La madera quemada se pudre en los montes

Ya sea por la falta de recursos de los comuneros, o por la inacción de propietarios particulares, las zonas quemadas siguen aún repletas de troncos negros que son nocivos para el ecosistema


VIGO / LA VOZ

Galicia vivió hace hoy un año la peor oleada de incendios que se recuerda para dejar un triste balance de cuatro fallecidos, 47.000 hectáreas arrasadas e incontables daños materiales en bienes públicos y privados. Una catástrofe que cubrió de humo las cuatro provincias y que aún sigue siendo visible a poco que se recorran los ayuntamientos más afectados. Vigo y el sur de la provincia de Pontevedra, junto con los Ancares de Lugo, concentran las zonas cero de aquel domingo negro, que hoy, pese a haber transcurrido un año de la catástrofe, siguen presentando un aspecto en el que predomina más el negro inerte que el verde natural, tanto si es suelo privado como comunal.

El perímetro de la principal ciudad de Galicia es un ejemplo ilustrativo, pero también municipios como Nigrán, Gondomar, As Neves,  Salvaterra o Arbo. Y es que las superficies afectadas fueron tan vastas que las talas realizadas en los últimos doce meses resultan insuficientes. En el caso de la Mancomunidad de Montes de Vigo se cifra en un 60 % la madera ya retirada, explica su presidente, Uxío González: «Ardeu tanto en tan pouco tempo e hai tanta madeira que sacar de todos eses montes... Sacouse en cantidades, no noso caso quedará un 40 % por retirar, pero nos montes privados está toda, absolutamente toda. Pasa o mesmo en As Neves, en Salceda, están todos igual. Un ano despois os montes deberían estar limpos e desbrozados para empezar a rexenerar, pero nada de nada».

Un año de la ola de incendios: la inolvidable noche de terror para los gallegos El fuego arrasó 50.000 hectáreas y se llevó por delante cuatro vidas

Las comunidades de montes, salvo las que tienen ingresos extra por el arrendamiento de terreno para alguna actividad, suelen caracterizarse por unos recursos más bien escasos. Y los incendios de hace un año supusieron para algunos colectivos la puntilla definitiva, por lo que no tienen fondos para realizar las necesarias talas, y señalan a la Consellería de Medio Rural de ofertar unas ayudas o insuficientes o que no llegan a todos los damnificados. Además, la venta de esta madera no genera los mismos ingresos ahora que antes del 15 de octubre del 2017. «El mercado está saturado, somos muchos queriendo vender madera. Antes de los incendios se vendía la tonelada a un precio que oscilaba entre los 40 y los 45 euros, ahora se vende a 17. Pero cuanto más se tarde en retirar valdrá menos aún, ya que al pudrirse pierde peso», explica Víctor Manuel Vidal, presidente de los comuneros de Chandebrito (Nigrán), una de las parroquias peor paradas hace hoy un año.

En el ámbito municipalista resulta esclarecedor el discurso de Xosé Manuel Rodríguez (BNG), alcalde de As Neves (4.000 hectáreas calcinadas de 6.500 que forman el ayuntamiento): «As propiedades de particulares apenas se tocaron, todo vai a peor. A madeira podrece e iso leva pragas que son nocivas para o medio. Neste contexto de pleno deixamento está o outro gran problema, a expansión descontrolada e natural do eucalipto. Pero ese problema é común polo menos en todo o sur de Pontevedra».

Homenaje a los héroes anónimos en Chandebrito y Baiona

A unas horas de que se cumpliese un año desde que el infierno llegó a Chandebrito en su forma más representada, el fuego, los que lo sufrieron de cerca se reunieron ayer en el mismo lugar para recordar que no se puede volver a repetir. La celebración se desarrolló en el entorno del Bosque da Memoria y fue un homenaje a las dos víctimas y a los héroes anónimos y entidades públicas y privadas que colaboraron durante y después de la tragedia.

En el acto se descubrió una escultura en madera (en la imagen). El Concello de Baiona también rindió ayer homenaje a los vecinos del municipio que colaboraron en la extinción de los incendios y a los pies de la Virgen de la Roca tuvo lugar el acto principal de la jornada, la inauguración de un monumento conmemorativo. 

Mucho por hacer un año después de la tragedia en Portugal

begoña íñiguez

Los incendios en el país vecino dejaron 49 fallecidos, decenas de heridos, más de 60.000 hectáreas quemadas y cientos de desalojados

Arrasaron el centro de Portugal, dejando, por las altas temperaturas, el fuerte viento, la falta de medios y la descoordinación, una estela de destrucción, tristeza y muerte, en varios distritos. A los 49 fallecidos, algunos de ellos tras meses hospitalizados, hay que unir decenas de heridos, más de 60.000 hectáreas quemadas, 10.000 de ellas en el centenario pinar de Leiría, un espacio natural protegido único, que tardará décadas en recuperarse, y cientos de desalojados, en su mayoría ancianos, que perdieron sus casas y todo lo que tenían. Los afectados poco a poco van recuperando la normalidad, aunque algunos esperan todavía por la reconstrucción de su casas y las ayudas prometidas, que tardan más de lo previsto.

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