidad realizamos el vulcanizado de caucho de las guirnaldas del alumbrado de gala de fragatas, como fue el del buque escuela peruano La Unión».

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«El 80 % de los anzuelos que hacemos los exportamos»

María Cedrón

Es más que evidente que no hay mayor referente en la pesca del palangre que un anzuelo. Gracias a un pequeño instrumento el marinero pesca lo que quiere pescar. Eso es algo de lo que se dio cuenta hace ya más de 35 años Ricardo Pérez, fundador de A Poutada, la única factoría de España dedicada a la fabricación de este pequeño e indispensable aparejo que envían a todo el mundo desde Ribeira. Cada día salen de la factoría más de 500. «El 80 % de lo que fabricamos, lo exportamos a países de todo el mundo. Desde Chile a Perú, Canadá, EE.UU., Sudáfrica, Namibia, Marruecos, Angola, Grecia, Francia, Turquía... Todos los estados con litoral», apunta Francisco Pérez, administrador del grupo e hijo de Ricardo. Este gigante del mundo de los anzuelos, que en poco más de tres décadas ha logrado colocarse al nivel de la centenaria empresa noruega Mustaf, nació del afán emprendedor de una familia dedicada al comercio de efectos navales para la reputada flota del palangre de Ribeira y Aguiño.

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