El Alentejo, ese gran desconocido

De los icónicos acantilados de su litoral a la planicie infinita del sur o a las altas tierras de Portoalegre. La región del Alentejo es tan variada como fascinante. No podían, por tanto, serlo menos sus vinos. Unos vinos que dejan atrás estigmas de antaño para ofrecerse al mundo renovados en su concepto y revestidos de modernidad. Va siendo hora de descubrirlos


Escribe José Saramago en Levantado del suelo, el libro que dedicó a las tierras y a las gentes del Alentejo, que «lo que más hay en la tierra es paisaje». Por mucho que falte del resto, añade el escritor luso, «paisaje ha sobrado siempre». Y en poco sitios el paisaje determina la vida, la historia, la cultura y la economía de sus moradores como en esta región del sur de Portugal.

Dejándonos guiar de nuevo por Saramago, el Alentejo «es una tierra grande, si comparamos, primero corcovada, algo de agua de ribera, que la del cielo tanto puede faltar como sobrar, y hacia el sur se desmaya en tierra plana, lisa como la palma de una mano, aunque muchas de estas, por designio de la vida, tienden a cerrarse con el tiempo, hechas al mango de la azada y de la hoz o de la guadaña».

Tales condiciones, unidas a un clima en el que «hay días tan duros como su frío y otros en que no se sabe de aire para tanto calor», han propiciado que el viñedo, junto el olivo, el cereal y el alcornoque, sean los cultivos que tradicionalmente se han adueñado de estas tierras.

En el caso del vino, evidencias arqueológicas constatan la presencia ininterrumpida de la cultura del vino y la vid en el tranquilo paisaje alentejano desde la época de los tartesos. Después llegarían los fenicios, los griegos y finalmente los romanos, definitivos impulsores de la viticultura y a quienes la región debe uno de sus símbolos, las talhas, enormes vasijas de arcilla, utilizadas tanto para la fermentación como para el almacenamiento, que pueden albergan 2.000 litros de vino. Pero centrémonos en la edad contemporánea, también llena de sobresaltos y convulsiones para el desarrollo de la cultura y el negocio vitivinícola. El Alentejo, tierra de enormes latifundios, fue en el siglo XX el principal productor de vino de Portugal. Si bien sus grandes cooperativas nunca se preocuparon en exceso de procurar la excelencia. Tras la Revolución de los Claveles (1974) muchos de esos latifundios fueron expropiados y enormes viñedos quedaron en situación de abandono. Hasta que la bonanza de los 90 provocó que exitosos empresarios lisboetas fijaran de nuevo su mirada en la industria del vino alentejano. Y con ellos llegaron también otros más jóvenes que impulsaron nuevos proyectos y bodegas que rompían con la imagen y el estigma de los vinos de la región.

Así, hoy en el Alentejo, conviven bodegas tradicionales de corte familiar con otras rotundamente innovadoras que reproducen con notable éxito y reconocimiento los nuevos modelos de viticultura y de acceso al mercado del vino.

Así lo reconoce Tiago Caravana, director de marketing de la Comissão Vitivinícola Regional Alentejana (CVRA). «En estos momentos el Alentejo es una región super dinámica en la que se trabaja desde varios frentes». Subraya Tiago Caravana el hecho de que los productores estén «investigando y haciendo un extraordinario trabajo con nuevas variedades de uva».

Una de las consecuencias de esa renovación es el muy perceptible cambio en el perfil de los vinos de la región. Los alentejos ya no son solo aquellos tintos áridos y poderosos de tremenda carga alcohólica, muchas veces por encima de los 15 grados. «Cada vez tenemos vinos más elegantes y más frescos», señala el técnico del CVRA.

Prueba de la aceptación de los actuales vinos alentejanos son los muchos reconocimientos que les están llegando. Nacionales e internacionales. En la edición del 2019 del concurso de vino de Portugal, un vino alentejano, el Grande Rojo, se llevó el premio al mejor tinto varietal. Los vinos de la región fueron además merecedores de 8 grandes medallas y 19 medallas de oro.

Pero no solo son los vinos quienes reciben reconocimientos. Desde el 2014 el Alentejo ha recibido nueve distinciones sucesivas como destino enoturístico. La última en noviembre del año pasado cuando la revista Condé Nast Traveler incluyó al Alentejo como una de las seis mejores regiones vinícolas del mundo para visitar en 2020.

Otro de los factores que ha propiciado este nuevo estatus de los vinos del Alentejo ha sido el cambio de mentalidad de muchas bodegas, que han dejado de primar la cantidad en favor de la calidad. Aún así los vinos alentejanos siguen siendo los líderes del mercado en Portugal con aproximadamente un 40% de las ventas totales.

También se sigue incrementando la superficie cultivada. Si en 1995 era de 13.500 hectáreas, en el 2005 alcanzaba ya las 21.000 y ahora supera las 25.000. Aun así, lejos de las 100.000 hectáreas de viñedo de las que se tiene registro que existían en el siglo XVIII.

«Se vende poco vino del Alentejo en España, igual que se vende poco vino español en Portugal»

«El reto de los vinos de la región está ahora en la exportación», explica Tiago Caravana. En estos momentos, sus principales mercados exteriores son Brasil, Suiza y Estados Unidos. ¿Y España? ¿Por qué los vinos del Alentejo siguen siendo tan desconocidos en nuestro país?, le pregunto al director de marketing de la CVRA. «Como todos los países productores, España tiene una cultura vinícola muy apegada a sus propios vinos. No vendemos mucho en España como los españoles no venden mucho aquí», apunta.

Renovación INTERIOR Y EXTERIOR

Además de renovarse en su esencia, los vinos del Alentejo también han sufrido en los últimos años una profunda renovación en el exterior. El diseño gráfico y el packaging han acabado con la tradicional estética que acompañaba a estos vinos. Incluso en su denominación. Los clásicos «Herdade de...» y «Quinta de...», están dejando paso a los Aventura o Sen Vergonha, de Susana Esteban. Los Blog o .Com, de Tiago Cavaço. O a los A touriga vai nua o Sexy Sparkling, de Fitapreta.

El círculo de la renovación se completa con la innovación arquitectónica. El Alentejo cuenta con algunas de las bodegas más asombrosas y de diseño más avanzado de toda Europa. Como Herdade do Freixo, cuyo interior recuerda al Guggenheim neoyorquino, la media luna que emerge sobre los viñedos de Tiago Cavaço o Quinta do Quetzal, que integra un centro de arte contemporáneo.

Hay algo profundamente refrescante y liberador en el paisaje del Alentejo. El espacio infinito, la inmensidad de las llanuras onduladas, el cielo azul, amplio e inmaculado, el horizonte infinito... Y la gente. Gente sosegada y orgullosa de su tierra. El paisaje discurre suavemente entre los viñedos y los campos de cereales, alcornoques y olivos, pintado a veces de un verde intenso, a veces de color pajizo, a veces de ocre. Salpicado aquí y allá por el inmaculado blanco de sus pueblos elevados sobre la línea del horizonte. «Un hombre puede andar por aquí la vida entera y no hallarse nunca, si nació perdido», concluye Saramago. Quizá perderse en el Alentejo no sea tan mal destino. 

Susana Esteban (enóloga): «Del Alentejo me fascina que puedes hacer lo que te dé la gana»

CARLOS CRESPO

La mejor enóloga de Portugal es gallega. Así le fue reconocido con el premio que lo acredita. Desde el 2009 produce vinos de factura exquisitamente personal en las tierras altas alentejanas

Nació en Tui, estudió Químicas en Santiago y cursó un máster en Enología en La Rioja. Hizo prácticas en el Douro y en el 99 se instaló allí, para trabajar, primero, en la emblemática Quinta do Couto y, después, en la pionera Quinta do Crasto. En el 2009 dio el salto al Alentejo. «Fue, no te digo empezar de cero pero casi. La mentalidad era completamente diferente», recuerda ahora. Comenzó a trabajar como consultora para cinco bodegas. «Pero enseguida quise poner en marcha mi proyecto personal. Quería hacer algo con más alma». Se pasó dos años buscando parcelas con viñas viejas, con varios tipos de variedades autóctonas y ubicadas en zonas altas, que le proporcionaran frescura. Las encontró en el 2011 en la Sierra de San Mamede, en Portalegre. Fruto de aquella parcela fue el Procura 2011, su primer vino. «Me entusiasmé y ahora tengo 12 porque no mezclo uvas de parcelas distintas. La mezcla de variedades que existe en cada una es la que le da personalidad a mis vinos. Por eso tengo tantas referencias».

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